Cuando una mujer quiere bajar de peso, uno de los primeros cambios que suele hacer es dejar el pan, las pastas o las harinas. Sin embargo, eliminar estos alimentos no siempre se traduce en los resultados esperados.
Durante la transición a la menopausia, los cambios en la composición corporal, la pérdida progresiva de masa muscular y las variaciones en el descanso pueden influir en el peso. Por eso, en lugar de seguir sumando restricciones, conviene revisar la estrategia de alimentación.
1. No todos los carbohidratos son iguales
Reducir el consumo de harinas blancas refinadas puede ser una buena oportunidad para mejorar la calidad de la alimentación. Pero eso no significa que tengas que eliminar todos los carbohidratos.
La papa, la batata, el arroz integral, la quinoa y las legumbres son opciones que aportan energía y nutrientes. También podés incorporar preparaciones con harinas de garbanzos, trigo sarraceno, almendras o sorgo, según tus necesidades y preferencias.
La clave es variar las fuentes y elegir alimentos que aporten algo más que energía.
2. Revisá qué lugar ocupan las harinas en tus comidas
No es lo mismo comer pan junto con otros alimentos que hacer de las harinas la base de todas tus comidas.
Para lograr una alimentación más completa, combiná los carbohidratos con proteínas, vegetales y grasas saludables. Por ejemplo, si desayunás tostadas, podés acompañarlas con huevos o queso y sumar una fruta si corresponde a tu plan.
Esta combinación ayuda a cubrir tus necesidades nutricionales y a que las comidas sean más completas.
3. No sigas restringiendo sin revisar el conjunto
Si sacaste las harinas y no bajás de peso, eliminar todavía más alimentos no necesariamente va a resolverlo.
Importan las porciones, la frecuencia con la que comés, la calidad general de tu alimentación, el movimiento, el descanso y la conservación de la masa muscular. Después de los 40, cuidar el músculo es una parte fundamental de cualquier estrategia para bajar de peso.
Además, una alimentación demasiado restrictiva puede dificultar que cubras tus necesidades de energía, fibra y otros nutrientes.
Entonces, ¿hay que dejar las harinas?
No necesariamente. Podés reducir las harinas refinadas sin vivir a dieta ni renunciar a los alimentos que disfrutás.
Lo importante es aprender a elegir, combinar y organizar tus comidas de acuerdo con tus necesidades. Y si tenés síntomas persistentes, como cansancio intenso, caída del cabello o cambios digestivos, es importante consultar para evaluar sus posibles causas.
Antes de preguntarte qué alimento tenés que eliminar, preguntate si tu estrategia de alimentación realmente responde a lo que tu cuerpo necesita.
Fuente: Lic. Solange Leban, Nutrición, Mujeres 40+. Instagram: @nutricionconsolange

