Mucho antes de convertirse en el papa León XIV, Robert Francis Prevost era simplemente el menor de tres hermanos que crecían en una casa de Dolton, en las afueras de Chicago, donde los libros, la educación y la fe formaban parte de la vida cotidiana.
En ese hogar había una mujer que dejó una huella profunda en su formación: su mamá, Mildred Agnes Martínez, una bibliotecaria de raíces españolas y criollas, profundamente comprometida con la Iglesia y con la educación.
La llamaban cariñosamente Millie. Había estudiado en la universidad, trabajaba rodeada de libros, cantaba en el coro de su parroquia y participaba en numerosas actividades comunitarias. Junto a su esposo, Louis Marius Prevost, construyó una familia en la que la espiritualidad no se limitaba a las celebraciones religiosas, sino que estaba presente en los pequeños gestos de todos los días.

Mildred murió en 1990, cuando Robert tenía 34 años. Nunca llegó a verlo convertido en obispo, cardenal ni Papa. Sin embargo, su historia permite comprender parte del universo familiar y afectivo en el que nació la vocación del primer pontífice estadounidense.
Quién fue Mildred Martínez, la mamá del papa León XIV
Mildred Agnes Martínez nació el 30 de diciembre de 1911 en Chicago, en el seno de una familia con una rica historia cultural. Sus padres, Joseph Martínez y Louise Baquié, tenían vínculos con la comunidad criolla de Nueva Orleans, una sociedad atravesada por diferentes herencias culturales, entre ellas las españolas, francesas, caribeñas y africanas.
Esa diversidad formó parte de la historia familiar de Mildred, quien creció en Chicago junto a sus hermanas, en un ambiente donde la educación y la religión ocupaban un lugar importante. Dos de sus hermanas eligieron la vida religiosa, mientras que ella encontró su vocación en la enseñanza, los libros y el trabajo comunitario.

Su historia también refleja la determinación de una mujer que decidió continuar estudiando en la adultez, en una época en la que las oportunidades de formación universitaria para muchas mujeres eran más limitadas que en la actualidad.
La bibliotecaria que encontró en los libros una forma de enseñar
Uno de los aspectos más interesantes de la vida de Mildred fue su compromiso con la educación. A los 34 años retomó su formación universitaria y estudió en la Universidad DePaul, en Chicago. En 1947 obtuvo un título vinculado con la bibliotecología y, dos años después, completó una maestría en Educación.
Su trayectoria profesional estuvo ligada a distintas instituciones educativas, entre ellas las escuelas Von Steuben, Mendel y Saint Mary of the Assumption. Allí desarrolló su trabajo como bibliotecaria, una profesión que le permitió vincular dos de sus grandes intereses: el conocimiento y la formación de las nuevas generaciones.
Pero su dedicación a los libros también se extendió a la vida religiosa. Junto a su marido, participó en la creación de una biblioteca para la parroquia de Saint Mary, donde la familia colaboraba activamente. En ese entorno creció el pequeño Robert, rodeado de una cultura familiar que valoraba el estudio, la lectura y el compromiso con los demás.
El hogar donde creció Robert Prevost: tres hermanos, educación y una fe compartida
Mildred se casó con Louis Marius Prevost, un hombre de ascendencia francesa e italiana que había servido en la Marina estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Después de su experiencia militar, Louis dedicó su carrera a la educación. Trabajó como docente y llegó a desempeñarse como director escolar.
La pareja tuvo tres hijos: Louis Martín, John Joseph y Robert Francis, nacido el 14 de septiembre de 1955. Robert era el menor de los hermanos.

La familia se estableció en Dolton, una localidad ubicada al sur de Chicago, donde desarrolló una vida profundamente vinculada con la comunidad católica de Saint Mary of the Assumption. Los tres hermanos crecieron participando de las actividades de la parroquia, mientras sus padres colaboraban con la catequesis, la organización de celebraciones y distintas iniciativas solidarias.
El hogar de los Prevost era un lugar donde convivían las responsabilidades escolares, las tradiciones familiares y la práctica religiosa. Y fue precisamente en ese ambiente donde Robert comenzó a manifestar, desde muy pequeño, su interés por la vida sacerdotal.
Millie, la mamá que cantaba en el coro y dedicaba su tiempo a la parroquia
Además de bibliotecaria, Mildred tenía una faceta artística: le gustaba cantar y tenía una voz de contralto. Durante su juventud participó en actividades musicales en Chicago y, con los años, continuó desarrollando esa pasión como integrante del coro de su parroquia.
También colaboraba con la Sociedad del Altar y el Rosario, una organización de mujeres dedicada al acompañamiento de la vida religiosa y comunitaria. Su compromiso era constante. Participaba en actividades de recaudación de fondos, colaboraba con el mantenimiento de los espacios parroquiales y acompañaba distintas iniciativas de la comunidad.
Quienes la conocieron la recordaron como una de esas mujeres que siempre estaban disponibles cuando la iglesia necesitaba ayuda. La fe, para Mildred, no era solamente una creencia personal. Era también una forma de participar, compartir y construir comunidad. Y esa manera de vivir la espiritualidad fue parte de la educación que recibieron sus hijos.
Cómo influyó Mildred Martínez en la vocación religiosa del papa León XIV
Robert Francis Prevost manifestó desde muy pequeño su interés por la religión. Según los recuerdos familiares difundidos después de su elección como Papa, cuando era niño incluso jugaba a celebrar misa en su casa, como si fuera un sacerdote.
A los 14 años ingresó en el seminario menor de la Orden de San Agustín, dando los primeros pasos de una vocación que lo llevaría a dedicar su vida a la Iglesia. La influencia de sus padres fue importante en ese camino.
Mientras Louis participaba en la enseñanza religiosa, Mildred transmitía su fe a través de las actividades cotidianas, el acompañamiento comunitario y su compromiso con la parroquia. En distintas oportunidades, personas cercanas al pontífice destacaron que Robert siempre valoró profundamente la formación cristiana recibida durante su infancia. Esa educación no solo estuvo vinculada con las creencias religiosas, sino también con valores como el servicio, la responsabilidad y la solidaridad.

Con los años, Robert continuó su formación, se convirtió en sacerdote agustino y desarrolló buena parte de su actividad pastoral en Perú, un país que llegaría a ocupar un lugar central en su vida.
Mildred murió sin llegar a ver a su hijo convertido en Papa
Mildred Martínez falleció el 18 de junio de 1990, a los 78 años. En aquel momento, Robert Prevost tenía 34 años y ya había iniciado su camino sacerdotal dentro de la Orden de San Agustín.
Su madre no llegó a verlo nombrado obispo de Chiclayo, en Perú, ni convertido en cardenal. Tampoco presenció el momento histórico del 8 de mayo de 2025, cuando su hijo fue elegido como sucesor de Francisco y tomó el nombre de León XIV.
Su esposo, Louis Marius Prevost, murió en 1997. Cuando Robert apareció por primera vez en el balcón central de la basílica de San Pedro, sus padres ya habían fallecido. Sin embargo, la historia de ambos volvió a cobrar protagonismo: la del padre docente y director de escuela, y la de la madre bibliotecaria que había dedicado buena parte de su vida al servicio de su comunidad.

El legado de Mildred Martínez: una madre presente en la historia de León XIV
La historia de Mildred permite conocer una faceta más íntima del hombre que hoy conduce la Iglesia católica. Antes de las responsabilidades eclesiásticas, de sus años como misionero y de su llegada al Vaticano, hubo una infancia compartida con dos hermanos y unos padres profundamente comprometidos con la educación y la fe. Mildred no llegó a conocer el destino que aguardaba a su hijo menor.
Pero su historia quedó vinculada a ese recorrido, no por haber ocupado un lugar público, sino por la vida que construyó y los valores que transmitió.
Porque, mucho antes de ser León XIV, Robert Prevost fue un niño que creció entre libros, canciones y una familia que hizo de la fe y del servicio a los demás una forma de vivir.


