Hay experiencias que se esperan con ilusión, pero también con una emoción difícil de explicar. Para muchas personas, la llegada del papa León XIV a la Argentina será una oportunidad de encuentro, reflexión y renovación de la fe. Y detrás de cada celebración habrá cientos de voluntarios que, con su tiempo y compromiso, harán posible que miles de fieles puedan participar.
Una de ellas es María de la Paz Duran Costa, a quien todos conocen como Mery. Tiene 38 años, es psicóloga de profesión y desde hace 17 años trabaja en una consultora de sistemas, en el área de Talento y Cultura. Pero hay otra parte de su vida que ocupa un lugar muy importante: su participación en la comunidad de la parroquia Nuestra Señora de Loreto, en Palermo.
Actualmente es una de las referentes del grupo de adultos mayores de 30 años y participa activamente de distintas actividades parroquiales.
Su vínculo con la fe comenzó durante la infancia, de la mano de su familia, especialmente de su mamá. Con los años, esa enseñanza se convirtió en una elección personal que la acompañó en diferentes etapas de su vida. Desde la catequesis y los retiros espirituales hasta su experiencia como ministra de la Eucaristía, Mery encontró en la comunidad una manera de vivir su espiritualidad, compartirla con otras personas y ponerse al servicio de los demás. Por eso, cuando se enteró de que el Papa Leon XIV visitaría nuestro país y se abrió la convocatoria para participar como voluntaria, no dudó en inscribirse.
Será parte de la organización de la misa prevista en Buenos Aires y también colaborará con el equipo de logística del encuentro con los jóvenes. Aunque todavía no conoce todos los detalles de las tareas que tendrá que realizar, siente que está por vivir una experiencia muy especial.
"Sé que todavía no estoy viviendo ni un poquitito de lo que seguramente pueda sentir ese día", confiesa.

En esta entrevista con Para Ti, Mery comparte su historia, sus expectativas y una reflexión sobre el verdadero sentido de la fe: no vivirla solamente como una costumbre, sino como un encuentro cotidiano con Jesús y con los demás.
Mery y su historia de fe: "Es un trabajo personal de todos los días"
- ¿Cómo llegó la fe a tu vida y qué lugar ocupa hoy? ¿Es algo que heredaste de tu familia o hubo alguna experiencia personal que te acercó especialmente a Dios?
- La fe llegó a mi vida principalmente de la mano de mi mamá, que también es una católica muy activa. Mi papá también, quizás no tan activamente, pero de la mano de ellos fui acercándome siempre a Dios, a Jesús y a la Virgen. Me bauticé, tomé mi primera comunión, la confirmación y fui catequista durante un año.
Siempre fui a misa y viví la fe desde la comunidad de la parroquia Nuestra Señora de Loreto, muy activamente. A lo largo de mi vida participé en distintos grupos, no solamente yendo a misa, sino también haciendo actividades y asistiendo a retiros.
Ya en mi adultez, seguí acercándome a través de mis primas, que también comparten muy activamente la fe conmigo. Entre nosotras nos íbamos recomendando algún retiro o acercándonos a alguna actividad.
Hice un retiro muy importante en mi vida y de ahí surgió también un grupo de oración que mantuvimos durante muchos años. Hoy quizás la vida nos llevó puestas y no podemos juntarnos, pero seguimos siempre en contacto, compartiéndonos cosas y compartiendo la vida de alguna manera.
Así que diría que la fe es heredada, pero obviamente siento que es un trabajo personal de todos los días, con altas y bajas, con momentos de más luz y momentos de más incertidumbre. Pero siempre muy activa, tratando de permanecer en la fe, de contagiar a otros también y de poder mirar a mis hermanos a través de los ojos de Jesús.

Tuve también la gracia, hace unos años, de poder ser ministra de la Eucaristía. Creo que eso vino a completar mi fe, a poder vivirla desde un lugar que también es un servicio y que no imaginé, sinceramente, poder vivir.
El tiempo que lo hice, realmente lo viví con mucho amor y con mucha entrega.
La emoción de participar como voluntaria durante la visita del Papa
- ¿Qué sentiste cuando supiste que el Papa visitaría la Argentina y cómo surgió la posibilidad de participar como voluntario? ¿Qué te impulsó a decir que sí y formar parte de esta experiencia?
- Creo que, como la gran mayoría de los argentinos, cuando me enteré de que el Papa iba a visitar la Argentina sentí mucha alegría. Particularmente, por mi edad, no pude vivir la visita anterior de Juan Pablo II y me hubiese encantado.
Con lo cual, poder estar viviendo esta visita a mis 38 años me parece, sinceramente, una gracia como país, una gran oportunidad para todos de vivir la fe como comunidad cristiana. Me parece que va a ser un momento súper importante desde la fe y también como un hecho histórico. Creo que eso también es importante.
La posibilidad de participar como voluntaria me fue llegando a través de las redes y de Eugenio Uda, que es el párroco de Nuestra Señora de Loreto y está participando en la preparación de la misa. Él nos lo fue adelantando y, cuando vi que salió la inscripción, la verdad es que no lo dudé.
Soy una persona que, en su día a día, a lo largo de toda mi vida y por mi personalidad, es muy de ponerse al servicio, tanto en una comunidad como en mi trabajo, en mi familia o con mis amigos.

Creo que es una fortaleza que tengo, no sé si decirlo así. Es algo que me gusta, que me hace sentir útil.
Así que, cuando surgió esta posibilidad de sumarme como voluntaria, no lo dudé. Obviamente, entendía que había un montón de pasos a seguir, distintas instancias y una aprobación. Lo dejé en manos de Dios y, por suerte, salió todo bien.
Ahora estoy esperando que me asignen mi tarea para la misa, porque todavía no la tengo. Y también fui convocada, a través de un amigo, para participar en el equipo de logística del encuentro de jóvenes con el Papa, el martes.
Así que voy a ser voluntaria los dos días y, la verdad, es algo que me da muchísima satisfacción, que me llena el corazón. Sé que todavía no estoy viviendo ni un poquitito de lo que seguramente pueda sentir ese día. Así que estoy muy, muy contenta.
El voluntariado como una forma de vivir la fe
- ¿Qué significa para vos estar al servicio de los demás durante esta visita? ¿Sentís que el voluntariado también es una manera de vivir y expresar tu fe?
- La verdad es que, sin duda, creo que este voluntariado es una manera de vivir y expresar la fe. Me da mucha satisfacción poder colaborar. Es algo nuevo, particularmente por el tipo de evento y el momento que vamos a estar viviendo. Pero también tiene un montón de desafíos. Si bien seguramente sea un día que transcurra con mucha alegría, con mucha fe, con mucho sentido de comunidad y de unidad, seguramente tenga también un montón de desafíos y situaciones que uno tendrá que ir sorteando.
Espero poder estar a la altura de eso y resolverlas de la manera más correcta, pero siempre sosteniendo la alegría, el respeto por el otro y el sentido de comunidad. Acá, si bien está mi parroquia, obviamente creo que hay algo mucho más grande, que es la unidad de todos los argentinos y seguramente de muchos extranjeros que no dudo que también nos van a estar acompañando. Gente que viene de afuera y gente que vive acá y que vive esta Argentina también como todos nosotros.
Creo que es una forma de vivir la fe desde otro lugar, con compromiso, con entrega, pensando en algo más grande que mi propia persona. Siendo parte de lo que es la Iglesia, porque la Iglesia somos todos y eso me parece esencial. Creo que es caminar juntos hacia algo que nos trasciende, que nos recorre a todos y que, sin duda, es algo por lo cual tenemos que dejarnos atravesar.

Y que, al fin y al cabo, la fe es un poco eso, ¿no? No mirarnos solo a nosotros mismos, sino como una manera de decirle a Dios: “Acá estoy, contá conmigo, soy instrumento”, y de devolver un poco de todas las gracias que me dio en mi vida.
"Que nadie camine solo": el mensaje que Mery espera de León XIV
- ¿Qué expectativas tenés ante la llegada del Papa? ¿Hay algo que te gustaría escuchar de él, alguna emoción que esperás vivir o alguna intención especial que llevás en el corazón?
- En cuanto a las expectativas que tengo ante la llegada del Papa, obviamente espero que renueve mi fe. Siento que eso es algo que todos tenemos que desear con todo nuestro corazón. Que me ayude a renovar la esperanza a mí y a tantas personas, y que nos quede como mensaje que nadie camina solo. Creo que eso es algo muy importante para destacar y confío, estoy plenamente segura, de que ese mensaje no solamente me va a llegar a mí, sino a un montón de corazones que hoy necesitan escucharlo.
Sé que hay mucha preparación, mucho trabajo, no solamente de quienes vamos como voluntarios, sino de toda la Iglesia, que se estuvo preparando durante varios meses para poder vivir estas celebraciones de una manera distinta y con mucha alegría. Estoy segura de que va a ser muy emocionante. Todavía no logro dimensionar cuánto, pero sé que así va a ser.
La intención que llevo en mi corazón para ese momento, y también durante esta preparación, es lo que decía antes: ojalá que el mensaje del Papa llegue a todos los corazones, que nos renueve, que nos dé esperanza y que nadie se quede sin escuchar su mensaje.
Sé que va a ser muy importante para muchas personas, mucho más de lo que todos creemos. Y también espero que nos anime a todos a ser parte de una Iglesia que está viva, que camina, que está presente y que acompaña.
El recuerdo de Juan Pablo II y la expectativa por una nueva visita papal
- Si tuviste la oportunidad de estar presente durante alguna de las visitas de Juan Pablo II a la Argentina, ¿qué recordás de aquella experiencia? ¿Qué sentiste entonces y cómo imaginás que será volver a vivir un encuentro de estas características tantos años después?
- No tuve la oportunidad de estar presente cuando vino Su Santidad Juan Pablo II a la Argentina. Pero creo que todas las personas que conozco que sí estuvieron presentes me dijeron que fue un momento maravilloso, que guardan en el corazón como un lindo recuerdo. Y, sin dudas, será igual con León XIV.

La pregunta que Mery le haría al Papa: "¿Qué Iglesia sueña para las próximas generaciones?"
- Si pudieras estar frente al Papa durante unos minutos, ¿qué te gustaría decirle o preguntarle? Y, sobre todo, ¿qué te gustaría que dejara esta visita en tu vida, en tu familia y en la Argentina?
- ¡Qué difícil! Creo que si pudiera estar frente al Papa durante unos minutos, sin duda primero me bloquearía porque no sabría qué decirle. Pero, pensándolo, quizás le preguntaría cómo hacer para que, después de su visita, podamos seguir viviendo una fe activa como comunidad, como país. ¿Cómo hacer para que nuestra fe no se convierta en una costumbre, sino que siga siendo un encuentro vivo con Jesús? Y creo que también le preguntaría qué Iglesia sueña para las próximas generaciones. ¡Qué difícil!
Para mi vida, espero que la visita me deje una fe más fuerte, renovada y comprometida. Para mi familia, o pensando en todas las familias, creo que lo fundamental es que nos deje un mensaje de unidad, de amor, de respeto, de comprensión y que el foco esté puesto en Dios como centro de todo.
Para la Argentina, me gustaría que podamos abrirnos y ser más unidos, más fraternos y más respetuosos entre nosotros. No dudo de que el Papa va a transmitirnos ese deseo con todo su corazón. Que nos reúna como sociedad y, sin duda, que nos transmita la esperanza de que no caminamos solos.
Una visita que Mery espera vivir desde el servicio y la esperanza
Para Mery, participar como voluntaria durante la visita del papa León XIV no significa solamente colaborar en la organización de una celebración multitudinaria. Es también una manera de expresar su fe a través de una acción concreta.
En sus palabras aparece una idea que atraviesa toda la entrevista: la importancia de sentirse parte de una comunidad, de estar disponible para los demás y de comprender que la fe también se construye en los pequeños gestos cotidianos.
A sus 38 años, se prepara para vivir por primera vez la visita de un Papa a la Argentina y lo hace desde un lugar que conoce muy bien: el servicio.
No sabe exactamente qué emociones la esperan ni cuáles serán todos los desafíos de esas jornadas. Pero tiene una certeza que repite a lo largo de la charla: desea que este encuentro renueve la esperanza de quienes participen y de quienes sigan las celebraciones desde sus hogares.
Porque, como ella misma expresa, el mensaje más importante que espera recibir y compartir es tan sencillo como profundo: que nadie camina solo.


