Quién fue "Luminosa", la argentina declarada venerable por el papa León XIV - Revista Para Ti
 

Quién fue "Luminosa", la argentina declarada venerable por el papa León XIV

“Luminosa”: la argentina que avanza hacia la beatificación
Margarita Bavosi nació en Buenos Aires, dedicó su vida al Movimiento de los Focolares y murió a los 43 años. El reconocimiento de sus virtudes heroicas abre una nueva etapa en su camino hacia la beatificación.
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El 24 de octubre de 2026, el papa León XIV autorizó el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Margarita Bavosi. Con esa decisión, la argentina conocida como “Luminosa” recibió oficialmente el título de venerable.

Su historia no está asociada a grandes gestos públicos, sino a una forma sencilla de vivir la fe. El postulador de su causa la definió como una “santidad de lo cotidiano”: para ella, hablar ante miles de personas o barrer una habitación podía tener el mismo valor.

De Buenos Aires a una vida consagrada

Margarita Bavosi nació el 19 de septiembre de 1941 en Buenos Aires, dentro de una familia de inmigrantes italianos. Tenía diez años cuando perdió a su madre, una experiencia que marcó profundamente su infancia.

Durante la adolescencia comenzó a preguntarse cómo orientar su vida. Según los testimonios reunidos por el Movimiento de los Focolares, cuando un sacerdote la animó a ser una buena chica, ella respondió: “¡Yo quiero hacerme santa!”.

Después de formarse en Historia, conoció el Movimiento de los Focolares y encontró allí el camino que buscaba. A los 21 años decidió consagrarse a Dios como laica y dedicar su vida a la espiritualidad de la unidad impulsada por Chiara Lubich.

“Luminosa”: la argentina que avanza hacia la beatificación
“Luminosa”: la argentina que avanza hacia la beatificación

Por qué Margarita Bavosi recibió el nombre de “Luminosa”

En octubre de 1963 conoció personalmente a Chiara Lubich, fundadora de los Focolares. Fue ella quien comenzó a llamarla “Luminosa”, por su carácter espontáneo y optimista, y por una mirada que quienes la conocieron describían como transparente.

Con el tiempo, el sobrenombre dejó de ser solamente un apelativo y pasó a resumir su manera de relacionarse con los demás. Su misión consistía en llevar la espiritualidad del movimiento a la vida diaria, mediante los vínculos, el servicio y el trabajo comunitario.

En mayo de 1966 asumió responsabilidades dentro del movimiento en Paraná. Más tarde desarrolló su tarea en Montevideo y, desde comienzos de la década de 1970, en España, donde permaneció durante catorce años.

La enfermedad que atravesó durante sus últimos años

En junio de 1981 aparecieron los primeros síntomas de una fibrosis pulmonar atípica. El diagnóstico preciso demoró en llegar y su salud se deterioró progresivamente durante los años siguientes.

En medio de ese proceso, Luminosa profundizó su compromiso espiritual. “¿Por qué se tiene miedo a morir? La muerte no existe: es solo un paso, pero hay que darlo bien. Hay que prepararse con la vida”, repetía, según el material de su causa.

También dejó escrita en su diario una frase breve que resumía su estado interior: “Estoy en la alegría y en la paz”. Murió el 7 de marzo de 1985 en Albano Laziale, Italia, a los 43 años.

El camino de “Luminosa” hacia la beatificación

La causa de canonización se abrió oficialmente el 4 de enero de 2005. La etapa diocesana concluyó en noviembre de 2008 y, en junio de 2009, el proceso pasó a la fase romana.

El reconocimiento de sus virtudes heroicas significa que la Iglesia considera que vivió las virtudes cristianas de manera ejemplar. Sin embargo, ser declarada venerable no equivale todavía a la beatificación.

Para avanzar hacia la condición de beata, normalmente deberá reconocerse un milagro atribuido a su intercesión. El decreto firmado por León XIV representa, de todos modos, un paso decisivo en un proceso iniciado hace más de dos décadas.

El legado de una “santidad de lo cotidiano”

La historia de Margarita Bavosi no quedó definida por su enfermedad ni por su muerte temprana. Quienes impulsan su causa destacan una vida construida en los gestos simples, los vínculos y la entrega diaria.

Antes de morir dejó una frase como testamento para quienes habían compartido su camino: “Ahora les toca a ustedes”. Más de cuarenta años después, el reconocimiento del papa León XIV vuelve a poner en primer plano a aquella argentina que creyó que la santidad también podía crecer en las tareas más pequeñas.

 
   

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