La primera visita al Palacio Molina marcó el rumbo del proyecto. Sus muros, columnas y vigas conservaban señales de la antigua fábrica en actividad, pero también de los años de silencio y abandono. Para las creadoras del Espacio 7 de Casa FOA 2026, Cocina y comedor, esas huellas se convirtieron en el punto de partida.

La intención fue conservar esa primera impresión y compartirla con el público. Más que diseñar una cocina dentro de un edificio histórico, la propuesta busca construir un diálogo entre la memoria y el presente, tomando la arquitectura existente como material de trabajo.
Una intervención escultórica que parece flotar
La nueva estructura se apoya en el espacio con una presencia cuidadosamente estudiada. Concebida como una pieza casi escultórica, parece flotar dentro del edificio, permitiendo que las huellas originales sigan siendo visibles.

En su interior aparece un lenguaje contemporáneo, sereno y depurado. El contraste entre la intervención y la riqueza constructiva del Palacio Molina permite apreciar las cualidades de ambos: la precisión de lo nuevo y las texturas que el tiempo dejó en lo existente.
La isla como lugar de encuentro y pausa
La cocina se organiza alrededor de una isla que reúne distintas funciones: encontrarse, crear y detenerse.
Además de ordenar el ambiente, esta pieza expresa la manera de habitar que propone el proyecto. Frente a una vida cotidiana marcada por la velocidad, la cocina ofrece un lugar para desacelerar y conectar con uno mismo.
Preparar una comida y compartir ese momento adquieren así un lugar central dentro de la experiencia del espacio.
Un fondo neutro para destacar la historia
La propuesta trabaja con un fondo neutro que pone en primer plano la arquitectura del edificio. La depuración del conjunto destaca, por contraste, sus muros, columnas y vigas.

Los límites se desmaterializan y permiten que la intervención dialogue con las huellas históricas. Lo contemporáneo enmarca e ilumina lo existente, ofreciendo una nueva manera de observarlo.

La historia del Palacio Molina participa activamente del diseño y aporta una profundidad que forma parte de la identidad de esta cocina y comedor.
Un proyecto que puede retirarse sin dejar huellas
Una de las decisiones más significativas es que la intervención es completamente reversible. Fue concebida para entrar y salir del edificio sin dejar heridas en su arquitectura.
Esta condición traduce el respeto por el patrimonio en una resolución concreta: sumar una nueva capa de uso y de tiempo que pueda retirarse.

El Espacio 7 propone así una cocina contemporánea cuya identidad nace de su relación con el lugar. Un ambiente que invita a hacer una pausa y descubrir cómo el diseño puede renovar la experiencia de un edificio conservando su memoria.
Ficha técnica. El proyecto contó con la colaboración de Oromanta (@oromanta_ar), Fiumine (@fiumine), Kalpakian (@kalpakian.ok), Cronolait (@cronolait), Endless (@endless.studio), Or Iluminación (@or__estudio), Mantillo del Bosque (@mantillodelbosque) y Bauform (@bauformdesign). También participaron Pirámide Home (@stoelzlepartner.ar), Alessi (@alessi_official y @grupomendizabal), Glassanex (@glassanexvidrieria), Rubén Amsel (@rubenamsel), Lara Dron (@marialaradron y @studiomateriacomun), Forte dei Marmi (@marmoleriaforte), Coolhaus (@coolhaus.arq), Forja (@forja.arg) y Federico Kulekdjian (@fedekufoto).

