Mabel tiene 62 años y acaba de convertirse en mamá por primera vez. Después del nacimiento de David, que pesó 2,750 kilos y nació por cesárea en el Hospital San Felipe de San Nicolás, la mujer habló sobre el largo camino que recorrió para cumplir un deseo que, según contó, la acompañó durante toda su vida.
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En diálogo con Diario EL NORTE, relató que hacía muchos años había entrado en la menopausia, pero que eso nunca significó que abandonara su deseo de ser madre.
“Yo hace muchísimos años quedé menopáusica, pero siempre tuve el deseo de ser madre”, contó. Y agregó: “Nunca me di por vencida, ni aun vencida”.
“Siempre sentía en mi corazón que iba a ser madre”
Mabel contó que durante años sostuvo ese deseo y que la fe tuvo un lugar central en su historia. “Soy de mucha fe, así que oraba, ponía la mejor energía y aparte sentía, sentía en mi corazón que iba a ser madre”, relató.
Finalmente, tomó la decisión de buscar una alternativa médica y pidió un turno en un instituto de Rosario con el doctor Matías Colavianchi.
Según explicó, su edad no fue un obstáculo para iniciar el tratamiento y, debido a que ya no contaba con óvulos propios, recurrieron a la donación.
“A mi edad no tengo óvulos, así que fue todo por donación y todo salió perfecto”, explicó.
El procedimiento consistió en la formación de un embrión que luego fue transferido a su útero. Mabel contó que logró quedar embarazada rápidamente.

“Me hicieron un embrión, formaron un embrión y me lo colocaron en el útero y bueno, prendió enseguida, me reembaracé enseguida”, relató.
A partir de allí, comenzó un embarazo que describió como una experiencia muy positiva y que transcurrió bajo seguimiento médico.
“Llegó David y llevé un embarazo hermoso. Estoy muy feliz”, expresó.
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“Yo sabía lo que me faltaba: ser madre”
Más allá del tratamiento y de la posibilidad que le dio la medicina reproductiva, Mabel explicó que la maternidad representaba para ella un deseo profundo que había permanecido durante décadas.
Incluso contó que desde muy joven tenía la sensación de que iba a ser madre.
“Siempre quise ser madre, siempre, siempre”, afirmó. “Siempre intuí desde que tenía 15 años que yo iba a ser madre. Esas cosas de la vida”.
Al mirar hacia atrás, la mujer aseguró que durante años sintió que había algo que le faltaba, aunque no se trataba de un viaje, un proyecto profesional o alguna otra meta personal.
“Ahora me siento realizada y ahora soy feliz. Mirando hacia atrás no era feliz”, reflexionó.
Y explicó: “Llegaba la noche y sentía, me faltaba algo. Yo sabía lo que me faltaba. No era que me faltaba, qué sé yo, escribir un libro, hacer un viaje, no. Yo sabía por dónde venía: ser madre”.

“No tuve miedo al qué dirán”
Mabel también contó que nunca sintió temor por los posibles prejuicios que pudiera generar su decisión de buscar un embarazo a los 62 años.
“No tuve miedo a esas cosas porque si no, no hubiese llevado a cabo el tratamiento”, sostuvo.
Para ella, la clave estuvo en priorizar su propio deseo por encima de la mirada ajena.
“Pensé en mi felicidad”, explicó. “Porque si uno piensa en el qué dirán, en el vecino, no hacés nada y llegás a ser una persona infeliz toda tu vida”.
En ese sentido, dejó una de las frases más contundentes de su testimonio: “Yo fui en busca de lo que yo quería. Coraje, coraje para ser feliz”.
Y concluyó: “Mi felicidad es ser madre, ya está, lo logré. Son bendiciones”.
La fe como parte fundamental de su historia
Durante la entrevista, Mabel también habló del lugar que tuvo su fe a lo largo de los años y contó que durante mucho tiempo pidió poder cumplir su deseo de ser madre.
“En mis últimos tiempos, años, años orando, pidiéndole a Dios: ‘Dame un hijo’”, relató.
Para ella, además del avance de la ciencia, la actitud personal fue fundamental para atravesar el proceso.
“Hay que tener fe y hay que poner actitud a la vida y ser positivo”, sostuvo.
Y agregó una reflexión dirigida a otras mujeres que atraviesan situaciones relacionadas con la maternidad y la menopausia: “No teman, las que no tienen hijos por la menopausia, no. Todo se puede, todo se trata”.
Mabel también aclaró que cada caso es diferente y destacó que tuvo la posibilidad de contar con un útero sano, algo que, según explicó, fue importante para poder llevar adelante el embarazo.
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“Todavía no me doy cuenta de que ese niñito es mío”
Aunque acaba de atravesar un momento que esperó durante muchos años, Mabel reconoció que todavía está procesando la llegada de David.
Cuando le preguntaron si era consciente de la dimensión de lo que acababa de vivir, respondió con absoluta sinceridad: “No, no me doy cuenta”.
“Sé que se hace afuera del país, pero todavía no me doy cuenta que tuve un hijo”, contó.
Y, emocionada, agregó: “Todavía no. Mi cabeza no entra. Todavía no me doy cuenta de que ese niñito que está ahí es mío”.
David nació durante la mañana en el Hospital San Felipe, pesó 2,750 kilos y, según contó su mamá, se encontraba sano. Después de la cesárea permaneció momentáneamente en Neonatología, mientras Mabel se recuperaba.
“Estoy muy feliz”
La mujer también tuvo palabras de agradecimiento para los profesionales que la acompañaron durante todo el proceso. Destacó especialmente a su obstetra, la doctora Romina Ruffini, quien siguió su embarazo y estuvo presente durante la cesárea.
“La cesárea, excelente. Todo, todo divino”, contó.
También recordó con gratitud al doctor Matías Colavianchi, quien llevó adelante el tratamiento de fertilidad, y al equipo del Hospital San Felipe, institución en la que decidió atenderse.
Ahora, con David finalmente en sus brazos y después de tantos años de espera, Mabel disfruta de una maternidad que durante mucho tiempo imaginó y buscó.
“Estoy muy feliz”, repitió al cerrar su testimonio. Y volvió a mencionar aquello que, para ella, fue una de las claves para llegar hasta este momento: “Gracias a Dios, porque sin fe nada se logra”.

