La moda puede ser muchas cosas, pero cuando logra contar una historia se vuelve todavía más poderosa. Eso fue lo que propuso Natalia Antolín con “Alas y Raíces”, la colección con la que abrió la edición 2026 de SAC, Semana de la Alta Costura Argentina, en el Malba. La presentación marcó además su debut en el evento creado y dirigido por Elina Costantini.
Esta vez, el punto de partida fue una mujer cuya imagen trascendió largamente el mundo del arte: Frida Kahlo.
Pero Antolín eligió no hacer una interpretación literal de la artista mexicana. En cambio, tomó su fuerza, sus símbolos, su particular relación con la indumentaria y su manera de construir una identidad para llevarlos a su propio lenguaje de diseño.

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Natalia Antolín y Frida Kahlo: una inspiración que viene de lejos
La elección de Frida tiene un significado especial para la diseñadora argentina. Durante años, sus viajes de trabajo por México —desde Yucatán hasta Chiapas— le permitieron entrar en contacto con sus artesanas, los bordados, las técnicas textiles tradicionales y, sobre todo, con ese uso extraordinario del color que caracteriza a buena parte de la cultura visual mexicana.

Por eso esta colección no comenzó desde cero.
“Fue volver a cosas muy profundas que tuve la posibilidad de vivir, compartir y admirar. No partí de una hoja en blanco: había una historia y una inspiración muy fuerte detrás”, explicó Antolín.

En “Alas y Raíces”, esas experiencias reaparecieron reformuladas desde el presente.
Corsets, flores y corazones: los símbolos de Frida llegan a la pasarela

La colección estuvo compuesta por 38 pasadas y recorrió diferentes siluetas: hubo sastrería, monos, faldas combinadas con corsets y vestidos tanto cortos como largos.

Uno de los elementos con mayor carga simbólica fueron precisamente los corsets. Antolín los utilizó como una referencia a los dispositivos ortopédicos que acompañaron a Frida Kahlo a lo largo de su vida, pero los trasladó a un registro de alta costura y a su propia mirada femenina.
Es una elección interesante porque, en Frida, aquello que estaba ligado al dolor también terminó formando parte de su lenguaje visual. La ropa, los accesorios y hasta sus corsés se convirtieron en una extensión de su identidad.

Y esa idea atraviesa toda la propuesta de Antolín: vestirse también puede ser una forma de decir quiénes somos antes de pronunciar una palabra.
Un jardín mexicano hecho vestido
Si tuviera que elegir una imagen para definir la colección, sería la de un jardín exuberante. Las flores aparecieron bordadas y también construidas en tres dimensiones, creando relieve y movimiento sobre las prendas. A ellas se sumaron corazones y diferentes trabajos artesanales que remitieron al universo simbólico de Kahlo.

La paleta acompañó esa intensidad: rojos profundos, borgoñas, verdes y negro evocaron la vegetación, las flores y las aves mexicanas.

No se trató de copiar México sino de recuperar una sensación: la mezcla de naturaleza, color, tradición y dramatismo que forma parte de su imaginario.
Las plumas y la idea de volar
Otro de los elementos protagonistas fueron las plumas, vinculadas en la colección con una de las ideas más reconocibles del universo de Frida: las alas.

En la pasarela aportaron ligereza y movimiento, pero también funcionaron desde lo conceptual. Frente a una historia marcada por las limitaciones físicas, las alas aparecen como símbolo de libertad.
De ahí también el nombre “Alas y Raíces”: dos conceptos aparentemente opuestos que, en realidad, atraviesan toda la colección. Mirar hacia el origen sin dejar de avanzar.

Una mujer que no busca pasar inadvertida
Más allá de las referencias estéticas, lo que parece unir especialmente a Frida Kahlo con el universo de Natalia Antolín es una determinada idea de mujer. Una mujer segura, expresiva y consciente del poder de su imagen.

En las colecciones de Antolín siempre hay una apuesta fuerte por el color, las texturas y las siluetas femeninas. Esta vez, esa identidad encontró en Frida un espejo especialmente potente: una mujer que hizo de su propia apariencia una declaración.

Y quizás ahí esté uno de los aspectos más interesantes de la propuesta. No disfrazar a una mujer de Frida, sino preguntarse qué puede representar Frida para una mujer contemporánea.
Moda y arte se encuentran en el Malba
El desfile de Natalia Antolín también funcionó como antesala de otro de los grandes acontecimientos culturales de esta edición de SAC: “Viva Frida”, la exposición dedicada a Kahlo que llega por primera vez a Sudamérica y podrá visitarse en el Malba desde el 20 de septiembre, en el año de su 25° aniversario. La muestra reúne objetos personales de la artista junto con pinturas y fotografías vinculadas con su historia.

La programación de SAC continúa con Camila Romano, Pía Carregal y la diseñadora mexicana Carla Fernández, y tendrá un desfile de cierre abierto al público el 20 de septiembre en la explanada del museo.

Con su debut en la Semana de la Alta Costura, Natalia Antolín encontró una manera personal de acercarse a una figura tantas veces reinterpretada.
Hubo flores, corsets, color y dramatismo, pero detrás de todo apareció una idea mucho más profunda: transformar la propia imagen en una forma de identidad. Algo que Frida Kahlo entendió como pocas mujeres en la historia.

