Si buscás una comida rápida, rica y con un buen aporte de proteínas, esta pizza de ricota puede convertirse en una gran aliada. Su base se prepara con apenas dos ingredientes, no lleva harina y admite diferentes coberturas.
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El secreto para obtener una textura firme está en utilizar una ricota bien escurrida y cocinar completamente la base antes de agregar la salsa y el queso. De esta manera, mantiene su forma y puede cortarse en porciones con facilidad.
Ingredientes para la pizza proteica de ricota
Rinde una pizza mediana.
Para la base
- 240 gramos de ricota magra
- 2 huevos
- 1 cucharadita de aceite de oliva para la placa
- ¼ de cucharadita de ajo en polvo, opcional
- ½ cucharadita de orégano seco, opcional
- Sal y pimienta a gusto
Para la cobertura
- Salsa de tomate, cantidad necesaria
- Queso mozzarella a gusto
- Tomates cherry, aceitunas, albahaca u otros ingredientes a elección
Preparación
Paso 1: Precalentá el horno a 200 °C. Cubrí una placa con papel manteca y pincelala con el aceite de oliva.
Paso 2: Colocá la ricota en un colador y presioná suavemente para retirar todo el líquido posible. Este paso es fundamental para que la base no quede húmeda.
Paso 3: Procesá o mezclá la ricota con los huevos hasta obtener una preparación uniforme. Si querés, agregá ajo en polvo, orégano, sal y pimienta.
Paso 4: Volcá la mezcla sobre la placa y extendela en forma circular. Procurá que quede pareja y relativamente fina para favorecer una cocción uniforme.
Paso 5: Cociná la base durante aproximadamente 20 a 25 minutos, o hasta que esté firme y sus bordes comiencen a dorarse.
Paso 6: Retirala del horno y dejala reposar durante unos minutos. Cubrila con salsa de tomate, mozzarella y los ingredientes que prefieras.
Paso 7: Llevá nuevamente al horno durante 8 a 10 minutos, hasta que el queso se derrita y la pizza termine de dorarse.
Consejos para que la base quede firme
La ricota debe estar muy bien escurrida. Si tiene demasiado suero, podés dejarla unos minutos dentro de un colador o envolverla en un paño limpio y presionar con cuidado.
También es importante no formar una base demasiado gruesa. Cuanto más fina y pareja sea la capa, más fácil será que pierda humedad y adquiera consistencia.
Antes de colocar la cobertura, verificá que el centro esté completamente cocido. Además, evitá sumar demasiada salsa o ingredientes con mucha agua para que la pizza no se ablande.
