Hace 20 años, Marina Borensztein y Oscar Martínez se encontraron en un lugar muy especial para ella: el árbol que había sido plantado en homenaje a su padre, Tato Bores, en el Parque Tres de Febrero. Lo que parecía una coincidencia terminó convirtiéndose en una historia de amor que atravesó dos décadas, una boda, una familia ensamblada y una mudanza de país.
El aniversario encontró a la pareja instalada en Marbella, España, donde desde hace algunos años construyen una nueva etapa de su vida. Pero Marina eligió mirar hacia atrás para celebrar el camino recorrido y compartir con sus seguidores una reflexión profundamente personal.
“Hoy cumplimos 20 años de historia juntos desde que nos encontramos en el árbol de papá, asistidos por el más allá y empezamos este viaje juntos”, escribió la autora en Instagram, junto a varias fotografías de diferentes momentos compartidos con el actor.

La publicación no fue solamente una declaración de amor. Marina también respondió, a su manera, una pregunta que le hizo su hija Malena: “¿Cuál es la clave para 20 años?”
Su respuesta incluyó algunos de los conceptos que, según ella, sostuvieron el vínculo: amor, paciencia, compañerismo, deseo, humor, proyectos individuales y, sobre todo, la decisión de volver a elegirse.

“20 años no significan que todo haya sido perfecto; significan que hubo suficiente amor, deseo, humor, paciencia y voluntad para seguir escribiendo la historia”, escribió.
Un encuentro que Marina sintió como una señal
La historia comenzó el 19 de agosto de 2006. Según reconstruyeron en distintas oportunidades, ambos se cruzaron en el Parque Tres de Febrero, en Buenos Aires. Oscar había salido a correr y Marina a caminar. El lugar no era uno más para ella: se trataba de la plazoleta que lleva el nombre de Tato Bores.

Después de aquel encuentro comenzaron a intercambiar mails y poco tiempo después iniciaron una relación. Un año más tarde decidieron irse a vivir juntos.
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Pero para Marina aquel episodio tuvo además una dimensión espiritual. En distintas entrevistas contó que había tenido un sueño relacionado con Oscar y que sentía que aquel encuentro frente al árbol de su padre tenía algo de destino.

De allí que, veinte años después, haya elegido volver a ese momento en su aniversario: “nos encontramos en el árbol de papá, asistidos por el más allá”, escribió.
Los primeros años y los rumores que rodearon al romance
El comienzo de la relación estuvo acompañado por rumores. En aquel momento circuló la versión de que Marina todavía estaba en pareja con Alejandro Awada, quien además era amigo de Oscar y trabajaba con él en la obra Días contados.

Años después, Marina se refirió públicamente a aquellas versiones y negó que hubiera existido una infidelidad.
En 2019 aseguró que, al contrario de lo que se había dicho, no había tenido nada con Oscar mientras estaba en pareja con Awada y sostuvo que nunca había sentido la necesidad de salir a desmentir las versiones que circulaban.

Con el tiempo, aquellos rumores quedaron atrás mientras la pareja consolidaba su relación.
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Cinco años después llegó el casamiento
El 19 de agosto de 2011, exactamente cinco años después de aquel primer encuentro, Marina y Oscar se casaron en el hotel Algodón Mansión, en Buenos Aires.
La celebración fue íntima y reunió a familiares y amigos. Marina, además, tuvo un rol muy activo en la organización: se convirtió en su propia wedding planner y se ocupó personalmente de buena parte de los detalles.

Años después recordaría aquel momento con entusiasmo. “Fue un placer absoluto, casarme a los 44 años hizo que pudiera disfrutar de todo el proceso plenamente”, había contado.
La boda también tuvo un componente simbólico: una amiga de Marina, Ana María Bovo, fue la encargada de narrar la historia de cómo se habían conocido, incluyendo aquel encuentro en la plazoleta de Tato Bores.

Una familia ensamblada
Cuando comenzaron su relación, ambos ya tenían hijos de vínculos anteriores. Oscar era padre de cuatro hijas, mientras que Marina era mamá de Malena.
Con los años, la familia ensamblada se convirtió en una parte fundamental de la vida cotidiana de la pareja. Oscar contó que Malena vivió con él desde que tenía 7 años hasta los 22 o 23, y que su vínculo con ella fue muy cercano.

La familia también fue parte de las decisiones importantes que tomaron como pareja, entre ellas la de dejar Argentina para instalarse en España.
El cambio de vida y Marbella
Después de muchos años en Buenos Aires, Marina y Oscar decidieron comenzar una nueva etapa en Marbella.
La pareja construyó allí una vida más tranquila, rodeada de naturaleza y con un hogar que refleja algunos de los intereses de Marina: espacios luminosos, plantas, una cocina funcional y un jardín frondoso. La casa se convirtió en un refugio para ambos y en escenario habitual de las publicaciones de la escritora.

La decisión de mudarse significó dejar atrás una vida construida durante décadas y comenzar de nuevo en otro país. Pero también fue una experiencia que ambos asumieron como parte del proyecto compartido.
“Volver a elegirse” después de 20 años
En su publicación por el aniversario, Marina puso en palabras algo que excede la celebración de una fecha.
Cuando su hija le preguntó cuál era la clave para sostener una relación durante 20 años, respondió: “El amor, la paciencia, volver a elegirse siempre que haya una distancia, ser muy compañeros y hacer cosas por el otro para que se sienta bien”.
También destacó la importancia de pasarla bien juntos, hacer planes y, al mismo tiempo, que cada uno pueda conservar “su propio proyecto de vida”.

Y sumó una reflexión sobre la responsabilidad individual dentro de una pareja: “Ser emocionalmente consciente para ver tus cosas malas no solo las del otro”.
Para Marina, además, hay un ingrediente que no quiso dejar afuera: “¡Ah! ¡Y gustarse mucho!”.
La escritora cerró su mensaje con una definición que resume su mirada sobre estos 20 años: “20 años no significan que todo haya sido perfecto”. Para ella, el verdadero valor está en que hubo suficiente amor, deseo, humor, paciencia y voluntad como para continuar escribiendo la historia.
“Te amo”, le dedicó a Oscar.
Y así, dos décadas después de aquel encuentro en el árbol de Tato Bores, Marina Borensztein y Oscar Martínez siguen eligiéndose. No desde la idea de una historia perfecta, sino desde una construcción compartida que, como ella misma escribió, todavía tiene capítulos por escribir.




