¿Cómo renovar una marca que convirtió la provocación en su sello? Esa era la pregunta que acompañaba el debut de Loris Messina y Simone Rizzo como directores creativos de Moschino. Después de la salida de Adrian Appiolaza, el dúo fundador de Sunnei asumió el desafío de llevar la casa italiana hacia una nueva etapa.

Su respuesta llegó en la Semana de la Moda de Milán con la colección primavera/verano 2027. La puesta en escena convirtió la azotea del Unipol Dome en una escena urbana: personas que hablaban por teléfono, paseaban perros o parecían volver del trabajo se cruzaban con las modelos, que avanzaban en dirección contraria.

En ese encuentro entre la rutina y la pasarela apareció la primera pista de su propuesta: hacer que Moschino dialogue con la ropa de todos los días.

El humor de Moschino, en voz más baja

Desde sus comienzos, Franco Moschino usó la moda para jugar con sus propias reglas. La sastrería, los objetos cotidianos, los eslóganes y las ilusiones visuales le permitieron cuestionar el lujo sin perder el placer de vestirse. Messina y Rizzo retomaron esa actitud, aunque eligieron expresarla de otra manera.

En su debut, la ironía apareció en los detalles. Hubo colores vibrantes, flecos de gran tamaño sobre bermudas y vestidos, volúmenes que exageraban las caderas y bolsos con forma de gato. Son guiños capaces de llamar la atención, integrados en prendas que también invitan a imaginarse fuera de la pasarela.

Una nueva etapa para la firma italiana

El dúo ya había demostrado en Sunnei su interés por convertir los desfiles en experiencias inesperadas. Para Moschino conservó esa curiosidad, pero la puso al servicio de una pregunta distinta: cómo hacer que una casa conocida por su extravagancia se sienta actual.

Moschino 
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La colección primavera 2027 ensaya una respuesta a través del contraste. Frente a una multitud vestida para seguir con su día, las modelos llevan prendas que destacan sin quedar encerradas en el espectáculo. La fantasía sigue presente, pero ahora se acerca un poco más a la calle.

