Los abuelos y los nietos, los más afectados emocionalmente en esta cuarentena

El distanciamiento social que impone la pandemia por coronavirus impide que abuelos y nietos se puedan ver. ¿Cómo les afecta esto emocionalmente tanto a los adultos mayores como a los chicos? Mauricio Strugo, psicólogo y sexólogo, especialista en vínculos, nos habla de esta cuestión.
El distanciamiento social afecta emocionalmente a los chicos y sus abuelos. Foto: 123RF.

Cuando una persona mayor se jubila, lo primero que le recomiendan es no aislarse, estar en contacto, asistir a algún centro de jubilados, tener amistades y pasar el menor tiempo posible encerrados para que no se depriman.

Dentro de esa nueva realidad también se incluye la familia como sostén importante de esa transición, y los nietos -si quienes se jubilan tienen la fortuna de tenerlos- brindan la posibilidad de vitalizarlos, muchos más que el mejor complejo vitamínico que puedan recomendar desde la medicina.

Además de mantenerlos activos con la energía particular de los niños, también les dan una posibilidad de reparar heridas de sus relaciones con sus hijos a través del amor a sus nietos, como si fuera una segunda oportunidad de conectarse con el amor con mucha más experiencia y madurez que en el allá y entonces, cuando ellos fueron padres.

La relación de los nietos con los abuelos suele ser de mucha complicidad, con ellos los niños pueden disfrutar ya que no están para educarlos; con ellos los niños tienen adultos que los consienten y no les piden que hagan tareas ni nada a cambio, como a veces hacemos los padres.

¿Quién al hablar de los abuelos no se emociona? ¿Quién no conserva en sus haberes anécdotas de abuelos en donde nos refugiábamos de nuestros padres cuando hacíamos macanas?  ¿Quién al cerrar los ojos no se conecta con el aroma y luego el sabor de las comidas preparadas en la casa de ellos?

Lo que se perdió con la pandemia

Hoy nos encontramos con una realidad que se nos impuso de golpe a todos, sin aviso previo, que vino a interrumpir rutinas establecidas en la vida de todos y mucho se habla de la escuela, de los trabajos, pero poco o nada sobre la que tenían establecida como un espacio de retroalimentación positiva entre los abuelos y sus nietos.

Esta clarísimo que la imposibilidad de verse responde a recomendaciones sanitarias, pero eso no impide que no tengamos que analizar que cuando a una persona antes de todo esto, al dejar de trabajar y pasar a retiro, se le recomienda mantenerse activo y estar atentos a sus vínculos, precisamente no nos encontremos ante un dilema entre la salud física y la salud emocional.

Sin salud física no hay posibilidad de ocuparse de lo psíquico, pero a la vez es inevitable tener en cuenta que el estar deprimidos y angustiados por el encierro y la posibilidad de ver a los nietos -como una de las actividades que siempre refieren los abuelos que les hace tanto bien- no genere personas con sistema inmunológicos también deprimidos, mucho más predispuestos a la entradas de virus y bacterias, de las que se supone, los estamos cuidando mediante el aislamiento social. 

Muchas personas mayores por la vida misma han perdido ya a sus compañeros, otros todavía tienen la suerte de estar juntos, algunos iban a buscar a los niños a sus escuelas, otros tenían asignado días y unos cuantos directamente cuidaban a sus nietos compartiendo prácticamente todo el día, mientras sus hijos, nueras y yernos salían a trabajar.

Ahora están allí en sus departamentos minúsculos, encerrados y con miedo y sin entender, porque nadie se hizo tiempo de explicarles, y porque nadie sabía que esto iba a pasar, como hacer para comunicarse utilizando pantallas, ni siquiera eso, que no es lo mismo que la presencia, pero al menos es algo.

Lo traumático que nos dejará la cuarentena

Qué buena carga de combustible implicaría que nuestros hijos, hartos de nosotros (¿o acaso creen que sólo los papás estamos cansados de ellos luego de estar 24 horas los 7 días a la semana?) compartieran un poco de abuelazgo y éstos los malcriaran muchísimo por un rato, para luego abuelos y nietos pudieran seguir aguantando esta cuarentena que se alarga y se alarga, pareciendo que viviremos así de aquí en más.

Tenemos la suerte de poder prevenir y cuidarnos, cuidar a los demás y no por obligación (como ocurriría en el caso de una guerra o alguna tragedia ambiental, donde enseguida empezarían a faltar los recursos básicos para sobrevivir).

Pero contemplando el todo y albergando la esperanza (si no ¿qué nos queda?) de que podamos de a poco ir recuperando algo de la rutina, que probablemente ya no será la de antes, también tenemos que contemplar lo psicológico, el impacto de todo esto en el “aquí y ahora” y también lo traumático que nos acompañara durante un tiempo bastante considerable a todos los que hemos pasado por este maldito virus que ha manera de sobrarnos tiene corona, como si hubiera venido a imponer su reinado ante nosotros, que por momentos nos creíamos invencibles como humanidad.

Quizás para cuidar a nuestros abuelos tengamos que devanarnos los sesos pensando maneras creativas de contacto que sirvan para que tanto ellos como sus nietos, carguen al menos un cuarto de combustible y no anden en reservas, para poder hacerle frente a lo que queda de cuarentena. Para que cada vez falte menos para vernos, soñando con ese abrazo interminable donde aparezca toda la emoción que quizás con nosotros como padres no se permitieron al tomarse tan enserio su papel de adultos educadores.

Por unos instantes cierro los ojos y pienso ¡Cómo me gustaría recibir a mi un abrazo así de mis abuelos!

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Asesoró: Mauricio Strugo, psicólogo y sexólogo, especialista en vínculos, (@mauriciostrugo). Autor del libro: ¿Padres o Parejas? La Oportunidad de crecimiento al convertirse en Familia y su versión (Editorial Independiente) y su versión digital: “Antes pareja, ahora padres” (BajaLibros).

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