Convertirse en mamá cambió la vida de Sofía Calzetti y también la manera en que imagina su futuro. Desde la llegada de Olivia, la hija que tuvo con Sergio “Kun” Agüero, la maternidad ocupa un lugar central en su vida, sin dejar de lado sus proyectos personales y el crecimiento de ZETTIA, la marca de indumentaria deportiva que creó a partir de su propia historia.
En una charla íntima con Priscila Crivocapich para la sección Protagonistas, Sofía habló de sus deseos de agrandar la familia, de la posibilidad de casarse con el exfutbolista y de cómo fueron construyendo su vínculo a lo largo de los años. También recordó el desafío que significó mudarse a Manchester a los 21 años con el Kun Agüero, lejos de sus afectos, y el proceso personal que la ayudó a encontrar su propio camino.

Hoy, entre la crianza de Olivia, la pareja y su faceta emprendedora, Calzetti mira hacia adelante con nuevos proyectos y sueños. Entre ellos, volver a ser mamá y vivir la experiencia de celebrar su amor con Sergio junto a sus seres queridos.
Zettia, una marca que nació de una búsqueda personal
Sofía es la única dueña de Zettia y no tiene un socio. Sin embargo, asegura que no toma las decisiones sola. Para ella, el equipo ocupa un lugar fundamental en la construcción de la marca y cada una de las mujeres que trabajan con ella tiene la misma importancia.
“Lo hacemos con mucho amor, con mucha pasión y ponemos mucho énfasis en la calidad del producto, en elegir cada tejido, diferenciándonos. No solo es el mundo que uno ve detrás de una prenda, sino todo el universo que hay por detrás”, explica.

En ese universo aparecen los valores, el compañerismo y el trabajo cotidiano. Sofía destaca especialmente la experiencia de las integrantes de su equipo y su propia disposición a escuchar y aprender.
“Siendo sola, sin tener algún socio, tomo todas las decisiones en equipo. Para mí las chicas, cada una de ellas, son tan importantes como yo”, sostiene. Y agrega: “Son chicas que tienen muchísimos años de trayectoria y me gusta eso: escuchar, aprender. Yo creo que todo lo que hacemos en conjunto suma”.
La identidad de Zettia también tiene que ver con una idea que Sofía considera fundamental: que la ropa pueda acompañar a las mujeres más allá del entrenamiento.

“Busco potenciar a la mujer, que se sienta femenina, que se sienta cómoda. Creo que depende también de lo que nos ponemos, es cómo nos sentimos. Para mí siempre fue muy importante verme al espejo y sentirme bien”, cuenta.
Por eso imagina sus prendas en diferentes momentos del día: para entrenar, tomar un café o continuar con cualquier actividad sin necesidad de cambiarse por completo.
Para Sofía, la pandemia marcó un cambio en la manera de vestirse. La aparición del home office hizo que la comodidad adquiriera un lugar central y que la ropa deportiva pudiera salir definitivamente del gimnasio. “Siento que elegimos ropa mucho más cómoda. Vas a entrenar, después te ponés un blazer encima y seguís tu día: estás linda, estás cómoda”, explica.

La maternidad y una forma de vivir el cuerpo
Zettia comenzó a desarrollarse prácticamente al mismo tiempo que Sofía atravesaba su maternidad. La llegada de Olivia implicó otro proceso de transformación, también en relación con su cuerpo y con la imagen.
Sin embargo, asegura que nunca vivió el embarazo desde la obsesión por recuperar rápidamente una determinada apariencia.
“Siempre tuve en claro qué tipo de mamá quería ser”, cuenta. Y en ese camino vuelve a aparecer una herramienta que considera fundamental: la terapia.

“Yo hice terapia muchos años, me encanta y siempre me preparé para ser la madre que soy, en cierto punto, porque de tener eso de ser una madre activa, con propósito, con ganas, siempre tuve ese foco muy claro de hacia dónde quería ir”, explica.
La maternidad también le enseñó a pedir ayuda y herramientas para poner límites. “Estoy aprendiendo”, dice cuando habla de la crianza de Olivia. Y agrega que busca apoyarse en recursos que le permitan “poner límites para criarla de la mejor forma posible”.

El embarazo, en cambio, lo recuerda como una etapa feliz. “Lo viví súper bien, chocha, feliz”, asegura. Y aclara que, aunque trabaja en el mundo de la indumentaria deportiva, no está especialmente arraigada a su imagen corporal.
“Para mí va mucho más allá de cómo nos vemos, sino de lo mental que produce, de cómo te sentís”, sostiene. Esa mirada sobre el entrenamiento también está vinculada con el origen de su emprendimiento.
Manchester, la soledad y el comienzo de una nueva etapa
Cuando tenía 21 años, Sofía se mudó a Manchester con Sergio Agüero. Se fue enamorada, con un proyecto de vida en común y con la certeza de que quería formar una familia. Pero el cambio también significó dejar atrás todo lo que conocía.
“Me sentía en un momento triste, perdida, había dejado absolutamente toda mi vida. Era chica, yo me creía súper grande, pero al final era chica”, recuerda.
El amor estaba, pero también apareció una realidad inesperada: mucho tiempo libre, soledad y la necesidad de encontrar una identidad propia en un lugar nuevo.
“De repente me choqué con la soledad, con mucho tiempo libre, sin saber qué hacer. Empecé un camino propio de quién soy, qué quiero hacer, mucha terapia”, cuenta.
En ese contexto, descubrió que había algo que la ayudaba a atravesar los días: entrenar. “Todos los días lo que me motivaba o me sacaba adelante, en cierto punto, era entrenar”, explica.

La rutina empezó a darle una estructura. Todas las mañanas tenía un personal trainer que tocaba el timbre y sabía que ese era el comienzo de su día. Se vestía con ropa que le gustaba, entrenaba y después encontraba alguna actividad para continuar.
“Me gustaba vestirme bien, me ponía una calza que me gustaba cómo me quedaba y después entrenaba y por ahí ya arrancaba mi día. Me iba al supermercado. Tampoco mi vida tenía mucho para hacer en aquel momento”, recuerda.
En esa experiencia empezó a aparecer la idea de transformar aquello que le hacía bien en algo propio.
De “la novia de” a construir su propio nombre
Sofía siempre supo que quería acompañar a su pareja y formar una familia. Pero también reconoce que durante mucho tiempo sintió que no tenía un talento específico o algo en lo que fuera particularmente buena.
“Siempre sentí como que no tenía un talento, que no era buena en algo, que no sabía qué me gustaba, qué quería hacer, pero sabía que quería hacer algo”, cuenta.
La conversación con su psicóloga fue clave para empezar a mirar de otra manera aquello que ya formaba parte de su vida.
“Dije: ‘Bueno, pará, ¿por qué no esto? Esto que me hace bien a mí’”, recuerda.
Además, tenía un vínculo previo con la indumentaria. Su papá siempre trabajó en el rubro de la ropa infantil y Sofía creció cerca de ese mundo.

“Ese mundo yo siempre desde chica lo acompañé para todos lados y lo tenía muy cerca. Y lo deportivo fue por ese bienestar que a mí me hizo sentir en ese momento”, explica.
Para ella, entrenar no tiene que ver solamente con una cuestión estética. “Me parece súper importante. Nos equilibra, nos potencia, nos llena más de energía. A veces llegás a entrenar totalmente cansada y salís mucho más energética de como entraste”, dice.
Por eso insiste en que el foco no debería estar únicamente en el resultado físico. “Para mí va más allá de un resultado de una imagen, es un tema de salud física y mental”, afirma.
Cuando llega la pregunta sobre el momento en que dejó de sentirse simplemente “la novia de” para construir su propio nombre, Sofía no habla de una transformación terminada.

“Siento que lo sigo construyendo”, reconoce.
Y tampoco reniega de la identidad que implica estar en pareja con una persona tan conocida. “Siempre voy a ser 'la mujer de'. Hoy estoy con él, ojalá que sea toda la vida, pero va a ser algo para siempre porque él tiene una imagen muy fuerte. Te ata de por vida, pero no me molesta. De hecho, es lo que elegí”, dice.
La diferencia está en haber encontrado espacios propios. “Construí lo mío. Voy encontrando mi camino, mis espacios, mis lugares donde soy más yo, aparte de ser la mujer de”, explica.
Y recuerda que no siempre fue así. “El primer tiempo sentí que vivía la vida de otra persona”.
“Necesitaba encontrar mi lugar, mi camino”
Ese primer período en Manchester fue, según sus propias palabras, muy difícil. “No la pasé nada bien estando en ese lugar de vivir la vida de otra persona”, admite.
La terapia volvió a ser una herramienta fundamental y, en algún momento, también recurrieron a terapia de pareja. Sofía tuvo que poner en palabras frente a Sergio algo que para ella era urgente: necesitaba volver a sentirse bien con su propia vida.
“Yo decía: ‘Yo necesito ser feliz y de esta manera no lo soy’. Yo necesitaba encontrar mi lugar, mi camino”, cuenta.

La diferencia entre la vida que tenía en Argentina y la que encontró al mudarse fue muy fuerte. Ella se define como una persona social, con muchas amigas, planes y una vida que disfrutaba.
“Yo tenía una vida hermosa acá antes de irme. Y de repente me encontré encerrada en cuatro paredes, no tenía qué hacer, no tenía con quién hablar, esperando a alguien que llegue a ver si tenía ganas de hablarme o no, porque por ahí tenía un buen día, tenía un mal día”, recuerda.
La experiencia la obligó a adaptarse y crecer. “Tuve que adaptarme, tuve que crecer y tuve que apoyarme, creo que lo importante, en pedir herramientas para encontrar mi camino, mi lugar, mi destino”, resume.
Una relación que también atravesó crisis
Sofía y Sergio se llevan nueve años. Y aunque reconoce que hubo momentos en los que él supo acompañarla y entenderla, también hubo etapas de desacuerdo y crisis.
“Pasaron las dos cosas”, responde cuando le preguntan si él pudo acompañarla desde un lugar más adulto o si hubo momentos en los que pensaron en separarse.
Las diferencias también tenían que ver con la edad y con la forma de atravesar determinados problemas. Pero Sofía es clara al hablar de las dificultades de cualquier pareja.

“Las relaciones no son fáciles, llevan mucho esfuerzo, mucho trabajo y muchas ganas de tener ese compromiso”, afirma.
Hubo momentos en los que llegaron a decir “hasta acá” y otros en los que incluso plantearon seguir cada uno por su lado.
“Hubo momentos de mucho desacuerdo, de decir: ‘Bueno, sigamos cada uno por su lado’. Pero, por suerte, tomamos la decisión de volver a apostar juntos, a tener ganas de construir”, cuenta.
Para Sofía, esa decisión no es exclusiva de una pareja. Es una mirada que aplica a todos los vínculos.

“Todos los vínculos creo que uno tiene que trabajarlos, cuidarlos, trabajarlos. Te das cuenta hasta mismo en la maternidad, que no es fácil, no es sencillo. Uno no sabe a veces cómo abordar algunos temas. Es otra persona, somos dos personas distintas, dos caracteres distintos”, explica.
Olivia y los primeros días como familia de tres
La experiencia previa de Sergio como papá también fue importante cuando nació Olivia. Cabe recordar que el ex futbolista ya es padre de Benjamín, fruto de su relación con Giannina Maradona. Sofía cuenta que, durante los primeros días, eligieron vivir la llegada de su hija solos.
“Salí de la clínica con una bebita chiquitita así recién nacida. Lo vivimos solos. Yo no quería que nadie de la familia en ese momento esté”, relata.
La decisión tenía un motivo: quería que fueran ellos tres quienes pudieran disfrutar de ese comienzo.
“Quería que seamos los tres de un primer inicio”, explica. También sostiene que cuando llega demasiada familia, especialmente en los primeros días, el hombre puede quedar desplazado de su lugar como padre.
“Si vienen las abuelas, todos como que se apropian y mueven un poco más al hombre”, dice.

En esos primeros días, además, Sergio tuvo un rol muy activo. “Él la primera semana de vida le cambiaba los pañales únicamente él. Yo no sabía cómo enfrentarme a una ratita así recién nacida”, cuenta.
La experiencia previa de Sergio le permitió saber cómo desenvolverse con una bebé recién nacida y también acompañarla a ella.
“Él tenía la experiencia, ya lo había vivido, ya sabía lo que era”, explica.
Cómo es el Kun como papá
Cuando habla de Sergio como padre, Sofía no duda: está completamente enamorado de Olivia.
“Sergio como papá está embobado, está enloquecido”, cuenta.
Su punto débil son los límites. Sofía se reconoce más firme en ese aspecto y siente que muchas veces le toca ocupar ese rol.
“Le cuesta un poco el tema de los límites. Yo tengo que ponerme más rígida con todas esas cosas porque él es como que todo va a pasar”, explica.
Mientras él tiende a confiar en que las cosas se irán acomodando, ella siente que algunas cuestiones necesitan más firmeza. Pero eso no modifica su valoración del rol de Sergio como papá.

“Es un papá increíble”, asegura.
También destaca que actualmente él la busca en el jardín, pasa tiempo con ella y la lleva a su casa a almorzar.
Esa faceta de Sergio como padre la llevó incluso a pensar en el lugar donde quieren vivir y en qué tipo de cotidianeidad quieren ofrecerle a Olivia.
La fama del Kun y el deseo de una vida más normal
Sofía cuenta que ella y Sergio viven en diferentes lugares y que esa situación la hace pensar constantemente dónde quieren estar.
En ese contexto, imagina que Miami podría ofrecerles una dinámica más cotidiana para Olivia y, especialmente, para Sergio como papá.
Pone como ejemplo las clases de gimnasia artística de su hija. Allí, según explica, podrían encontrarse en un espacio menos latino, rodeados de madres estadounidenses o rusas que quizá no conozcan al exfutbolista.

“Él la lleva a gimnasia artística con todas las mamás, el único hombre metido ahí adentro, y son todas mamás americanas o rusas que por ahí no lo conocen. Entonces tiene la posibilidad de vivir esas cosas o de llevarla a una plaza. De ser como un padre más normal”, explica.
La diferencia con Argentina es clara. “Vivimos mucho más encerrados acá. Mucho más plan familiar adentro de casa, nos movemos entre nuestras casas, solos en nuestra familia”, cuenta.
Para Sofía, la fama tiene un costo inevitable. Sergio es una figura reconocida por distintas generaciones y ella entiende el cariño que recibe.
“La vida es así, todo tiene su precio, su costo. Siempre hay un lado B de las cosas”, reflexiona.

Volver a encontrarse como pareja después de la maternidad
La llegada de Olivia también modificó profundamente la relación de pareja. Después de muchos años juntos, Sofía y Sergio tuvieron que aprender a encontrarse nuevamente en una dinámica en la que ya no son solamente dos.
“Es un trabajo constante. Por eso es ganas de elegir y ganas de apostar y de trabajar”, sostiene.
El principal cambio estuvo en las prioridades.
“Las cosas cambian a partir de la maternidad. La prioridad cambia. Él era mi prioridad, mi foco era 100% puesto en él y de repente te das cuenta de un día para el otro que eso ya no es así. Que tu prioridad pasa a ser la nena, que él pasa a un segundo plano”, explica.
También cambió su manera de ocupar el lugar de mujer y pareja.
“Antes surgía de una forma natural y hoy lo que sucede es que lo tenés que trabajar, elegir y buscar”, reconoce.

Eso implica generar momentos para los dos, incluso cuando el cansancio invita a hacer exactamente lo contrario.
“Me pasa de decir: ‘Che, tengamos eso de seguir saliendo solos a cenar’, y lo tenés que esforzar un poco más”, cuenta.
La realidad cotidiana es intensa. Olivia todavía se despierta durante la noche y Sofía reconoce que muchas veces, cuando llega el final del día, lo único que quiere es dormir.
“Las horas que tengo quiero dormir”, dice entre risas. Ella es la primera en levantarse y comenzar el día con Olivia, mientras que Sergio es más nocturno. Pero, aun con esas diferencias, insiste en la importancia de encontrar espacios.

“Vas encontrando momentos, generando espacios y esforzándote un poco. Porque al final es eso: decir ‘Che, vayamos a comer’ y te da fiaca. Pero si querés seguir eligiendo, tenés que cuidarlo”, sostiene.
Para Sofía, dejar de hacerlo puede tener consecuencias en el vínculo. “Si no, terminás siendo una pareja de amigos”, advierte.
Por eso intenta encontrar un equilibrio entre su maternidad, su familia y su relación. “Yo priorizo mucho la familia, el vínculo con él e intento buscar un equilibrio en todo, que es difícil”, admite.
Qué la enamora de Sergio
Después de hablar de las dificultades, Sofía también se detiene en aquello que todavía la enamora de su pareja.
Lo primero que destaca es su inteligencia y su permanente necesidad de aprender. “Es una persona muy inteligente que todo el tiempo busca aprender, que no se estanca, que tiene mucha ambición, y eso me encanta”, dice.
También valora que Sergio permanezca activo y con nuevos proyectos. “Está todo el tiempo en movimiento, con proyectos nuevos. Está todo el tiempo haciendo, inventando”, describe.

Y hay algo que considera especialmente importante: el lugar que él le da en sus propios proyectos. “En todo me hace parte y siento que le importa mucho mi opinión. Todas las reuniones con su gente, con su equipo, muchas veces estoy yo ahí participando y como que me escuchan y me prestan atención”, cuenta.
Para ella, eso también es una forma de sentirse valorada. “Es lindo darme cuenta del valor que tengo para él, de lo que pienso o de lo que tengo para opinar”, asegura.
En el camino inverso, Sofía reconoce que al principio fue mucho más tajante a la hora de marcar límites sobre sus propias decisiones.
“Siempre quise tener mis lugares, como ‘esto es mío, no te metas’. Siempre fui muy de decir: ‘Acá no opinés’”, admite.

Necesitaba equivocarse por sí misma. “Yo necesito decidir y, si me tengo que equivocar, equivocarme”, recuerda.
Con el tiempo, encontró un equilibrio: Sergio puede aconsejarla, pero ella conserva la libertad de elegir. “Siempre me aconseja desde un lugar, pero me deja volar, elegir y decidir”, cuenta.
La Sofía que no siempre se ve en Instagram
Cuando llega la pregunta sobre qué parte de ella siente que el público todavía no conoce, Sofía apunta directamente a la distancia entre la imagen pública y la persona detrás de esa exposición.
“Seguramente no deben conocer la persona que soy. Uno, por la vida que tengo y demás, piensa algo o se crea una imagen que capaz que no es lo que soy”, explica.
Su grupo de amigas funciona como una suerte de referencia para ella. Son personas que la conocen desde antes de la fama y que pueden decirle si sienten que cambió.

“Tengo un grupo de amigas muy grande y siempre fui muy cercana de las familias y de las madres. Y hoy, al estar en esta posición, es como: ‘Che, ¿y qué onda, Sofi?’. Y la respuesta de mis amigas es: ‘Es la misma de siempre’”, cuenta.
Para ella, esa respuesta tiene un valor especial. Y también reconoce que la exposición la transformó, aunque no necesariamente de la manera que podría imaginarse desde afuera.
“El estar hoy donde estoy me hizo aún más humana, como más empática, más humana”, sostiene.
Esa faceta, admite, no siempre logra atravesar las redes sociales. “Capaz que eso es lo que a veces no traspasa un feed de Instagram, una historia, una foto o lo que uno muestra de ese lado”, reflexiona.
Un futuro con otro hijo, un casamiento y una marca más reconocida
Al imaginarse dentro de diez años, Sofía piensa primero en la familia. “Ojalá, si Dios quiere, con un hijo más, uno seguramente”, dice.
También imagina un casamiento. No es algo que hoy ocupe un lugar central en su vida ni algo que esté esperando con ansiedad, pero sí una experiencia que le gustaría vivir.
“Casamiento sí, es algo que me gustaría. Aunque no es algo que ocupa lugar en mi cabeza hoy. No es que pienso en eso, pero no me gustaría morirme sin vivir esa experiencia”, reconoce.

Lo que la atrae no es solamente la ceremonia sino la posibilidad de celebrar junto a las personas que quiere.
“Me parece lindo el hecho de festejar, de celebrar, de hacer una fiesta con toda la gente que uno quiere”, explica. “Lo hablamos, no como algo concreto que va a suceder”, aclara.
Y, lejos de imaginar una escena excesivamente romántica, se ríe de sí misma: “No soy la más romántica. Soy como un poco tipo ‘me da calor’”.
No tiene apuro. “Sería algo lindo de vivir. No tengo prisa, no es algo que me atormenta ni que ocupa lugar en mi cabeza”, dice.
En esa imagen de futuro también aparece Zettia. Su deseo es que dentro de una década la marca tenga una identidad todavía más fuerte y sea reconocida por las mujeres.

“Ojalá que en 10 años sea mucho más reconocida, que todo el mundo sepa, al nombrar Zettia, de lo que le estamos hablando, que las mujeres la elijan. Me encantaría”, concluye.
Después de una década marcada por mudanzas, búsquedas, terapia, maternidad, crisis y nuevos proyectos, Sofía Calzetti parece tener claro que su camino no fue una línea recta. Y quizás por eso, cuando le preguntan cuándo dejó de ser “la novia de” para convertirse en alguien con nombre propio, todavía no habla de una llegada sino de un proceso: “Siento que lo sigo construyendo”.
Mirá la entrevista completa de Priscila Crivocapich a Sofía Calzetti acá:
Créditos:
Producción: @paoreyesandaur
Fotos: Rocío Bustos
Diseño: Roshi Solano
Retoque: Gustavo Ramírez
Make up y pelo: @noedeledicque_
Agradecemos a: @nantolin, @shibinda, @jeanpierrejoyeros

