Montañas cubiertas de nieve, el bosque patagónico blanco y los paisajes de Cerro Bayo invadieron las redes sociales de Juliana Awada en los últimos días. Tras haber pasado parte del verano europeo, la empresaria volvió a instalarse en Villa La Angostura para disfrutar de las vacaciones de invierno, un destino que desde hace años se convirtió en el refugio preferido para su descanso familiar.
Más allá de sus postales en el centro de esquí neuquino, el foco de atención está puesto en la impresionante residencia que posee a orillas del lago Nahuel Huapi. Con un diseño concebido desde el inicio para dialogar con el entorno cordillerano, la propiedad combina arquitectura contemporánea de inspiración escandinava, materiales naturales y una integración total con el bosque nativo.

La residencia a orillas del lago Nahuel Huapi que estrenó en 2021
Villa La Angostura es desde hace años el rincón favorito de Juliana Awada para desconectarse. El vínculo con la zona fue tan fuerte que decidió llevar ese afecto a un proyecto concreto y construyó su propia vivienda en la exclusiva Bahía de San Patricio.

La construcción se destaca por estar revestida exteriormente en chapa negra, un recurso de diseño moderno que le otorga sofisticación y que, al mismo tiempo, permite que la estructura se mimetice en perfecta armonía con los tonos oscuros de los árboles y la vegetación de la Patagonia.

Cuatro módulos, invernadero y un equipo de diseño familiar
La propiedad está distribuida en cuatro módulos con techos a dos aguas que replican el concepto de las cabañas cordilleranas tradicionales, aunque con un enfoque actual. La obra fue terminada en solo doce meses gracias al trabajo coordinado de un equipo multidisciplinario: el estudio del arquitecto Alberto Rossi (cuñado de Juliana, casado con su hermana Zoraida Awada), la interiorista Danu Galito y las paisajistas Martina Barzi y Josefina Casares.

Entre los espacios más singulares del lugar sobresalen las galerías de gran amplitud, un muelle propio con salida al lago, un sector independiente especialmente pensado para alojar invitados y un invernadero de estilo escandinavo. Este último rincón, dedicado al cultivo y la botánica, se transformó en uno de los lugares predilectos de la empresaria durante sus estadías.

Cuidado del entorno y estudio de impacto ambiental
El respeto por la naturaleza fue una premisa estricta a la hora de encarar el proyecto arquitectónico. La premisa principal consistió en adaptar el diseño a la topografía del terreno y evitar la alteración innecesaria del ecosistema nativo.

Sobre este compromiso con la zona, la empresaria lo explicó tiempo atrás al recordar el proceso de planificación: "En esta región de Argentina se cuida mucho el bosque y la preservación de la naturaleza, por lo que era muy importante realizar un estudio de impacto ambiental".

De esta forma, tanto la elección de los materiales como la distribución de los módulos respondieron a la necesidad de preservar el paisaje patagónico intacto.

