Rocío Marengo se sumó este sábado a la tradicional peregrinación a la Basílica de Luján con un motivo muy especial: agradecer por Isidro, su hijo, a quien considera el regalo más grande de su vida. Después de completar el recorrido, la modelo y conductora compartió un extenso mensaje en sus redes sociales en el que habló del esfuerzo que implicó la caminata, pero también de todo lo que atravesó en el camino hacia la maternidad.
La llegada a Luján había estado marcada por la emoción. Rocío mostró imágenes dentro de la Basílica, donde se la vio conmovida y también compartió el papel que había preparado para dejarle a la Virgen. Allí escribió: “Gracias virgencita por el regalo más grande. Gracias por Vito!!! Te amo”.
En su publicación, además, resumió el sentido de la peregrinación con una frase breve: “Gracias por Vito 🙌🏻🕊️ Te amo virgencita”.

Pero horas después decidió profundizar en todo lo que había significado la experiencia y publicó una extensa reflexión en sus Historias de Instagram. Allí agradeció a quienes la acompañaron y contó cómo fue atravesar las 12 horas de caminata.
“Gracias a todos y cada uno de los que hicieron más llevadera mi peregrinación”, comenzó. En especial, destacó a la parroquia San Patricio, con la que ya había tenido la oportunidad de peregrinar en otra ocasión, y a sus amigas, que la acompañaron durante todo el trayecto.
“Cuando una caía la otra la levantaba y seguíamos... vivimos algo hermoso”, escribió sobre el grupo que caminó junto a ella.
Rocío Marengo y el difícil camino hacia la maternidad
A medida que avanzaba en su reflexión, Rocío dejó en claro que la peregrinación también estuvo atravesada por su historia personal. Sin entrar en detalles sobre cada una de las situaciones que enfrentó, se refirió a un recorrido que no fue sencillo y que encontró en la fe uno de sus principales apoyos.
“Gracias por acompañarme, por conocer mi historia, por respetar y empatizar conmigo... por entender que donde estoy no fue fácil”, expresó.
Y fue entonces cuando hizo una de las referencias más fuertes de su mensaje: “Cuando la vi mal, me apoyé en la Virgen y en Dios”.

Sus palabras adquirieron especial significado después de que contara que había realizado la peregrinación, justamente, para agradecer por Isidro. La llegada de su hijo significó para Marengo la concreción de un deseo muy profundo, después de una etapa especialmente movilizante en su camino hacia la maternidad.
Isidro nació el 3 de diciembre de 2025 en el Sanatorio Otamendi de Buenos Aires, durante la semana 33 de gestación. El bebé pesó 2,480 kilos y, por haber nacido prematuro, permaneció varios días en neonatología.
Desde entonces, Rocío fue compartiendo distintas postales de su nueva vida como mamá y el profundo vínculo que construyó con su hijo. Por eso, al llegar a Luján, eligió poner ese agradecimiento en el centro de su peregrinación.

El esfuerzo de las 12 horas de caminata
En su mensaje, Marengo también describió con crudeza cómo se sintió durante el recorrido y reconoció que hubo momentos en los que pensó que había llegado a su límite.
“El cuerpo pesa, se pone como una roca, las pantorrillas se te ponen como de madera, la mente en off total y una siente que llegó al límite...”, contó.

Pero también habló de aquello que aparece cuando las fuerzas empiezan a faltar: “Pero aparece algo que te da ese pelín que seguís”.
Ese “algo” fue, en su caso, también la compañía de sus amigas, el aliento de las personas que se cruzó durante la caminata y, especialmente, su fe.
Rocío agradeció además a quienes, aun sin conocerla personalmente, se acercaron durante el recorrido para saludarla, conversar unos minutos o simplemente darle fuerzas para continuar.
“Gracias por quererme y querer a mi bebé. Gracias por ser parte de mi camino”, escribió al final de su mensaje.
Así, la primera peregrinación de Marengo adquirió un significado que fue mucho más allá de completar los kilómetros hasta Luján. Fue su manera de agradecer por Isidro y de poner en palabras, frente a la Virgen, todo aquello que atravesó para llegar hasta este presente.


