"La muerte me sacó el cuerpo de mi papá, pero me regaló su presencia 24/7": la conmovedora historia que resignifica el duelo - Revista Para Ti
 

"La muerte me sacó el cuerpo de mi papá, pero me regaló su presencia 24/7": la conmovedora historia que resignifica el duelo

El 28 de septiembre de 2025, Sofi Reynolds perdió a su papá después de un año y medio de lucha contra un glioblastoma, un cáncer terminal y devastador. Pero en medio del dolor más profundo, descubrió algo inesperado: una forma nueva, intensa y luminosa de sentirlo cerca. Mariposas, señales y una conexión espiritual que —asegura— transformó para siempre su manera de vivir el amor y la muerte.
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“Lo siento todo el tiempo”. Sofi Reynolds lo dice sin dudar, con una serenidad difícil de explicar después de haber atravesado uno de los dolores más devastadores que puede vivir una persona: perder a su papá.

Él murió el 28 de septiembre de 2025, después de luchar durante un año y medio contra un glioblastoma grado cuatro, un tumor cerebral terminal que apareció de golpe, cuando una mitad de su rostro quedó inmóvil una mañana de marzo de 2024.

Apenas cuatro días después de detectar el tumor, lo operaron. Un mes más tarde llegó el diagnóstico definitivo: no había cura. Pero lo que vino después no fue solamente enfermedad. Fue, según Sofi, “una revolución de amor”.

En la familia son siete. Y aunque los médicos fueron claros desde el principio sobre el pronóstico, algo inesperado ocurrió dentro de esa casa: el miedo empezó a convivir con una sensibilidad nueva, profunda, transformadora.

Sofi, su papá y sus hermanos
Sofi, su papá, su mamá y dos de sus hermanos.

“Mi viejo aceptó desde el minuto uno que ese podía ser su destino”, recuerda Sofi. “Y eso cambió todo”.

"A mi papá le encontraron el tumor porque se le paralizó la mitad del rostro un día en marzo del 2024. Le hicieron una tomografía y se hicieron cuenta que tenía un tumor en la cabeza. A los 4 días lo operaron, se lo sacaron y al mes, justo para su cumpleaños, nos dieron que era un tumor de grado cuatro, un glioblastoma, un tumor que no tiene cura", relata.

"Él tuvo el cáncer durante exactamente un año y medio. Lo operaron el 28 de marzo del 2024 y falleció el 28 de septiembre de 2025", explicó.

-En tus redes sociales dijiste que la partida de tu papá le dio un sentido impresionante a tu vida, ¿en qué momento el dolor empezó a transformarse en este propósito que sentís hoy?

-La verdad es que me cuesta un poco responder esto porque creo que el duelo no es lineal. Y el dolor, así como el sentido que una puede encontrarle a lo que pasó, tampoco lo son.

Hay días en los que me siento súper alineada y profundamente agradecida por todo lo vivido. Días en los que lo siento muy presente, conectada con él y con una sensación de amor muy fuerte.

Pero también hay otros días en los que el dolor pesa más que cualquier otra cosa y se vuelve difícil, incómodo, hasta agotador.

Entonces, no es que en un momento el dolor se transformó en sentido y quedó así para siempre. Tampoco creo que el duelo funcione de esa manera.

Hay momentos en los que encuentro muchísimo sentido en todo lo que pasó y otros en los que el dolor simplemente es dolor y parece no tener explicación.

Y creo que el verdadero desafío fue aprender a convivir con esos dos estados, entendiendo que ambos van y vienen.

-Muchos experimentan la ausencia como un vacío, pero vos hablas de sentirlo todo el tiempo. ¿Cómo describir esa energía que te acompaña en tu cotidianidad?

-La verdad es que me siento una agradecida de la vida porque empecé a sentir a mi papá incluso cuando todavía estaba vivo, pero a la distancia. Me acuerdo perfecto de la primera vez que me pasó: fue en octubre de 2024. Yo estaba en mi casa, mirando un árbol fijamente, y de repente empecé a sentir su energía muy fuerte.

Fue la primera vez que lo sentí presente sin estar cerca de su cuerpo y me impactó muchísimo porque tuve la intuición de que así iba a ser nuestra comunicación después de su muerte.

Sofi Reynolds
"La verdad es que me siento una agradecida de la vida porque empecé a sentir a mi papá incluso cuando todavía estaba vivo, pero a la distancia".

Después eso me siguió pasando a medida que avanzaban los meses, mientras él todavía vivía. Y el día que murió fue algo completamente inexplicable.

Me da un poco de pudor hablar de esto porque sé que no a todo el mundo le pasa, pero yo realmente siento que Dios me hizo un regalo enorme: poder sentirlo.

Te juro que el día en que murió fue como si se hubiera fusionado con mi alma. Entendí cómo iba a ser nuestro vínculo de ahí en adelante porque lo sentí físicamente, en el cuerpo.

Yo no hago nada especial para que eso suceda, simplemente me pasa. Pero sí creo que hay que acompañar el ritmo de lo sutil para poder percibir estas cosas. A veces vivimos tan acelerados, tan invadidos por lo cotidiano y lo terrenal, que no logramos detenernos a sentir.

Y tampoco quiero que suene a que esto me pasa porque soy especial, porque no lo creo así. Sé que hay personas que no viven algo parecido y la verdad es que tampoco sé por qué a mí sí me sucede.

Lo siento presente todo el tiempo. Y creo que también tiene que ver con que lo busco constantemente. Tengo la certeza de que él está acá, incluso cuando no aparecen señales evidentes o mariposas todo el tiempo.

Sofi Reynolds
Familia completa. "Somos siete".

Lo siento dentro de mi corazón, le hablo, lo pienso, lo busco. Tengo una fe muy profunda de que sigue siendo parte de todo.

Sé que puede sonar raro o hasta difícil de explicar, pero simplemente me pasa. Y lo agradezco muchísimo porque sé que no todo el mundo lo vive así. También creo que tiene que ver con abrirse a buscarlo y con aceptar, incluso desde un lugar racional, que sigue estando de alguna manera.

Y después empiezan a pasar pequeñas cosas, detalles cotidianos, señales simples que terminan confirmando esa intuición.

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-La idea de las mariposas surgió antes de su partida. ¿Cómo fue ese momento en que la familia se animó a plantearle ese "código" de señales?

-Desde el principio, nosotros asumimos que su partida podía llegar a ser inminente. Los médicos nos lo plantearon así desde el minuto uno y mi papá también aceptó muy rápidamente que ese podía ser su destino.

Él siempre le pedía a Dios que se hiciera su voluntad. Pedía por la sanación completa y, con el tiempo, entendí que quizás esa sanación no era física, sino espiritual. Creo que, al final, Dios le regaló esa sanación completa a través del paso a la eternidad. Pero, claro, nosotros en ese momento todavía lo mirábamos desde el deseo de una cura física.

Mi papá puso esa posibilidad sobre la mesa desde el primer día y todos, de alguna manera, terminamos aceptando esa realidad bastante rápido porque los médicos también fueron muy claros con nosotros.

Sofi reynolds
"Él siempre le pedía a Dios que se hiciera su voluntad. Pedía por la sanación completa y, con el tiempo, entendí que quizás esa sanación no era física, sino espiritual".

En medio de todo eso, a mí me nació la necesidad de crear una especie de lenguaje o código entre nosotros. Yo siempre creí profundamente en la vida después de la muerte y sentía que, pasara lo que pasara, íbamos a seguir comunicándonos. Y no sé por qué apareció el tema de las mariposas.

Creo que mucha gente relaciona las mariposas con las almas, pero sinceramente no sé de dónde salió exactamente esa idea. Simplemente apareció. Y yo, un poco aferrándome a la necesidad de seguir conectada con él, le dije: “Bueno, aparecete en forma de mariposa”.

Quizás fue una forma de sentirme menos sola frente a lo inevitable. Y lo increíble fue que, después de que falleció, las mariposas empezaron a aparecer muchísimo. Pero no es solamente ver una mariposa, porque cualquiera puede verlas y no sentir nada. A mí lo que me pasa es que realmente siento su presencia cuando aparecen.

Y aclaro siempre lo mismo: no hago nada especial para que eso suceda. Simplemente creo que hay algo en abrirse a lo sutil. A veces vivimos tan acelerados, tan metidos en lo cotidiano, que no logramos percibir esas pequeñas señales. Creo que hay que acompañar el ritmo que esas señales requieren para poder verlas.

Sofi y su papá
Sofi y su papá

Porque seguramente muchas veces tuve mariposas delante mío y no las vi. O quizás estaba tan enfocada en extrañar un abrazo físico, tan cerrada en la necesidad de que estuviera de una manera determinada, que me perdía otras formas de presencia.

Y para mí ahí está la clave: abrirse a que el otro se manifieste como pueda y no solamente como nosotros esperamos.

A veces ni siquiera son mariposas. Pero como yo estaba tan obsesionada con que fueran mariposas, quizás me perdía otras señales.

Por eso creo que lo importante es estar abierta. Dejar que aparezca de la manera en que tenga que aparecer.

Y algo que siempre le pido es que, cuando se haga presente, sea muy obvio. Siempre le digo eso: “Que sea obvio y que yo pueda sentirlo adentro mío”.

Porque eso hace toda la diferencia. Ahí me relajo. Confío. Y suelto. Y después terminan pasando cosas muy impresionantes. Como una vez que compartí en Instagram la foto de un sticker en un estacionamiento y pensé: “Esto es demasiado obvio”.

Entonces se empieza a generar una especie de diálogo, un juego muy íntimo con el alma de la persona que amás. Y es algo muy emocionante.

Aunque no siempre sucede de manera tan clara. Hay momentos en los que no aparece ninguna señal evidente y también aprendí a confiar en eso. A entender que quizás hoy no puedo sentirlo de una forma tan concreta, pero que eventualmente va a volver a hacerse presente.

Creo que también hay que aprender a ir al ritmo que esa presencia necesita. Y lo más loco es que muchas veces las señales aparecen cuando una menos las espera. Cuando no estás pensando obsesivamente en eso, pero sí tenés el corazón abierto. Ahí es cuando más aparecen. Y eso me fascina, porque siempre me encuentra desprevenida.

-¿Recordás la primera vez que apareció una mariposa después de que él se fue? ¿Qué sentiste en el cuerpo en ese instante?

-Sí, recuerdo perfectamente la primera vez. Y esta pregunta es un poco triste porque quizás no voy a responder lo que todos esperan.

La primera vez que vi una mariposa fue en su entierro, el día de la cremación, durante toda la ceremonia.

Y me acuerdo de sentir que, si bien la mariposa lo representaba, había algo mucho más fuerte todavía: esa sensación profunda de que él estaba dentro mío. Él había dicho en un video: “Yo voy a estar siempre en tu corazón”, y eso era exactamente lo que yo estaba sintiendo. Mucho más intenso que cualquier señal externa.

La mariposa era un mimo, un guiño hermoso. Pero lo que realmente me impresionaba era sentirlo tan adentro mío.

Sofi Reynolds
"Él había dicho en un video: “Yo voy a estar siempre en tu corazón”, y eso era exactamente lo que yo estaba sintiendo. Mucho más intenso que cualquier señal externa".

Especialmente en esos primeros días, cuando recién había muerto, durante la ceremonia de la cremación y las semanas posteriores, yo estaba completamente desbordada de amor. Era una sensación muy difícil de explicar. Lo sentía tanto, tan presente dentro mío, que las mariposas quedaban casi en un segundo plano frente a esa conexión tan fuerte.

Después, con el paso del tiempo, esa intensidad tan propia de los primeros momentos del duelo se fue atenuando y empecé a encontrarlo mucho más en otras cosas: mariposas, pajaritos, atardeceres, la naturaleza, personas, miradas, pequeños gestos cotidianos.

Al principio era una conexión muy de alma a alma. Y después esa presencia empezó a trasladarse a distintas formas y ahí fue cuando el tema de las mariposas tomó muchísima más fuerza para mí. La presencia se volvió algo muy bello.

Y el momento más intenso que viví con una mariposa fue el día en que grabamos ese video que subí a redes. Ahí sentí su presencia de una manera muy fuerte porque, por primera vez, una mariposa se quedó apoyada sobre mi mano durante muchísimo tiempo.

De hecho, el video dura casi diez minutos. Caminamos por toda la casa con la mariposa en mi mano y para mí era obvio que era él. Son cosas que no sé explicar racionalmente, simplemente se sienten.

Ese día me impactó muchísimo entender cómo las almas pueden hacerse presentes a través de la naturaleza, de las personas o de pequeños detalles. Encuentran la manera de hacerte sentir que siguen ahí.

Y eso, al menos con mi papá, me pasa todo el tiempo. Por eso lo agradezco tanto, porque es como sentirlo cerca y dentro mío las 24 horas del día.

Y sí, si tengo que pensar en una aparición puntual que me dejó sin palabras, fue esa. La mariposa estuvo muchísimo tiempo apoyada sobre mi mano y nunca antes me había pasado algo así.

Además, apareció en un momento muy especial: faltaba poco para el cumpleaños de mi papá, estábamos todos muy sensibles y justo ese día estábamos solos con mis hermanos.

Fue mágico. Sentimos como si fuera un mensaje del cielo diciendo: “Todo va a estar bien. Seguimos juntos”. Y realmente lo sentí así.

-Es muy valiente decir "soy una agradecida" después de perder a un padre. ¿De qué creés que te salvó o qué te enseñó el hecho de elegir la gratitud sobre el enojo?

-Esta pregunta también me cuesta un poco responderla porque siento que, en el duelo, cada uno hace lo que puede. Y yo no siempre estoy agradecida ni siempre estoy enojada. Son estados que cambian muchísimo. Hay momentos en los que siento una gratitud enorme y otros en los que aparece el enojo, y creo que ambas cosas son válidas.

Sofi Reynolds
"Es muy difícil explicar con palabras lo que era estar con él en ese momento. Era como estar rodeados de luz y amor todo el tiempo".

Con el duelo aprendí justamente eso: que cada persona lo atraviesa como puede. A veces sentís gratitud y es hermoso, y otras veces sentís bronca, tristeza o vacío, y también está bien.

En mi caso, la gratitud me ayudó a dejar de ver la muerte como algo completamente oscuro o trágico. Antes tenía una idea mucho más dramática de la muerte y hoy ya no la siento así.

Y la verdad es que no sé exactamente por qué siento tanta gratitud. Tampoco me considero una persona especial por eso. Sí agradezco poder vivirlo de esta manera, porque sé que no todo el mundo lo experimenta igual y eso también es totalmente válido.

Creo que, en mi caso particular, hubo muchas cosas que se dieron de una manera muy amorosa. Yo pude dejar de trabajar durante un tiempo y sostenerme con mis ahorros para dedicarme completamente a acompañar a mi papá. Después tuve que volver a trabajar, obviamente, pero al menos pude estar muy presente durante gran parte del proceso.

-Atravesar una enfermedad como el cáncer es durísimo. ¿Cómo lograste que el recuerdo de esos meses no opaque la luz de la conexión que tienen ahora?

-Siento que él tuvo una enfermedad muy particular. Aunque siempre fue terminal, durante el primer año estuvo completamente funcional. Andaba en bicicleta, corría, hacía su vida prácticamente normal mientras atravesaba rayos, quimioterapia y todo lo que implica un cáncer.

Pero además hubo algo mucho más profundo: durante su enfermedad fue su mejor versión. Es muy difícil explicar con palabras lo que era estar con él en ese momento. Era como estar rodeados de luz y amor todo el tiempo. Su ego se disolvió por completo y pasó a ser amor en estado puro.

Y eso hacía que sentir gratitud fuera algo muy natural. No porque la situación fuera fácil, sino porque él transformaba todo con su manera de vivirlo. Nos enseñaba, con sus actos, que no había que tenerle miedo a la muerte y que incluso el cáncer podía convertirse en una oportunidad para amarnos más, expresarnos más y estar más presentes unos con otros.

Verlo atravesar todo eso fue profundamente transformador. Por eso digo que siento una gratitud total y absoluta. Porque lo que vivimos como familia fue muy excepcional. Yo jamás imaginé que una enfermedad terminal pudiera atravesarse así. Siempre pensé que una persona frente a un diagnóstico así iba a estar llena de enojo o desesperación.

Pero él fue amor, completamente amor. Y creo que esa manera de vivir la enfermedad me contagió profundamente. Me ayudó a mirar la vida desde otro lugar y a subirme, de alguna manera, a ese “bondi del amor”, incluso en medio del dolor.

Por eso también me cuesta recordar esos meses como algo oscuro. Al contrario: el cáncer de mi papá fue, para mí, un regalo del cielo. Nos unió muchísimo como familia. Somos cinco hermanos y durante ese tiempo armamos una especie de oasis de amor y de paz alrededor suyo. Todo giraba en torno a acompañarlo, a estar presentes, a despedirlo como se merecía.

Yo vivía en Australia y decidí volver a Argentina para estar con él. Y fue, sin dudas, la mejor decisión de mi vida. Esos momentos quedaron grabados en mi alma como algunos de los recuerdos más importantes y más hermosos que tengo con mi papá.

Por eso hoy no siento que esos recuerdos opaquen la conexión que tengo con él, sino todo lo contrario. Haber atravesado la enfermedad de esa manera hizo que hoy pueda sentirlo cerca desde un lugar muy amoroso y muy luminoso.

Incluso mi vínculo con la muerte cambió por completo. Y eso no significa que no haya dolor. Claro que hay momentos muy duros. Pero aprendí que una cosa no invalida la otra. Uno puede estar profundamente triste y, al mismo tiempo, sentirse agradecido por el amor vivido. Eso fue, quizás, la enseñanza más grande del duelo.

Por eso, cuando pienso en esos meses, no recuerdo oscuridad. Recuerdo amor. Y toda la tristeza que atravesé también está teñida de gratitud porque significó poder acompañarlo y despedirlo como él se merecía.

-Si pudieras ver a la Sofi de hace un año y a la de hoy, ¿cuál dirías que es el cambio más profundo que tu papá operó en vos desde otro plano?

-Yo creo que el cambio fue de raíz. Después de la enfermedad de mi papá siento que soy otra persona, sobre todo por la manera en la que hoy entiendo y concibo la vida.

Antes también era feliz. Siempre me consideré una persona muy positiva y amante de la vida. Disfrutaba muchísimo vivir incluso antes de que él se enfermara. Pero todo su proceso, toda su enfermedad y la manera en la que él la atravesó me transformaron profundamente.

Porque verlo enfrentar el desafío más grande que puede recibir una persona —que te digan que te vas a morir— con tanto amor, cambió completamente mi forma de mirar las cosas. Mi papá aceptó su realidad desde el primer momento. Y acompañarlo en ese proceso fue algo que nos transformó a todos.

No solamente a nosotros como familia, sino también a mí como persona. Y también pasó algo muy fuerte con la comunidad que se armó alrededor suyo. Él se abrió muchísimo a sus amigos, a los vecinos, a gente conocida, y muchas personas se acercaron a acompañarnos y ayudarnos durante todo el proceso.

Sofi Reynolds
"Toda su enfermedad y la manera en la que él la atravesó me transformaron profundamente".

Ver cómo el amor y la aceptación se transformaban en actos concretos, en gestos y emociones que desbordaban el corazón, fue realmente un regalo del cielo. Por eso siento que, aunque su muerte fue dolorosa, también me cambió la vida para bien.

Hoy ya no puedo vivir una vida sin sentido. Eso fue lo que me dejó: la necesidad de encontrarle un propósito profundo a todo. Y para mí ese sentido es el amor. Mi papá dejó eso muy claro.

Cuando uno vive desde el amor, incluso en medio del dolor más grande, algo cambia completamente.

Y eso fue exactamente lo que pasó con nosotros. Aunque él terminó muriendo, la manera en que atravesó la enfermedad y todo lo que nos dejó como familia fue algo impensado. Nos transformó por completo.

Después de vivir algo así, yo entendí que siempre se puede elegir vivir desde el amor. Amar, aceptar, acompañar y atravesar incluso las situaciones más difíciles desde ese lugar. Y lo que sucede cuando uno vive así es casi mágico. Va mucho más allá de la lógica o de la razón. Por eso hoy intento vivir de otra manera.

Antes quizás ya tenía algo de eso, pero ahora lo tengo presente todos los días y en cada pequeño acto cotidiano. Desde saludar con amor a la persona que veo siempre en la esquina de mi casa hasta la manera en la que me relaciono con los demás.

Intento que incluso las cosas más simples estén atravesadas por el amor. Obviamente no siempre me sale y tampoco creo que exista la perfección en eso. Pero sí apareció en mí ese deseo profundo de vivir así. Y siento que eso, en gran parte, se lo debo a él.

-¿Qué le dirías a alguien que está atravesando una pérdida reciente y siente que el silencio es absoluto, que no recibe señales?

-Esta pregunta también me cuesta un poco responderla porque no quiero que parezca que recibo señales por ser una persona especial. Yo no creo eso. Creo que las recibo porque las busco.

Entonces, lo primero que le diría a alguien que está atravesando una pérdida es justamente eso: que busque a sus amados. Que les hablen, que les pidan señales, que generen espacios de conexión, incluso aunque hoy no sientan nada.

Sofi Reynolds
"Lo primero que le diría a alguien que está atravesando una pérdida es justamente eso: que busque a sus amados. Que les hablen, que les pidan señales, que generen espacios de conexión, incluso aunque hoy no sientan nada".

Que no dejen de insistir. Porque yo realmente creo que siguen ahí. Y siento que, en esa búsqueda constante de conexión, tarde o temprano algo termina pasando.

Tengo la certeza de que cuando uno llama a alguien con amor, una y otra vez, cuando realmente desea sentir esa conexión y se abre de corazón a encontrarla, eventualmente esa presencia se manifiesta de alguna manera.

También creo que hay que tener paciencia. Hay momentos en los que uno está más permeable a estas cosas y otros en los que no. Y cada duelo es completamente distinto. Por eso jamás compararía procesos.

Que a mí me resulte más fácil sentir señales no significa que mi duelo sea mejor, más sano o más espiritual que el de otra persona. Entonces, lo primero que le diría a alguien es: relajate. Aceptá tu duelo tal como lo estás viviendo hoy. Lo que hoy podés sentir está bien.

El duelo es un camino muy personal y también es un vínculo que sigue transformándose con el tiempo. De alguna manera, uno sigue construyendo relación con ese ser amado, incluso después de la muerte.

Y como cualquier vínculo, necesita tiempo, presencia y cuidado. Por eso diría que hablen con esa persona. Que le prendan una vela, que le escriban, que le pidan señales claras, que generen momentos de encuentro.

Yo estoy convencida de que, eventualmente, algo sucede. Pero también creo que es importante abrazarse a uno mismo y no exigirse vivir el duelo de determinada manera. A veces queremos sentir algo distinto, recibir señales inmediatas o estar “mejor”, y quizás el proceso necesita otra cosa.

También tengo la certeza de que las cosas suceden cuando tienen que suceder. Y si hoy alguien se siente bloqueado o desconectado, quizás también hay algo perfecto en eso, aunque todavía no pueda entenderlo.

Son conversaciones muy íntimas que cada uno tiene que atravesar consigo mismo y con la persona que perdió. Y el vínculo se va construyendo con el tiempo.

Sofi Reynolds
"Tengo la certeza de que las cosas suceden cuando tienen que suceder".

Pero de verdad creo que, si uno sigue buscando desde el amor, en algún momento esa conexión aparece. Por eso le diría que no tire la toalla. Que siga intentando. Porque, de alguna manera, va a pasar.

-Si tuvieras que definir este presente con tu papá en una sola palabra, ¿cuál sería?

-Cuando digo “Dios”, hablo de Dios, del universo, de la energía, de lo que cada uno quiera creer. No lo relaciono con una religión específica. Pero sí siento que, de alguna manera, la vida nos quita el cuerpo físico y nos deja el espíritu disponible todo el tiempo. Y para mí eso es algo profundamente mágico.

Porque el cuerpo tiene límites, pero la presencia espiritual no. Entonces hoy siento a mi papá conmigo las 24 horas del día. Literalmente.

Y muchas veces me dan ganas de decirles a todas las personas que atravesaron una pérdida que también existe este regalo: la posibilidad de sentir a ese ser amado desde otro lugar, de una manera constante, íntima y disponible todo el tiempo. Por eso siento que la muerte no es solamente oscuridad o dolor.

Obviamente hay tristeza y hay ausencia, pero también hay regalos enormes. Está la posibilidad de seguir buscando a esa persona, de seguir sintiéndola cerca y también la transformación inmensa que ocurre dentro de uno cuando atraviesa una pérdida así. A mí, personalmente, me encanta sentirlo presente todo el tiempo.

Y también me gusta desmitificar esta idea de que la muerte es únicamente algo terrible. Porque, al menos en mi experiencia, también hubo muchísimo amor, muchísima conexión y una presencia diaria muy fuerte.

Por eso, si tuviera que definir hoy mi vínculo con él, elegiría estas palabras: compañero, conexión y presencia constante.

Sofi y su papá
Sofi y su papá

-¿Qué creés que diría tu papá si viera cómo estás transformando su partida en algo tan luminoso?

-Creo que se reiría. Me diría que me quiere, que le hace feliz que pueda sentirlo tan cerca, pero también siento que me recordaría algo importante: que siempre vuelva a mí. Que no intente transformar todo esto en algo luminoso solamente para los demás, sino que primero mire hacia adentro, hacia mi alma, hacia cómo estoy realmente conmigo misma.

Y también creo que me diría que no todo tiene que ser luminoso todo el tiempo. Yo soy muy de querer encontrarle luz a todo y siento que él me diría: “Relajate. Permitite también atravesar el dolor”. Porque el dolor también forma parte del amor.

Pero sí, creo que estaría feliz de verme en paz. Porque, al final, siento que eso es lo que más quieren las personas que amamos: que nosotros podamos estar bien, en calma, conectados con la vida.

Y yo hoy, más allá de todo, me siento en paz. Así que siento que él también lo estaría.

 
   

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