Pocas construcciones porteñas resultan tan reconocibles como la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, ubicada sobre la Avenida Figueroa Alcorta, en el corazón de Recoleta. Su imponente escalinata, sus enormes columnas y su perfil monumental la convirtieron en uno de los íconos arquitectónicos más fotografiados de la ciudad.
En esta edición de Historias de Cemento, junto a Cementos Avellaneda, exploramos la historia de este edificio que combina solidez, escala y una fuerte presencia urbana, convirtiéndose en una de las obras públicas más representativas de la Argentina del siglo XX.

Un proyecto pensado para trascender generaciones
La actual sede de la Facultad de Derecho fue inaugurada el 21 de septiembre de 1949 y fue diseñada por los arquitectos Arturo Ochoa, Ismael Chiappori y Pedro Vinent. Su lenguaje arquitectónico responde a un estilo neoclásico de inspiración dórica, caracterizado por la monumentalidad de sus proporciones y la ausencia de ornamentos innecesarios.
La construcción fue concebida para transmitir institucionalidad y permanencia. Por eso, cada elemento fue pensado a gran escala: desde la enorme escalinata de acceso hasta las filas de columnas que dominan la fachada principal y le otorgan una imagen solemne y majestuosa.
Además, el edificio se levantó utilizando materiales producidos casi en su totalidad en el país, una decisión que reflejaba la capacidad de la industria nacional para afrontar una obra de semejante magnitud.

De la Manzana de las Luces a Recoleta
Antes de instalarse en su sede definitiva, la Facultad de Derecho recorrió distintos espacios de la ciudad acompañando el crecimiento de la Universidad de Buenos Aires.
Sus primeras actividades se desarrollaron en la Manzana de las Luces y en el Convento de San Francisco, cuando la UBA fue creada en 1821. Décadas más tarde, la institución inauguró su primer edificio propio en Moreno 350, en 1882, inmueble que actualmente alberga el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti.
Con el aumento de la matrícula, la facultad se trasladó luego a un edificio ubicado en Avenida Las Heras 2214, inaugurado parcialmente en 1925 y que hoy es ocupado por la Facultad de Ingeniería de la UBA.
Finalmente, en 1949 abrió sus puertas la sede de Recoleta, concebida para responder a las necesidades de una universidad en constante expansión.

Un gigante de 40.000 metros cuadrados
Con una superficie aproximada de 40.000 metros cuadrados, el edificio alberga algunos de los espacios más representativos de la vida académica de la facultad.
Entre ellos se destacan el Aula Magna, escenario de conferencias, actos y ceremonias; el tradicional Salón de los Pasos Perdidos, uno de los ambientes más reconocidos del conjunto; una importante biblioteca especializada, una pinacoteca y el Museo de la Facultad de Derecho, que resguarda parte de la historia institucional de la casa de estudios.
La combinación de espacios amplios, materiales duraderos y una estructura concebida para perdurar convirtió a esta construcción en una referencia de la arquitectura universitaria argentina.

#TipCementero por Cementos Avellaneda
El actual edificio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Av. Figueroa Alcorta 2263) comenzó a construirse en marzo de 1942 y fue inaugurado el 21 de septiembre de 1949. Proyectado por los arquitectos Arturo Ochoa, Ismael Chiappori y Pedro Vinent tras ganar un concurso nacional, se destaca por su imponente estilo neoclásico inspirado en el orden dórico. La obra abarca una superficie de 40.000 metros cuadrados distribuidos en planta baja, piso principal y dos pisos altos.
Además, fue levantada sobre los terrenos de los antiguos filtros de Obras Sanitarias, una particularidad que explica la presencia en sus subsuelos de instalaciones singulares, como una gran piscina cubierta y un gimnasio. Su fachada monumental, uno de los rasgos más distintivos del edificio, está coronada por una extensa escalinata que conduce a un pórtico sostenido por 14 columnas monumentales de piedra.
Más de siete décadas después de su inauguración, la Facultad de Derecho continúa siendo mucho más que un centro de formación académica. Su arquitectura monumental, su valor histórico y su presencia urbana la consolidan como uno de los grandes símbolos de Buenos Aires, un edificio que sigue impresionando a quienes suben sus escalinatas por primera vez y a quienes lo observan cada día desde los parques de Recoleta.