Para quienes lo veían cada mañana en televisión, Fernando Confessore era una presencia familiar. Sin embargo, detrás de los pronósticos y de su trabajo frente a las cámaras, había una parte de su vida que prefería preservar: su familia.

Muy protector de sus hijas y muy familiero, el meteorólogo encontraba en sus afectos un lugar fundamental. Aunque mantenía un perfil reservado, en distintas oportunidades compartió el agradecimiento hacia su mujer, Paula Franco, y la alegría que le provocaban los logros de su hija Julieta.
Tras conocerse su muerte a los 58 años, este viernes 16 de octubre, esos mensajes permiten recordar al hombre detrás del profesional: un esposo agradecido y un papá orgulloso.
Paula Franco, un amor de más de 30 años
Fernando y Paula Franco compartieron más de tres décadas de matrimonio. Ella estuvo a su lado desde sus años de estudiante, mucho antes de que su rostro se volviera conocido para miles de argentinos.
Meses atrás, Confessore compartió una fotografía de junio de 1992, cuando obtuvo su diploma de técnico en Meteorología. Al recordar aquel momento, eligió dedicarle unas palabras a la mujer que lo había acompañado durante ese camino.

“Detrás de ese logro hubo muchas horas de estudio, esfuerzo, dudas y sacrificio. Pero sobre todo, hubo una persona que estuvo siempre a mi lado”, escribió.
Se refería a Paula, a quien reconoció como un sostén esencial durante su formación.
“Ella fue mucho más que mi compañera de vida. Fue quien me alentó cuando las fuerzas faltaban, quien creyó en mí cuando incluso yo dudaba, quien me impulsó a seguir estudiando lo que me apasionaba.”
Con ese mensaje, Fernando puso en palabras el valor del acompañamiento cotidiano. Para él, aquel diploma también le pertenecía a su mujer: en ese logro estaban su paciencia, su confianza y todos los años compartidos.
Julieta Confessore, ingeniera química y jugadora de vóley de Vélez
Julieta Confessore es ingeniera química y juega al vóley en el equipo de División de Honor de Vélez Sarsfield. Su dedicación a los estudios y al deporte fue siempre motivo de orgullo para Fernando, quien acompañaba con entusiasmo sus logros dentro y fuera de la cancha.

El 6 de diciembre de 2024, Julieta obtuvo su título en la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires, después de ocho años de carrera. Al anunciarlo en LinkedIn, contó que durante ese tiempo había logrado combinar la universidad con el trabajo y el vóley. También agradeció a su familia, sus amigos y sus compañeros por acompañarla.
En el deporte, su recorrido con Las Fortineras también le dio alegrías que compartía con su papá, uno de sus grandes admiradores.
Un papá protector y un hombre muy familiero
Quienes conocían su costado personal destacaban cuánto quería a su familia. Fernando era muy protector de sus hijas y disfrutaba acompañarlas, atento a los caminos que cada una iba construyendo.
Ese amor también apareció en la despedida de sus compañeros. Al recordarlo, Mario Massaccesi habló de su perfil bajo y del profundo cariño que sentía por su mujer y sus hijas, una intimidad que prefería cuidar lejos de la exposición.
Las publicaciones que Fernando eligió compartir dejaron pequeños testimonios de esa vida familiar. En ellas había agradecimiento, admiración y orgullo por las personas que más quería.
Hoy, las palabras que le dedicó a Paula quedan como un recuerdo especialmente amoroso de su historia juntos: “Los años pasan, pero hay personas cuyo amor y acompañamiento dejan una huella para toda la vida en el corazón”.


