A los 19 años, Felipe Prisco comienza a construir su propio camino en la moda argentina con una mirada que combina alta costura, artesanía y una fuerte sensibilidad artística. El diseñador mendocino presentó el sábado 31 de octubre una nueva colección en un desfile que fue mucho más allá de una presentación tradicional: una experiencia inmersiva que invitó a reflexionar sobre la espiritualidad, la conexión interior y la necesidad de recuperar aquello que muchas veces dejamos de escuchar.
Con producción general de UEST, el evento se realizó en el histórico Salón Elina Alba, ubicado en el antiguo edificio del Banco Hipotecario de Mendoza. Allí, la arquitectura patrimonial, la música en vivo, la ópera y una elaborada puesta en escena acompañaron una colección que demandó seis meses de preparación.
La propuesta reunió a más de 25 modelos, una orquesta de 14 músicos y un equipo de más de 55 personas trabajando detrás de escena. Todo para dar vida a un universo creativo donde cada vestido formó parte de un relato más profundo.

Felipe Prisco: de aprender a coser con su abuela a crear alta costura a los 19 años
La historia de Felipe Prisco con la moda comenzó mucho antes de sus primeros desfiles. Desde chico sintió una fuerte inclinación por las expresiones artísticas. La pintura, la creación manual y el trabajo con distintos materiales fueron sus primeros acercamientos a un universo que, con el tiempo, encontraría en la indumentaria su principal forma de expresión.

Su interés por la confección nació gracias a su abuela, quien le enseñó los primeros pasos de la costura. A partir de aquellas enseñanzas, el joven comenzó a formarse de manera autodidacta, investigando técnicas de moldería, construcción de prendas y diseño hasta desarrollar su propio lenguaje estético.
Con apenas 19 años, ya se dedica a la alta costura femenina y ha participado en cinco desfiles. Entre sus experiencias anteriores se encuentra una presentación en el Hilton de Puerto Madero, en Buenos Aires, en una producción acompañada por Ingrid Grudke.

Sin embargo, esta última colección representó un desafío diferente: por primera vez pudo desarrollar una puesta de gran escala alrededor de una historia profundamente personal.
Una colección inspirada en la espiritualidad y la necesidad de volver a conectar

La nueva propuesta de Felipe Prisco nació de una reflexión íntima sobre la fe, la espiritualidad y la relación con uno mismo. El diseñador buscó representar esas partes de nuestra identidad que, con el paso del tiempo, quedan relegadas por las obligaciones, las rutinas y el ritmo de la vida cotidiana.

La idea central fue explorar la necesidad de desconectar del exterior para recuperar la conexión con nuestro mundo interior. Para transmitir este concepto, Prisco decidió que los vestidos no podían ser los únicos protagonistas. La música, la iluminación, la escenografía y las intervenciones artísticas debían formar parte de una misma narrativa.

Así surgió una presentación concebida como un recorrido emocional, donde la moda funcionó como un lenguaje para expresar sentimientos, recuerdos y símbolos.
Un edificio histórico transformado en una casa abandonada
Uno de los grandes atractivos del desfile fue la elección del escenario. El Salón Elina Alba, en el antiguo Banco Hipotecario de Mendoza, es parte de un edificio patrimonial con más de un siglo de historia. Su arquitectura se convirtió en un elemento fundamental de la propuesta artística.

Para la ocasión, el espacio fue ambientado como una casa abandonada, una metáfora de la mente y de esa espiritualidad que muchas veces queda olvidada. Telas blancas cubrían las sillas, los muebles y diferentes sectores del edificio, creando una atmósfera íntima, misteriosa y suspendida en el tiempo.
La intervención buscó dialogar con la arquitectura original sin ocultarla, aprovechando la fuerza del lugar para construir una experiencia visual que acompañara el concepto de la colección.

Alta costura artesanal: corsetería, bordados y vestidos con más de 3.000 plumas
La colección puso en primer plano uno de los grandes pilares de la identidad de Felipe Prisco: la corsetería. Esta técnica, característica de sus diseños, fue reinterpretada desde una mirada contemporánea, incorporando referencias religiosas, simbologías y detalles que evocaban la espiritualidad sin limitarse a una tradición religiosa específica.

Cada creación fue desarrollada artesanalmente, con un trabajo minucioso sobre las estructuras, los materiales y los bordados. Entre las piezas más elaboradas se destacaron vestidos que incorporaron más de 3.000 plumas bordadas a mano, un proceso que demandó innumerables horas de trabajo.

La colección combinó la construcción propia de la alta costura con recursos visuales cargados de simbolismo. Cada look fue pensado como una pieza individual, pero también como parte de una historia colectiva que evolucionó a lo largo de la presentación. El estilismo estuvo a cargo de Pía Cadús, quien trabaja con la marca desde hace dos años y participó en el desarrollo de la propuesta visual.

Además de los vestidos, se diseñaron especialmente los zapatos, tocados y accesorios de cada salida, con el objetivo de lograr una identidad integral para cada conjunto.
Una orquesta en vivo y cantantes de ópera: el desfile que se convirtió en una experiencia artística
La música fue otro de los grandes pilares de la presentación. El desfile se estructuró en cinco momentos musicales, cada uno dedicado a representar una etapa diferente de la conexión espiritual que inspiró la colección. En cada segmento desfilaron cinco modelos, dando forma a una secuencia visual que evolucionó junto con la música.
La puesta contó con la participación de una orquesta de cámara de 14 músicos, dirigida por Augusto Cestino, que interpretó en vivo las composiciones elegidas para acompañar los distintos momentos.

Pero hubo una intervención especialmente sorprendente. Cuatro cantantes de ópera se encontraban distribuidos entre los invitados sin haber sido anunciados. En determinados momentos de la presentación, se levantaron de sus lugares y comenzaron a cantar, transformando por completo la atmósfera del salón. La combinación entre música en vivo, voces líricas, arquitectura histórica y alta costura convirtió al desfile en una experiencia que buscó estimular diferentes sentidos.


UEST y una producción de gran escala para celebrar el diseño argentino
La producción general estuvo a cargo de UEST, con Victoria Gasull como una de las figuras centrales en el desarrollo y la organización del evento. La realización involucró a más de 55 personas trabajando en backstage, además de los equipos de fotografía, filmación, estilismo y producción.

La presentación fue concebida como un evento privado para aproximadamente 200 invitados vinculados con el arte, la moda, los medios de comunicación y la cultura.

La magnitud de la puesta permitió mostrar no solamente el trabajo de un joven diseñador, sino también la capacidad de articular distintas disciplinas artísticas alrededor de un mismo concepto creativo.
Felipe Prisco y una nueva generación de diseñadores argentinos
Con esta colección, Felipe Prisco dio un paso importante en su recorrido dentro de la alta costura. Su propuesta combina técnicas tradicionales de confección, un fuerte componente artesanal y una búsqueda estética que encuentra inspiración en sus propias experiencias.
La decisión de crear un desfile donde la escenografía, la música y las intervenciones artísticas tuvieran tanto protagonismo como los vestidos refleja una manera de entender la moda que trasciende la indumentaria.

Detrás de esta presentación también aparece una historia de perseverancia: la de un chico que comenzó aprendiendo a coser con su abuela y que, años después, logró reunir a un equipo de más de 55 personas para materializar una idea que durante mucho tiempo había existido solamente en su imaginación.
A los 19 años, Felipe Prisco demuestra que la nueva generación del diseño argentino tiene mucho para contar y que la moda puede convertirse en una experiencia capaz de emocionar, transmitir ideas y conectar con quienes la observan.
Una colección donde el verdadero protagonista no fue solamente lo que se vio sobre la pasarela, sino también aquello que cada creación buscó hacer sentir.
Fotos: @ph.robles/ @ph.flormolina


