Una separación no siempre llega después de largas conversaciones o de una crisis evidente. A veces, una de las personas de la pareja comunica su decisión cuando la otra todavía cree que hay posibilidades de continuar. Frases como "necesito un tiempo" o "necesito encontrarme" pueden abrir una etapa de desconcierto, preguntas y angustia para quien recibe la noticia.
¿Por qué una decisión que parece repentina para uno puede ser el resultado de un proceso interno que el otro no llegó a advertir? En esta columna, el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin reflexiona sobre el factor sorpresa en las rupturas, las razones que suelen aparecer al anunciar una separación y la tensión entre las necesidades individuales y la vida en pareja.
Factor sorpresa: me quiero separar: la columna de Walter Ghedin
“Así como el ghosting es una forma de dejar al otro sorprendido por una desaparición repentina —algo que sucede con más frecuencia durante la etapa de conquista amorosa—, el factor sorpresa también puede dejar a una persona paralizada ante la decisión de su pareja de separarse.
Sin siquiera esperarlo, aunque pudiera sospechar que la relación estaba llegando a su fin, uno de los miembros de la pareja plantea la necesidad de distanciarse. En general, las explicaciones hacen más referencia a la continuidad del vínculo que a sus causas profundas. Entre los argumentos más comunes aparecen frases como: «Necesito un tiempo», «No estoy en condiciones de seguir», «Me enamoré de otra persona» o, simplemente, «Ya no tengo deseo de estar contigo» y «Si estuve hasta ahora fue por la familia».
Necesito un tiempo
El factor tiempo siempre está presente en el relato de las parejas. El paso de los años puede no haber hecho mella en el vínculo, pero también puede haber instalado el aburrimiento y el desgaste: «Nos aburrimos juntos, ya no hay deseo ni satisfacción de estar juntos».
La duración de una relación debe sopesarse junto con las acciones que se realizan para mantenerla viva. Cuando ya no hay ganas de generar experiencias nuevas, aparece un indicador de falta de conexión entre las partes y las individualidades pasan a ocupar un primer plano: «Lo necesito para mí», «Es mi punto de vista», «Nunca tuve la oportunidad de encontrarme», «No quiero que nadie interceda en mis decisiones».
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El equilibrio entre lo vincular y lo individual es delicado. La comunicación y la búsqueda de acuerdos son sus principales aliados. Individualismo no es lo mismo que autonomía. El primero está centrado exclusivamente en las propias necesidades y no deja espacio para el otro. La autonomía, en cambio, permite sostener los deseos y la proyección personal dentro del contexto de una pareja. Ambas dimensiones pueden potenciarse mutuamente. No hay egoísmo, sino altruismo interaccional.
Tiempo atrás, el argumento «necesito un tiempo» expresaba la necesidad de tomar distancia, con mayores probabilidades de que la relación terminara. Con el tiempo, pedir una pausa se convirtió en una forma más suave y elegante de decir «no va más», sin contar la angustia que genera en el otro la incertidumbre: «¿Lo espero? ¿Hasta cuándo?».
Hay que dejar de lado la esperanza del regreso y hacer una lectura realista del subtexto: pedir un tiempo es una separación, lisa y llana.
Necesito encontrarme
En el país más analizado del mundo, decir «necesito encontrarme» supone una necesidad imperiosa de darle lugar al mundo propio, al universo subjetivo, como si durante todos los años de relación hubiera ocupado un lugar secundario.
Para el otro, puede resultar una sorpresa que, de un día para el otro, la persona con la que estuvo y está necesite reencontrarse consigo misma y, para hacerlo, plantee la separación.
Entiendo que, en tiempos de tantas demandas externas, queda poco espacio para la reflexión y para replantearse la forma de vivir. Las personas piensan en los cambios, pero no siempre los llevan a la práctica. Hasta que todo estalla, son pocas las cosas que se dicen. Y, cuando se dicen, muchas veces quedan en planteos esperanzadores, pero sin decisión ni acción.
Frente a esta situación, surge una pregunta: «¿Por qué no te puedo acompañar en este proceso tan personal? ¿Por qué no lo vivimos juntos?».
Sin embargo, no siempre hay lugar para esa posibilidad. El análisis puede hacerse en soledad o a través de otras alternativas: reencontrarse con amigos, salir, retomar actividades postergadas, viajar y, quizá, conocer un nuevo amor para «ver qué siento».
Tomar distancia para pensar no significa aislarse del mundo. Significa estar con uno mismo en cada acción, en una especie de retiro que no excluye la vida social ni otras relaciones sexoafectivas. La distancia no los convierte en ermitaños: son como adolescentes que viven una nueva oportunidad.”




