Rocío Marengo se sumó este sábado a la tradicional peregrinación a la Basílica de Luján y, bajo la lluvia, emprendió el camino con un motivo muy especial: agradecer por el nacimiento de su hijo Isidro, que llegó a su vida en diciembre de 2025.
Antes de salir, la conductora se acercó al cochecito donde descansaba su bebé y le contó con ternura cuál era el motivo de su caminata. “¿Qué pasa, mi amorcito? Voy a ir a agradecer que viniste a mi vida. Te amo, hermoso, te amo. Te amo mucho. Te amo”, le dijo mientras se despedía.
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En medio de ese momento íntimo, también le mostró el atuendo que había elegido para enfrentar la jornada y, entre sonrisas, le preguntó: “¿Te gusta el traje de mamá?”.
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La peregrinación comenzó bajo una persistente lluvia y Marengo se preparó para atravesar el recorrido con un look pensado para la ocasión. Desde Liniers, el punto de partida tradicional, se mostró con un pilotín celeste por encima de la ropa impermeable y un paraguas para protegerse del agua.
A pesar del mal tiempo, la conductora compartió en sus redes distintos momentos del recorrido y fue mostrando cómo avanzaba hacia Luján. A medida que dejaba atrás las distintas localidades del oeste bonaerense, también relataba el camino y el cambio en el clima.
Castelar, Ituzaingó y Merlo fueron algunos de los puntos que quedaron atrás mientras Marengo continuaba con su recorrido. La lluvia persistente dio paso por momentos a un cielo más despejado, pero el motivo de la caminata se mantuvo intacto desde el comienzo: agradecer por el hijo que tanto había esperado.

Rocío Marengo y el nacimiento de Isidro
Isidro nació el 3 de diciembre de 2025, a las 10:54, en el Sanatorio Otamendi de Buenos Aires. Marengo permanecía internada desde el 29 de noviembre, en la semana 33 de gestación, por indicación médica.
El bebé pesó 2,480 kilos y, por haber nacido de manera prematura, permaneció varios días en neonatología.

Tiempo después, Marengo contó detalles de aquella jornada en una entrevista con La mañana con Moria, por El Trece. Según relató, ese día había comenzado con normalidad, pero durante los estudios empezó a plantearse la posibilidad de adelantar el nacimiento.
“Yo ya empecé el día normal, desayuné, me hicieron los estudios y medio que se empezó a hablar de que había que sacarlo”, recordó.

La llegada de Eduardo Fort al sanatorio también fue parte de una jornada que describió como vertiginosa. “Ahí lo llamamos a Edu, que parecía que no llegaba. Entonces, le dicen a mi hermana que estaba conmigo, cambiate y vení vos. Después, llegó Edu también. Fue todo muy a las corridas”, contó.
Marengo también reconoció que sintió miedo ante la posibilidad de que el parto tuviera que adelantarse. “Yo en un momento me asusté y dije, ¿por qué no podemos esperar un poco más? Pero después fue todo maravilloso, mejor que programado”, aseguró.
El primer encuentro con su hijo quedó grabado especialmente en su memoria. “Isidro empezó a llorar y a moverse, pero al segundo me lo pusieron en el pecho y se calmó al toque. No lo puedo creer”, relató.

Tras el nacimiento, el bebé debió permanecer bajo cuidados especiales por su prematurez. “Ya me dijeron que en cualquier momento le sacan un aparatito que le está ayudando a respirar, por las semanas de nacimiento. Así que está todo perfecto”, había contado Marengo durante aquellos primeros días.
Isidro es el primer hijo de Rocío Marengo y el cuarto de Eduardo Fort, quien ya es padre de Macarena y de los mellizos Angie y Pietro.
Casi diez meses después de aquel nacimiento que cambió su vida, Marengo decidió emprender el camino hacia Luján para agradecer. Esta vez, la promesa tuvo un destinatario muy claro: su hijo, a quien antes de comenzar la peregrinación le dijo, con enorme ternura, “voy a agradecer que viniste a mi vida”.


