Argentina encabeza el ranking mundial de estrés y ansiedad, con un 49% de la población adulta que reporta altos niveles de tensión, según datos de Statista Consumer Insights. En este contexto, el impacto en la salud mental se vuelve un tema central, especialmente en las mujeres, que muchas veces sostienen simultáneamente el trabajo, la crianza y la organización familiar.
Para entender qué implica vivir en “modo alerta permanente”, cómo se manifiesta el estrés en el cuerpo y qué se puede hacer para regularlo en la vida cotidiana, Para Ti conversó con la médica clínica Evelin Zamorano, especialista en Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) y Medicina del Estrés.

“El impacto es profundo y muchas veces silencioso”
-Argentina lidera el ranking mundial de estrés y ansiedad. Desde tu experiencia, ¿cómo impacta este contexto especialmente en las mujeres, que muchas veces sostienen simultáneamente el trabajo, la crianza y la organización familiar?
-El impacto es profundo y muchas veces, silencioso. Desde la ciencia sabemos que el cuerpo humano está diseñado para tolerar picos de estrés agudo, pero no para vivir en un estado de alerta constante. En nuestro país, el contexto sociopolítico y económico funciona como un estresor crónico que mantiene a nuestro sistema nervioso simpático encendido todo el tiempo.
A esto se le suma la "carga mental": el trabajo invisible de anticipar, planificar y sostener la dinámica familiar. Lo que veo todos los días en mi consulta y en las mujeres que asisten a mis talleres de manejo del estrés, es un agotamiento vital. Llegan intentando ser profesionales excelentes, madres presentes y parejas conectadas, pero sintiendo que nunca es suficiente a pesar de dar el 100% cada día.
Biológicamente, esto se traduce en niveles de cortisol crónicamente elevados, y emocionalmente, en una pérdida de tiempo y espacio para habitarse a sí mismas.

Señales de alerta: cuando el estrés deja de ser “normal”
-¿Qué señales físicas y emocionales deberían alertar a una mujer de que el estrés dejó de ser algo “normal” y ya está afectando seriamente su salud?
-El cuerpo siempre nos habla antes de gritar, el problema es que tendemos a normalizar el malestar. Un poco de estrés es necesario para movernos, pero cuando cruza el límite de lo saludable, el cuerpo empieza a emitir señales de auxilio.
Señales físicas: la alteración del sueño es la primera bandera roja. También aparecen la fatiga crónica (levantarse ya cansada), problemas gastrointestinales (el intestino es nuestro segundo cerebro), tensiones musculares como el bruxismo o dolor cervical, y desajustes hormonales o inmunológicos, como enfermarse más seguido.
Señales emocionales y cognitivas: la señal más clara es la anhedonia, que es la incapacidad de disfrutar de las cosas simples que antes daban placer. También la irritabilidad constante, la “neblina mental” (olvidos o falta de concentración) y la desconexión emocional con los hijos o la pareja.
Cuando sentís que vivís en piloto automático y reaccionás desde la defensa en lugar de responder desde la consciencia, el estrés tomó el mando. Pero no es una condena: es la señal que pide recalibrar.
Estrés, economía y vínculos familiares
-Muchas familias viven con preocupación económica e incertidumbre constante. ¿Cómo influye ese estado de alerta permanente en los vínculos familiares y en la crianza de los hijos?
-Influye de manera directa porque el estrés es contagioso. Cuando los adultos vivimos con incertidumbre financiera, nuestro cerebro, específicamente la amígdala, interpreta que estamos bajo amenaza. Y cuando estamos en “modo supervivencia”, nuestra capacidad para la empatía, la paciencia y la conexión profunda se apaga o disminuye.
En la crianza esto es vital. Los niños son esponjas neurobiológicas: no solo escuchan lo que decimos, sino que sienten y absorben nuestro estado nervioso. Si los padres están crónicamente tensos, los chicos lo perciben como falta de seguridad y pueden manifestarlo con berrinches o problemas de sueño.
La incertidumbre económica nos roba presencia. Nos quita la capacidad de jugar de verdad, de escuchar con atención y de ser el “puerto seguro” que los niños necesitan para regular sus emociones.

Cómo bajar el estrés en la vida cotidiana
-En un contexto tan demandante, ¿qué pequeños cambios concretos pueden ayudar a una mujer y a su familia a bajar los niveles de estrés y recuperar bienestar emocional?
-No podemos controlar las demandas externas, pero sí podemos aprender a gobernar nuestro mundo interior. La clave no está en sumar más tareas, sino en incorporar micro-hábitos que le envíen señales de seguridad al cerebro.
Respiración y pausas conscientes: hacer pausas de 2 minutos, tres veces al día con respiraciones profundas, exhalando más lento de lo que se inhala. Esto estimula el nervio vago y frena la respuesta de estrés.
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Despedir al perfeccionismo: aceptar que no todo tiene que ser perfecto. Bajar la autoexigencia es un acto de amor propio. La familia no necesita una madre perfecta, sino una madre que esté bien.
Higiene tecnológica: proteger la primera y la última hora del día, evitando noticias y redes sociales al despertar o antes de dormir.
Conexión real: el antídoto biológico del estrés es la co-regulación. Un abrazo sostenido, mirarse a los ojos sin pantallas o reírse juntos. Volver a lo simple repara el cerebro y devuelve el equilibrio.
Sobre la especialista
La Dra. Evelin Zamorano es médica clínica, especialista en Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) y Medicina del Estrés, periodista médica y autora del libro Alquimia, del deber al ser. Instagram: @draevelinzamorano




