En medio de la extensa y conmovedora carta que Lionel Messi le dedicó a su papá, hay una revelación que quizás sea una de las más dolorosas de todo el texto. No tiene que ver solamente con el fútbol. Tiene que ver con una conversación que nunca llegó a suceder.
Leo contó que, cuando regresó de su último Mundial, su padre creía que la final había terminado de otra manera. “Cuando llegué creías que habíamos perdido la final por penales. No pudimos hablar de nada de todo lo que pasó. No pudiste disfrutar nada”, escribió.
Y enseguida explicó por qué decidió contar públicamente aquel episodio. “Te cuento esto porque fue lo único que no pudimos hablar, porque todo lo demás ya lo sabés. Hablábamos todos los días y nos veíamos cuando se podía por mis compromisos”.
Es justamente esa última frase la que permite dimensionar el vínculo entre padre e hijo: hablaban todos los días. Y, sin embargo, hubo una historia que quedó pendiente.
El último Mundial que su papá le había pedido jugar
En su despedida, Messi contó que había sido su propio padre quien insistía para que estuviera en aquel Mundial. “Tanto me pedías que juegue el último Mundial y días antes de empezar fue cuando peor te pusiste”, reveló.
Por primera vez, su papá no podía acompañarlo a un torneo.
Leo recordó que su mamá trataba de transmitirle tranquilidad y le decía que podría mejorar y viajar más adelante.
Entonces él hizo una promesa cargada de esperanza: “Yo te decía que íbamos a llegar a la final así podías viajar”. La idea parecía sencilla: seguir avanzando, ganar tiempo y esperar.
Messi esperaba el mensaje de su papá después de cada partido
Durante años hubo un ritual que acompañó la carrera de Lionel Messi: después de jugar, llegaba el mensaje de su papá.
Pero durante ese Mundial algo cambió. “Cada vez que terminaba un partido esperaba y extrañaba tu mensaje. Ahí me di cuenta de que la situación era fea de verdad”, escribió Leo.
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A pesar de eso, siguió aferrándose a la posibilidad de que su padre pudiera verlo. “Así y todo, no dejaba de pensar en llegar lo más lejos posible, para darte tiempo y que vieras un partido”.
Y llegaron a la final. Su papá no pudo estar.
“Quería ganarla para llevártela”
Messi también reveló qué pasaba por su cabeza mientras disputaba aquel torneo. “Quería ganarla para llevártela y mostrarte una nueva”, escribió.
Pero reconoció que físicamente estaba atravesando un momento difícil.
“No pude, las piernas no me daban más. Esta vez intenté ir contra mi físico, pero no pude. Nunca pude sentirme bien”.
Después regresó. Y allí apareció esa escena que hoy, a la luz de su despedida, adquiere otra dimensión: su papá creía que la final se había perdido por penales.
Leo no llegó a explicarle qué había pasado.
No llegaron a hablar del torneo.
No pudieron reconstruir juntos esos partidos que él mismo confesó haber disfrutado tanto.
“No fuimos campeones, pero no sabés cómo disfrutamos cada partido. Una vez más, tenías razón: tenía que estar y jugarlo”.
La única conversación que quedó pendiente entre Messi y su papá
Quizás por eso la frase que viene después sea una de las más fuertes de toda la carta: “Te cuento esto porque fue lo único que no pudimos hablar”.
Todo lo demás, aseguró Messi, su padre ya lo sabía.
Se hablaban diariamente. Se veían siempre que sus compromisos se lo permitían. Jorge había estado presente desde los primeros entrenamientos de aquel chico que empezaba a jugar al fútbol.
“Desde chiquito siempre fue así. Me llevabas a todos los entrenamientos apenas llegabas de trabajar”, recordó.
También estaba en los partidos. “Obviamente, a los partidos no faltabas a uno. Cómo sufrías viéndome y cómo disfrutabas, aunque nunca me regalabas muchos elogios”.
Pero hubo un último partido del que ya no pudieron hablar.
“Faltaba tan poquito para el final”
En otro tramo de la carta, Leo puso en palabras el vacío que siente al imaginar el camino que deberá recorrer sin esa presencia.
“No sé qué voy a hacer sin vos, no sé cómo seguir”, confesó.
Y después dejó una frase cargada de significado:
“Estuviste al lado mío desde el principio, faltaba tan poquito para el final. ¿Por qué no aguantaste ese poquito más y terminábamos juntos?”
Su papá había estado al comienzo de todo.
En los entrenamientos después del trabajo. En cada partido. En las decisiones. En las discusiones y los consejos. Como padre, como amigo y como representante.
Por eso, entre todas las historias que Messi eligió contar en su despedida, hay una particularmente dolorosa: la del último Mundial que su papá tanto quería que jugara y del que finalmente padre e hijo no pudieron hablar.
Durante toda su vida, después de cada partido Leo esperaba el mensaje de su papá.
Esta vez quedó algo pendiente.
Una última historia que ya no alcanzaron a contarse.

