Durante años, Valeria Sampedro estuvo del lado del vértigo de las noticias, de la televisión en vivo y de esa exigencia de contar lo que sucede casi en tiempo real. Para su primer documental eligió hacer algo diferente: detenerse, mirar y escuchar durante mucho tiempo.
Junto al camarógrafo, fotógrafo y documentalista Daniel Raichijk, se propuso indagar en una etapa de la vida que suele incomodar y que muchas veces se intenta suavizar con palabras. El resultado es Ensayo sobre la vejez, una película que aborda el paso del tiempo, el deterioro, la soledad, los miedos, el futuro y la muerte a partir de las voces de quienes están atravesando esa experiencia.
El documental fue realizado de manera completamente autogestiva. Entre los dos asumieron las distintas tareas de producción, guión, sonido, imagen, edición y posproducción. “Porque era la aproximación más poética para un proyecto audiovisual que tiene un costado periodístico, pero en un formato que habilita trabajar otros tiempos”, explica Sampedro.
La película busca correrse de la explicación y acercarse a la experiencia. Personas de 80 años en adelante hablan directamente a cámara, en blanco y negro, sobre aquello que muchas veces queda fuera de las conversaciones cotidianas. Para Valeria, incluso la decisión de usar la palabra “viejos” fue parte del sentido del proyecto: “Ser viejo no es el problema, el problema es suponer que serlo es algo malo”.

Por qué eligieron hablar de la vejez
-¿Por qué documental?
-Porque era la aproximación más poética para un proyecto audiovisual que tiene un costado periodístico, pero en un formato que habilita trabajar otros tiempos, explorar narrativas, trabajar una intención artística sobre una realidad, que en este caso es bastante cruda. Finalmente se trata de contar historias, solo que a un ritmo completamente distinto del que imponen hoy la televisión o las redes sociales.
-¿Cómo fue elegir el tema? ¿Qué te motivó?
-Creo que la vejez incomoda, en general se la mira de reojo, en el mejor de los casos de manera condescendiente, pero nadie quiere quedarse mucho ahí.
Cuando surgió la idea de encarar un documental junto a Daniel (Raichijk, codirector de la película), ambos coincidimos en indagar este tema. En seguida empezó a cobrar forma y sentido una estética, un contenido que pusiera en primer plano la vejez, sin intermediarios; directo a cámara, en crudo, en blanco y negro.
Queríamos darle voz a los viejos, no a los que estudian la vejez, no a los que acompañan, sino a quienes la están viviendo en carne viva.
Y ojo, que decir viejos fue una toma de posición política, sin eufemismos, porque ser viejo no es el problema, el problema es suponer que serlo es algo malo.

Mirar la vejez sin esquivar sus zonas incómodas
-¿Cómo fue la selección de los entrevistados?
-Un gran desafío. Lo primero, buscar hombres y mujeres de ochenta años en adelante. Queríamos también lograr cierta representatividad, porque no todos los adultos mayores son inquietos y autosuficientes, están los que necesitan asistencia, muchos padecen problemas de salud y no era la idea esquivar esa realidad sino también contarla; están los que viven esta etapa con nostalgia o tristeza, y también aquellos que se sienten de vuelta de muchas cosas.
No queríamos su bitácora de anécdotas, les propusimos quitarse la máscara, mirarse en un espejo interior y poner en palabras, en la medida de sus posibilidades, cómo se vive la etapa final de la vida.
-¿Qué les fue pasando durante la realización?
-De todo. Fue maravilloso. Llegábamos a las entrevistas con nuestro cuestionario, los equipos y no mucho más. Le pedíamos al resto de los presentes que se fueran y nos quedábamos ahí solos, en su ámbito más íntimo, hablando durante mucho tiempo.
Ver a cada uno de ellos conectar con su pasado, quedarse callados pensando, rebuscar en sus recuerdos, hablar de sentimientos, confesar sus necesidades. Salimos de cada entrevista movilizados; los veíamos a ellos conmovidos también.

Una película hecha entre dos
-¿En qué partes estuviste involucrada? ¿Cómo fue hacer todo ustedes dos?
-Fue un esfuerzo enorme, porque todo el trabajo, de principio a fin está hecho solo por dos personas. Y de manera muy artesanal. No tuvimos financiamiento alguno.
Ahora que lo vemos terminado, nos da un orgullo enorme. Yo me concentré en la producción de entrevistas, el armado de la estructura y el guión final. Daniel construyó la estética, definió los encuadres, la línea narrativa de la naturaleza, filmó unas imágenes increíbles y editó el material, en un montaje que nos llevó horas y horas de videollamada.
Por eso le pusimos a nuestra modesta productora DOS GATOS, cine de autor. Queremos destacar y agradecer el aporte de Alberto “carpo” Cortes, encargado de la música de la película.
“La invisibilidad es directamente proporcional al paso del tiempo”
-¿Cuál es tu mirada de la ancianidad en tiempos en que se suele invisibilizar esta etapa de la vida y en que hay de todo para alejarla?
-La invisibilidad es directamente proporcional al paso del tiempo. Y arranca mucho antes de que alguien decida llamarte abuelo. Cumplí 50 años y el comentario elogioso indefectiblemente es que “no se me nota”, que “estoy bien” para mi edad.
Tengo una mirada bastante crítica respecto del destrato que sufren los ancianos en general. Creo que se mezclan varias cuestiones, la valoración puesta en quienes producen, la juventud como virtud en sí misma, la falta de paciencia generalizada, el desprecio por todo lo que no tenga una compensación dopamínica al instante.
El viejo no es instagrameable, salvo que le metas mucho filtro; habla pausado, se mueve lento, no tiene hook de retención.

Dónde se podrá ver Ensayo sobre la vejez
-¿En qué circuito será mostrado el documental?
-Estrenamos en octubre en el CC de la Cooperación, donde va a proyectarse todos los miércoles a las 20 durante todo el mes. También vamos a viajar a presentarlo en Córdoba, Tucumán y algunas ciudades más. Y nos convocaron de algunos espacios para organizar encuentro de cine-debate.
-¿A qué público está dirigido?
-Si bien el documental fue calificado para Todo Público, creo que convoca no necesariamente a los ancianos, ellos no van a descubrir nada nuevo, salvo sentirse nombrados de alguna manera.
Me parece que la película interpela a las generaciones anteriores, a partir de los cuarenta o cincuenta años en adelante, quienes quizás no piensan todavía en la vejez como algo cercano, mucho menos inminente.
Pero si de pronto los hace pensar en alguien de su entorno, quizás puedan revisar cómo es el trato con ellos, qué tiempo le dedican, cuándo fue la última vez que los escucharon de verdad.
Imagino a ese espectador, después de ver nuestro documental, saliendo del cine decidido a visitar a esa persona. Y le pregunte cómo estás.
Ensayo sobre la vejez se estrena el miércoles 7 de octubre en el Centro Cultural de la Cooperación y permanecerá durante todo octubre, con funciones los miércoles a las 20.
Instagram: @ensayovejez
Datos de la película
Ensayo sobre la vejez está dirigido por Valeria Sampedro y Daniel Raichijk. Es una realización autogestiva de principio a fin. Ambos asumieron las tareas de guión, producción, sonido, imagen, edición, posproducción y subtitulado. La música original fue realizada por Alberto Fidel “carpo” Cortes, quien cedió su aporte en colaboración con el proyecto.

