Usar anteojos no significa resignar el maquillaje. Te mostramos las claves más simples para evitar que se corra la base en la nariz, resaltar los ojos según tus cristales y lograr un equilibrio divino con el tono de labial.
Levante la mano a quién no le pasó: te maquillás con todo el amor del mundo, te ponés los anteojos y, a los cinco minutos, te los acomodás y descubrís dos marcas rojas a los costados de la nariz donde la base directamente desapareció. Es una escena típica del día a día que muchas veces nos hace pensar que el maquillaje y los lentes no se llevan bien.
Pero la realidad es que los anteojos son un accesorio increíble para el rostro. La clave está en entender cómo juega la luz detrás del cristal, qué hace la graduación con el tamaño de tus ojos y de qué manera podés usar el color a tu favor para que todo se vea armónico y canchero.

La zona crítica: cómo evitar las marcas en el puente de la nariz
Si hay un drama común cuando usamos anteojos es el roce constante del marco o las plaquetas en la piel. Para que el producto no termine acumulado o directamente borrado en esa zona, la regla de oro es aplicar menos.

En el puente de la nariz y los costados donde apoyan los lentes, poné la cantidad mínima e indispensable de base o corrector. Una vez que emparejaste el tono, sellá esa parte con apenas un toque de polvo traslúcido. Esto crea una superficie suavecita que disminuye la fricción y evita que el maquillaje se mueva durante el día.

El efecto de los cristales: un truco para cada graduación
Los cristales cambian la forma en que los demás ven la dimensión de tus ojos. Por eso, adaptar un poco la técnica de sombras o delineado te ayuda a balancear la mirada.
- Si tenés miopía (los cristales achican el ojo): La meta es abrir e iluminar. Sumá sombras claras o con un poquito de brillo en el párpado móvil, arqueá bien las pestañas antes de ponerte la máscara y usá un delineador tono manteca en la línea de agua interna para agrandar al instante.
- Si tenés hipermetropía (los cristales agrandan el ojo): Como la lente funciona como una lupa que deja al descubierto cualquier detalle, lo mejor son las sombras de acabado mate en tonos neutros, los esfumados bien pulidos y los delineados finitos.

Marcos, cejas y pestañas: el secreto de las proporciones
El marco de los anteojos siempre proyecta una leve sombra sobre la cara. Para neutralizar ese efecto, las cejas son clave: peinalas, rellená algún huequito con trazos muy suaves y fijalas. Son las encargadas de darle marco al marco.
¿Y con las pestañas? El choque continuo contra el vidrio es una molestia súper típica. La solución no es dejar de usar máscara, sino elegir la fórmula adecuada. Arquealas bien desde la raíz y buscá máscaras enfocadas en dar volumen y densidad antes que un largo extremo, así no rozan el cristal cada vez que parpadeás.

El diálogo con el labial: la pata final para equilibrar el rostro
Como los anteojos ya suman peso visual en la parte superior de la cara, el labial es tu mejor aliado para compensar y darle un cierre espectacular al look.

Si usás un marco grueso, de acetato o de un color muy protagonista, los labiales en tonos nude, durazno o rosados suaves van a aportar frescura sin pelear por la atención. En cambio, si tus lentes son de marco fino, metálicos o casi imperceptibles, es el momento ideal para jugártela con un labial bien intenso —un rojo clásico, un borgoña o un frambuesa— que levante todo el rostro en un segundo.


