Más de un año pasó desde aquella madrugada que convirtió un esperado reencuentro familiar en una tragedia imposible de dimensionar. En una casa del barrio porteño de Villa Devoto, cinco integrantes de una misma familia murieron intoxicados con monóxido de carbono. En otra habitación, un bebé de un año y medio todavía respiraba.
Era Milo De Nastchokine, el único sobreviviente. Había llegado desde Europa junto a sus padres, Andrés De Nastchokine y Marie Lanane, y su hermana Elisa, de cuatro años, para visitar a sus abuelos paternos,
Cómo logró sobrevivir Milo
Cuando los equipos de emergencia ingresaron a la vivienda, encontraron al bebé consciente, aunque afectado por la inhalación del gas. Milo estaba en una habitación separada de aquella en la que fueron hallados sus padres y su hermana.

Alberto Crescenti, entonces titular del SAME, explicó que una hendija o una mejor ventilación en ese ambiente podrían haber disminuido la concentración de monóxido. En el resto de la casa, en cambio, las ventanas y ventilaciones se encontraban cerradas o selladas.

El pequeño fue trasladado primero al Hospital Zubizarreta y posteriormente derivado al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Allí ingresó a terapia intensiva con una intoxicación grave y necesitó asistencia de oxígeno mediante una cánula de alto flujo, además de monitoreo permanente. Los estudios indicaban, sin embargo, que su función cardíaca se había estabilizado y que respondía normalmente a la evaluación neurológica.

La recuperación y el alta médica
La evolución de Milo fue favorable. Con el paso de los días pudo dejar la terapia intensiva y, aproximadamente dos semanas después de la tragedia, recibió el alta médica.
De acuerdo con la última información difundida por fuentes del Hospital Gutiérrez, el bebé ya se alimentaba con normalidad, respondía correctamente a los estímulos y no necesitaba asistencia de oxígeno. Su estado general era bueno y se encontraba contenido por sus familiares.
La recuperación física abrió entonces una etapa diferente y profundamente sensible: determinar quién asumiría su cuidado después de la muerte de sus padres.
Con quién quedó viviendo Milo
Mientras permanecía internado, el Juzgado Civil N.º 102 de la Ciudad de Buenos Aires resolvió otorgar la guarda provisoria a una de sus tías paternas. La decisión tuvo como principal objetivo evitar que el bebé fuera institucionalizado después de recibir el alta y garantizar que permaneciera en un entorno familiar.
La mujer fue evaluada por la Justicia y quedó a cargo de Milo durante aquella primera etapa. Otros hermanos de su padre también participaron de la red de cuidado y contención que comenzó a construirse alrededor del pequeño.
Al mismo tiempo, los abuelos maternos y uno de sus tíos viajaron desde Francia hasta la Argentina. Según explicó entonces el abogado de la familia paterna, no existía una disputa entre las dos ramas familiares, sino conversaciones destinadas a encontrar la alternativa más adecuada para el bienestar del niño.
Una definición atravesada por dos países
El caso tenía una dimensión internacional. La mamá de Milo era francesa y el niño había vivido en Europa junto a sus padres y su hermana. Por ese motivo, la Justicia debía evaluar no solo quién podía ofrecerle contención inmediata, sino también dónde se encontraba su red afectiva más estable y en qué país convenía que creciera.
En agosto de 2025 todavía se analizaba la posibilidad de que las familias alcanzaran un acuerdo y que Milo pudiera establecerse en Francia con sus familiares maternos. Cualquier decisión debía ser posteriormente revisada y homologada judicialmente, siempre bajo el principio del interés superior del niño.
Qué se sabe actualmente sobre su vida
La última actualización periodística verificable indicó que Milo estaba recuperado, fuera del hospital y al cuidado provisorio de su tía paterna. No se difundieron públicamente detalles posteriores confiables sobre una tutela definitiva, un eventual traslado a Europa o el lugar en el que vive en la actualidad.
Ese silencio también puede entenderse como una forma de protección. Milo es un niño que atravesó una pérdida familiar devastadora antes de cumplir los dos años y cuyo desarrollo necesita transcurrir lejos de la exposición pública.
Su historia quedó marcada para siempre por aquella madrugada de julio de 2025. Pero también por la habitación en la que logró seguir respirando, por los médicos que acompañaron su recuperación y por una familia extendida que, en medio del duelo, intentó ofrecerle nuevamente un hogar.

