Cuando una pareja se separa, el vínculo amoroso llega a su fin, pero la función de cuidado hacia los hijos continúa intacta. Sin embargo, en medio del dolor, el enojo o la frustración, muchas veces los chicos terminan ocupando lugares que no les corresponden y quedan atrapados en conflictos de adultos.
En diálogo con Para Ti, Déborah Bellota, psicóloga especialista en maternidad, crianza y familia, explicó cómo impactan las separaciones conflictivas en los hijos y cuáles son las claves para construir una crianza compartida saludable aun cuando el vínculo entre los padres sea hostil.
"Los hijos dejan de habitar el lugar seguro de la infancia y empiezan a cargar conflictos que no les corresponden"
—En un posteo de Instagram hablás del riesgo de “convertir al hijo en trofeo” durante una separación. ¿Cómo se manifiesta esto en lo cotidiano y por qué es tan dañino para los chicos?
—Separarse ya es, para una familia, como cambiar el mapa de una ciudad mientras todavía hay gente caminando por sus calles. El problema aparece cuando, en medio de ese terremoto emocional, nuestros hijos dejan de ser hijos para convertirse en mensajeros, aliados, jueces o trofeo emocional.
Eso sucede mucho más en lo cotidiano de lo que imaginamos. Aparece cuando como padres necesitamos demostrar quién es “el mejor”, quién compra más regalos, quién tiene más tiempo o ideas divertidas o quién es el más elegido por nuestros hijos. También cuando ellos quedan atrapados en frases como “decile a tu mamá…”, “tu papá nos abandonó” o “vos sabés quién estuvo siempre”.
Ahí nuestros hijos dejan de habitar el lugar seguro de la infancia y empiezan a cargar conflictos que no les corresponden. El costo emocional puede ser muy alto: ansiedad, culpa, lealtades divididas, miedo a decepcionar y, muchas veces, una sensación silenciosa de tener que cuidar emocionalmente a sus propios padres.

"Los chicos leen emocionalmente el clima familiar como quien aprende un idioma sin darse cuenta"
—Muchas veces los padres creen que están actuando desde el amor, pero terminan involucrando a sus hijos en el conflicto. ¿Cuáles son esas conductas más comunes que habría que evitar?
—Lo más complejo es que muchas veces los padres no actuamos desde la maldad, sino desde el dolor. Una separación despierta heridas narcisistas, enojo, frustración, sensación de fracaso y muchísimo miedo. Y cuando nuestro dolor habla más fuerte que la función parental, nuestros hijos quedan demasiado expuestos al conflicto.
Hay conductas muy frecuentes que habría que evitar: hablar mal del otro progenitor delante de los chicos, interrogarlos después de cada encuentro, utilizarlos para obtener información, hacerlos tomar partido o competir por afecto intentando “ganarse” su amor desde lo material o desde la permisividad absoluta.
Porque aunque los niños no siempre puedan ponerlo en palabras, perciben todo: los silencios tensos, las miradas, las ironías, los cambios de energía. Los chicos leen emocionalmente el clima familiar como quien aprende un idioma sin darse cuenta.
"La pareja puede romperse; la función de cuidado, no"
—Planteás que la forma de comunicar la separación es clave. ¿Cómo debería ser esa primera charla con los hijos?
—La forma en que se comunica la separación marca muchísimo el modo en que nuestros hijos van a tramitar emocionalmente el cambio. Esa primera charla no necesita ser perfecta, pero sí clara, honesta y profundamente cuidada.
Idealmente, ambos padres deberían comunicar juntos la decisión, incluso si ya no pueden funcionar como pareja. Porque la pareja puede romperse; la función de cuidado, no.

Hay que hablar con palabras simples, adecuadas a la edad, sin exceso de detalles ni explicaciones adultas. Nuestros hijos no necesitan conocer infidelidades, traiciones ni conflictos económicos. Necesitan saber qué va a pasar con su vida concreta y, sobre todo, sentir que no pierden el amor ni la presencia de sus padres.
Hay frases que nunca deberían decirse: “tu mamá destruyó la familia”, “tu papá nos dejó”, “ahora sos el hombre de la casa” o “hacelo por mí”. Ningún niño debería quedar emocionalmente empujado a ocupar lugares de adulto.
"La estabilidad emocional muchas veces empieza en pequeños rituales cotidianos"
—¿Qué mensajes ayudan a que los chicos no sientan culpa o miedo?
—Los chicos pueden tolerar la tristeza; lo que los desorganiza es la incertidumbre constante. Por eso ayudan mucho mensajes concretos y repetidos en el tiempo: “esto no es culpa tuya”, “mamá y papá te siguen amando”, “aunque no vivamos juntos, vamos a seguir cuidándote”.

Los niños suelen fantasear con que hicieron algo mal o con que podrían haber evitado la separación. Por eso es importante desarmar esa culpa desde el comienzo.
También ayuda anticipar ciertas rutinas: dónde van a vivir, cuándo verán a cada padre, qué cosas seguirán iguales. La estabilidad emocional muchas veces empieza en pequeños rituales cotidianos.
"Hay niños que necesitan hablar muchísimo y otros que procesan jugando, dibujando o incluso haciendo silencio"
—¿Cómo se acompaña emocionalmente a los hijos después de comunicar la separación?
—Después de la charla empieza quizás la parte más importante: el acompañamiento sostenido. Porque comunicar una separación no es un evento; es un proceso.
En las semanas posteriores pueden aparecer regresiones, berrinches, irritabilidad, tristeza, dificultades para dormir o cambios en el colegio. Muchas veces los chicos no hablan directamente del tema, pero lo expresan en el cuerpo, en el humor o en las conductas.
Ahí el desafío es sostener presencia emocional sin invadir, habilitar preguntas, validar emociones y no apurarlos a “estar bien”. Hay niños que necesitan hablar muchísimo y otros que procesan jugando, dibujando o incluso haciendo silencio.
“Una separación no necesariamente destruye una infancia”, concluye Bellota. “Lo que realmente deja marcas más profundas no es que los padres se separen, sino el modo en que los adultos gestionan ese dolor delante de sus hijos”.
Déborah Bellota es psicóloga, psicoanalista, especialista en maternidad de crianza y familia. Directora del Centro del Centro Soltar. Cuenta de Instagram: maternidad_crianza_familia




