Emiliano Pinsón y su conmovedora lucha: "Me estoy atrofiando, tengo que pelear, no queda otra" - Revista Para Ti
 

Emiliano Pinsón y su conmovedora lucha: "Me estoy atrofiando, tengo que pelear, no queda otra"

El periodista deportivo habló con crudeza y emoción sobre la enfermedad neurodegenerativa que atraviesa, el tratamiento que realiza en España y el cambio profundo que vivió desde el diagnóstico. “Vendí mi auto, mi casa, todo, pero quiero vivir”, aseguró.
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Emiliano Pinsón volvió a hablar de su enfermedad con esa mezcla de crudeza, lucidez y esperanza que viene marcando cada una de sus apariciones públicas desde que recibió el diagnóstico.

Sin esconder las dificultades ni romantizar el proceso, el periodista deportivo contó cómo atraviesa actualmente el tratamiento por la atrofia multisistémica (AMS), una enfermedad neurodegenerativa que modificó por completo su vida cotidiana.

“Me estoy atrofiando, tengo que pelear, no queda otra”, expresó durante una entrevista que mantuvo con su amiga y colega Luciana Rubinska en los estudios de Infobae.

Su frase resume mucho más que un diagnóstico. Habla de un hombre que tuvo que aprender a convivir con nuevas limitaciones, aceptar ayuda y reorganizar sus prioridades alrededor de una certeza que hoy guía cada una de sus decisiones: quiere seguir viviendo.

Emiliano Pinsón: “El tratamiento va bien”

Pinsón regresará este jueves a Pamplona, España, para continuar con la primera etapa del tratamiento que realiza para intentar frenar el avance de su enfermedad.

“El tratamiento va bien”, contó. El periodista explicó además que su diagnóstico no corresponde al Parkinson tradicional con el que inicialmente fue identificado su cuadro, sino a un parkinsonismo asociado a una atrofia multisistémica.

“Yo tengo otra cosa, yo tengo un parkinsonismo. Estoy haciendo un tratamiento contra una especie de patología del Parkinson complicada, que es AMS, atrofia multisistémica”, detalló en la entrevista con Infobae.

Actualmente toma diez cápsulas cada mañana y considera que el tratamiento permitió que el deterioro no avanzara con mayor rapidez.

“Si no me hubiera hecho el tratamiento, estaría peor”, señaló. Y fue contundente al describir la realidad con la que convive: “La enfermedad es neurodegenerativa, no tiene cura hasta hoy”.

"Vendí mi auto, mi casa, todo, pero quiero vivir"

La enfermedad también obligó a Pinsón a tomar decisiones profundas. Su economía, sus rutinas y buena parte de su proyecto de vida comenzaron a girar alrededor de los tratamientos médicos.

“Yo invertí todo lo que tenía en salud. Y vendí mi auto, mi casa, todo, pero quiero vivir”, confesó. La frase expone de la manera más directa la dimensión de la batalla que está dando.

Pero también revela el cambio de perspectiva que experimentó en estos años.

Pinsón contó que aprendió a dejar de gastar energía en aquello que ya no puede modificar y a concentrarse en el presente.

“Hago mi vida como puedo, con las cosas buenas y las cosas malas. Después tengo una vida normal: amigos, familia”, expresó.

No es la primera vez que el periodista habla públicamente de ese aprendizaje. Ya en 2024, al recibir el Martín Fierro de la Radio, había expresado que la enfermedad lo llevó a valorar el presente y los vínculos de otra manera.

Sus hijos, un sostén fundamental

En este nuevo escenario, el amor de sus hijos se convirtió en uno de sus mayores sostenes. Pinsón es papá de Joaquín, Valentín y Victoria.

Joaquín, su hijo mayor, estuvo junto a él en momentos especialmente difíciles y lo asistió durante varias de las caídas que puede provocarle la enfermedad.

“Joaquín sin duda me salvó la vida más de una vez”, reconoció. Valentín lo acompaña durante su estadía en Buenos Aires, mientras que Victoria vive actualmente en Italia.

La necesidad de recibir ayuda para actividades que antes hacía naturalmente también significó para él un aprendizaje. Ya tiempo atrás había relatado lo difícil que había sido aceptar que otras personas debieran ayudarlo incluso con gestos cotidianos, como atarse los cordones o cortar la comida.

El viaje de amigos que terminó en una historia de hermanos

Pero hubo otro episodio que atravesó especialmente a Pinsón. Un grupo de amigos que conserva desde hace aproximadamente 37 años, conocidos como “Los Naipes”, decidió organizarle un viaje a Bariloche.

"RECAP de 4 días bisagras en nuestras vidas . Un capítulo más en la historia de esta amistad de más de 40 años . Un viaje inolvidable, emocionante, adrenalínico, por momentos muy arriba y otros no tanto …pero siempre con admiración total por @emipinson .
Cuánto que aprendimos en estos días y eso que venimos aprendiendo hace varios años …de su lucha y ganas de vivir…


… y siempre con una sonrisa, una risa que siempre termina en carcajada… y el grupo se contagia. Es inevitable contagiarse, es inevitable quererte más después de una experiencia y convivencia como esta. Te queremos mucho amigo querido, más que amigo hermano como te gusta decirnos", le dedicó un posteo uno de los amigos que participó del viaje.

Todo comenzó después de que el periodista reuniera fuerzas para contarles personalmente qué estaba viviendo. “Estaba llorando mal, deprimido. Dije: ‘Tengo que hablar con ustedes’”, recordó.

Les explicó su diagnóstico y se fue. Poco después llegó la respuesta de sus amigos: habían decidido comprarle un pasaje y organizar un viaje de tres días juntos.

“Me sacaron un pasaje y nos fuimos a Bariloche tres días”, relató. Durante esa estadía lo acompañaron prácticamente en todo.

“No me dejaron ni caminar. Me subieron, me cuidaron. Hay cosas que no las puedo hacer ya solo y ellos estuvieron ahí, como mis hermanos”, contó.

Lo ayudaron a caminar, a higienizarse, a cortar sus alimentos y a realizar distintas actividades que su cuerpo hoy le dificulta.

Pinsón lo resumió con una frase profundamente emotiva: “Me fui con siete amigos y me vuelvo con siete hermanos más”.

Una nueva manera de mirar la vida

La enfermedad también transformó su relación con los conflictos y con las opiniones ajenas.

El periodista recordó que durante muchos años fue muy crítico, incluso con algunos colegas. Hoy mira esos enfrentamientos desde otro lugar.

“En un momento dije: ‘Pero si cada uno se sube como puede’. No odio a nadie. Si me odiaban, que me odien, no me importa”, expresó. Hay algo de aceptación en sus palabras, pero no de resignación.

Porque Pinsón no habla de entregarse. Habla de seguir. De recibir ayuda. De viajar. De ver a sus hijos. De reencontrarse con amigos. De hacer todo lo posible para sostener el tratamiento.

En los próximos días regresará a España, donde permanecerá dos meses. Después continuará de manera ambulatoria desde la Argentina y, a partir del año próximo, proyecta viajar cada tres meses a Pamplona para realizar controles y buscar su medicación.

El objetivo es completar el tratamiento en 2028.

Los médicos intentan determinar si es posible detener el avance de la enfermedad en el estadio actual, una posibilidad que todavía continúa en estudio.

Mientras tanto, Pinsón sigue concentrado en aquello que sí puede hacer.

Y tal vez allí esté el verdadero sentido de su mensaje.

No en negar el miedo ni el dolor. Tampoco en presentarse como un héroe.

Sino en una decisión mucho más sencilla y poderosa: seguir eligiendo la vida aun cuando vivir obliga a aprenderlo todo de nuevo.

 
   

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