Días después de la boda religiosa de su hijo Sharif en Jordania, Gabriela Arias Uriburu compartió una profunda reflexión en sus redes sociales, donde habló del cierre de un ciclo personal y familiar que comenzó hace casi tres décadas.
Cabe recordar que en diciembre de 1997, Imad Shabán, su ex marido, decidió llevar a los niños a vivir a Jordania sin el consentimiento de Gabriela. Desde ese momento, la escritora comenzó un largo proceso de revinculación con los pequeños, que duró años.
Junto a una imagen tomada al final de los festejos, en la que se la ve sonriente y visiblemente emocionada, escribió un extenso mensaje en el que repasó el largo camino recorrido desde el conflicto internacional que la separó de sus hijos hasta el presente, marcado por la reconciliación y la paz familiar.
“Aquí estoy, fin de fiesta. El casamiento de Sharif ha concluido, y en mi corazón también concluye una etapa”, comenzó escribiendo.
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La autora y activista definió la boda como mucho más que una celebración. “Han sido años de labor por ellos, por la recuperación de sus vidas, por la reparación de los vínculos y por la posibilidad de que pudieran caminar hacia su propio destino”, expresó.
Y agregó una de las frases más significativas de su publicación: “Fue una noche de celebración y también de cierre. El perdón, la reconciliación y la resiliencia encontraron su mesa. Estamos en paz”.

Un recorrido de casi 29 años
A lo largo del texto, Gabriela recordó el trabajo realizado durante años para reconstruir los vínculos familiares y sanar las heridas que dejó la historia que vivió junto a sus hijos.
“Como mamá tuve que dar vida muchas veces. Y después me tocó volver a darme vida a mí misma”, escribió.
También aseguró que durante los últimos años atravesó un profundo proceso de reparación personal. “Mientras ellos salían al encuentro de sus propias vidas, me tocó hacer algo fundamental: repararme”, señaló.

En otro tramo del mensaje, reflexionó sobre el impacto que tienen los conflictos de los adultos en los hijos y explicó que gran parte de su trabajo profesional estuvo orientado a visibilizar esa problemática.
“Cuando una madre o un padre continúan cargando dolor, resentimiento o ira sin elaborar, inevitablemente ese peso termina llegando a los hijos. Hasta que alguien encuentra la fuerza para detenerlo”, sostuvo.

El agradecimiento a sus padres y a quienes la acompañaron
La fundadora de la organización HOWE también dedicó unas palabras de agradecimiento a las personas que la acompañaron durante todos estos años.
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“Mi agradecimiento a cada herramienta, a cada profesional, a cada persona que acompañó esta inmensa obra de arte humana que ha sido mi vida”, escribió.

Además, recordó cómo la separación de sus propios padres cuando era niña marcó su manera de entender los vínculos familiares. “Su divorcio, cuando yo tenía 11 años, me mostró aquello que nunca debía ocurrir: poner a los hijos en medio de una guerra entre adultos”, reflexionó.
Según explicó, esa experiencia personal fue una de las motivaciones que años más tarde la llevaron a trabajar por la protección de la infancia y la reparación de los vínculos familiares.
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“Seguimos trabajando por la infancia”
En el cierre de su publicación, Gabriela Arias Uriburu volvió a poner el foco en la misión que guía actualmente su trabajo.
“Todavía queda mucho por hacer. La justicia aún busca caminos más profundos para proteger a la infancia. Los Estados todavía tienen una enorme deuda en la creación de protocolos eficaces para resguardar a los niños”, afirmó.

Finalmente, dejó una reflexión que resume el espíritu de todo su mensaje tras la boda de Sharif.
“Porque cada palabra violenta termina llegando a los hijos. Y porque después de todo lo vivido, sigo creyendo que la paz también se construye palabra por palabra”.
Y concluyó: “Aquí seguimos. Trabajando por la infancia”.




