En este departamento, el diseño se construye sin estridencias: off white, beige, visón y tierras dialogan con maderas, piedras y texturas para crear ambientes serenos y conectados.
Un proyecto de las arquitectas Sol Gicovate y Maia Chame que encuentra su identidad en las variaciones de una misma paleta.
La búsqueda del proyecto parte de una idea muy clara: construir espacios serenos y envolventes, donde la materialidad, las texturas y las variaciones sutiles de una misma paleta fueran las grandes protagonistas.
Living y comedor: integración natural

En el living, esa premisa se traduce en una gran piel que envuelve y unifica el espacio con el comedor. Gran parte de la caja está revestida en madera de kiri, con un tratamiento especial de blanqueado que la lleva hacia una tonalidad muy desaturada. El resultado funciona casi como un fondo neutro, capaz de integrar el equipamiento sin generar grandes contrastes.
Sobre esa base se construye una paleta prácticamente monocromática de off white, beige y visón, enriquecida por diferentes texturas.
El arte ocupa un lugar central: una obra de hierro, enmarcada por el revestimiento de madera e iluminada especialmente, organiza visualmente el ambiente y refuerza un eje de simetría.

El comedor continúa naturalmente el lenguaje del living. La misma lógica material y cromática hace que ambos ambientes se perciban como parte de un único conjunto, sin perder su identidad.
La gran mesa, de tres metros por un metro cincuenta, y las sillas mantienen la tonalidad de la madera. Para los tapizados se eligió un cuero muy cercano a ese mismo tono, reforzando la apuesta por una monocromía cálida y sofisticada.


En las estanterías vuelve a aparecer la piedra utilizada en el living, un recurso que funciona como hilo conductor entre ambos sectores. Y sobre la mesa, una pieza de iluminación de gran escala se convierte en protagonista. Está compuesta por seis artefactos lineales más pequeños, realizados en madera y de formas orgánicas.

El negro aparece apenas como contrapunto en los rieles de iluminación, las estructuras de los sofás y algunas mesas ratonas y de arrime, cuyas formas escultóricas suman carácter.
Una cocina con la llama de la atención

En la cocina, el proyecto cambia de registro. En lugar de envolver el espacio con una única materialidad dominante, se eligió una base deliberadamente neutra y luminosa.
Los muebles blancos se combinan con un mármol de fondo también blanco, atravesado por una veta marcada que aporta movimiento y personalidad. Sobre esta base serena, algunos elementos aparecen estratégicamente.

La madera se utiliza de manera puntual: en las cortinas de tablas tipo americanas y en la mesa circular del comedor diario. Son intervenciones precisas que aportan calidez y contraste, sin alterar la sensación de amplitud y luminosidad buscada para este sector.
Mirá También

Johanna Wilhelm “hace magia” con el universo de Disney reinterpretado por artistas argentinos
Dormitorio: calma y estilo

Para la suite principal, la intención fue profundizar esa sensación de calma y llevarla hacia una atmósfera más íntima y envolvente.
El punto de partida fue un visón oscuro, utilizado para entelar las cuatro paredes con un género de lino grueso. Así, el dormitorio se transforma en una verdadera caja texturada, cálida y contenida.
El respaldo de la cama baja apenas dos tonos dentro de la misma gama, generando una diferencia sutil y sofisticada. Las mesas de luz, diseñadas y fabricadas a medida, incorporan tapas de piedra marrón veteada y completan la paleta de colores tierra.

El único gesto cromático aparece en las cintas terracota de los veladores. Un pequeño acento inesperado que se despega del conjunto y demuestra que, incluso dentro de una composición monocromática, un detalle puede hacer la diferencia.
En el baño, la búsqueda de una paleta serena y continua se lleva a su máxima expresión. El limestone beige reviste las paredes y también aparece en la mesada con pileta armada, generando una lectura homogénea y envolvente del espacio.

Los colgantes de iluminación, de carácter escultórico, permanecen dentro de la misma gama de tonos tierra. Esta vez, el contraste no está dado por el color sino por la forma: su morfología se convierte en el gesto protagonista de un ambiente pensado desde la sutileza.
En los dormitorios secundarios, el proyecto explora distintas maneras de integrar descanso, guardado y estudio sin perder la unidad estética del conjunto.
La organización se simplifica al máximo: respaldo de cama, mesa de luz, escritorio y estantes se concentran sobre una única pared, construyendo una gran composición continua. Dos tipos de trama permiten diferenciar visualmente el sector de dormir del área de estudio, sin necesidad de recurrir a divisiones físicas.
El respaldo y la alfombra comparten tonalidad, mientras que los apliques, las cortinas, el cubrecama y la silla aparecen en off white. El resultado es un contraste suave que despega estos elementos de la pared principal.
En lugar de sumar color, el proyecto apuesta nuevamente por las variaciones de un mismo tono y por el diálogo entre materiales y texturas. El resultado: cuartos sobrios, simples y con identidad.
Producción: Vicky Blanco. Fotos: Rocío Bustos.





