Los Backrooms se convirtieron en uno de los fenómenos de terror más populares de los últimos años. Lo que comenzó como una simple imagen compartida en internet terminó dando origen a una enorme mitología digital compuesta por videos, videojuegos, teorías, películas y millones de publicaciones en redes sociales.
Pero detrás de los monstruos y las historias de terror existe un concepto mucho más profundo: los espacios liminales, lugares que parecen familiares y extraños al mismo tiempo.
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La leyenda de los Backrooms nació en 2019 cuando un usuario publicó en un foro una fotografía de una oficina vacía iluminada por luces fluorescentes, con paredes amarillentas y una atmósfera inquietante.

Junto a la imagen apareció una historia ficticia que planteaba una idea perturbadora: si una persona "sale accidentalmente de la realidad", puede terminar atrapada en los Backrooms, un gigantesco laberinto de habitaciones aparentemente infinitas.
Según esta narrativa, estos espacios están vacíos, pero esconden peligros desconocidos y entidades misteriosas.
Con el tiempo, miles de usuarios comenzaron a expandir el universo creando distintos niveles, reglas, criaturas y relatos que transformaron a los Backrooms en una de las creepypastas más exitosas de internet.
Para entender el éxito de los Backrooms es necesario comprender qué son los espacios liminales. Se trata de lugares de transición: espacios diseñados para ser atravesados y no habitados. Algunos ejemplos son:
- Pasillos de hoteles
- Escaleras
- Aeropuertos vacíos
- Centros comerciales cerrados
- Estacionamientos
- Escuelas durante las vacaciones
- Oficinas sin personas
Estos lugares suelen resultar inquietantes cuando aparecen desiertos porque el cerebro espera encontrar actividad humana en ellos.

La sensación que generan es difícil de describir: parecen familiares, pero algo no encaja del todo. A diferencia de las películas de terror tradicionales, los Backrooms no dependen de los sustos repentinos.
Su fuerza radica en la incomodidad psicológica. Las luces fluorescentes, los espacios repetitivos, la ausencia de personas y la imposibilidad de encontrar una salida generan una sensación de desorientación que conecta con miedos muy profundos.
Además, evocan recuerdos difusos. Muchas personas sienten que ya estuvieron en lugares parecidos durante la infancia, en escuelas, oficinas o edificios públicos, lo que aumenta todavía más la sensación de extrañeza.
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El boom de los backrooms en YouTube, TikTok y el cine
El fenómeno explotó definitivamente gracias a YouTube y TikTok. Miles de creadores comenzaron a producir videos que simulaban grabaciones encontradas dentro de los Backrooms, utilizando cámaras de baja calidad y efectos que aumentaban el realismo.
Uno de los casos más destacados fue el del joven creador Kane Parsons, cuyos cortometrajes acumularon millones de reproducciones y ayudaron a popularizar el concepto a nivel global.

El éxito fue tan grande que Hollywood decidió llevar la historia al cine, demostrando que una simple imagen compartida en internet puede convertirse en un fenómeno cultural mundial.
La Generación Z encontró en los Backrooms una nueva forma de terror adaptada a la era digital. En lugar de castillos embrujados o monstruos clásicos, el miedo surge de espacios cotidianos que todos conocen.
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La idea de perderse en un lugar infinito, vacío y sin explicación conecta con las incertidumbres contemporáneas y con una sensación cada vez más común en internet: la de sentirse atrapado en una realidad extraña y difícil de comprender.
Quizás por eso los Backrooms siguen creciendo. Porque demuestran que, a veces, lo más aterrador no es lo desconocido, sino aquello que parece demasiado familiar.


