El protector térmico es un aliado clave para mantener el color y la calidad del pelo. Melisa Márquez comparte cuatro hábitos simples para reducir el impacto del calor en la rutina diaria.
Una mañana cualquiera frente al espejo: el secador a máxima potencia, la plancha lista y poco tiempo para arreglarse. Es una escena habitual, pero también una de las razones por las que el color del pelo puede perder intensidad antes de lo esperado.
Muchas veces se piensa que el tono se desgasta únicamente con el paso de los meses. Sin embargo, según explica Melisa Márquez (@melisamarquezsalon), el calor también tiene un papel importante. Con cada pasada de la plancha o con un secador demasiado caliente, el brillo puede modificarse y los tonos perder profundidad de forma progresiva.
Cuando el color empieza a verse diferente
Los cambios suelen aparecer de manera gradual. Los rubios pueden volverse más opacos, los cobres perder dimensión y las puntas empezar a sentirse más resecas antes de tiempo.
Es en ese momento cuando cobra importancia el cuidado diario. Como señala la especialista, mantener el color no termina en la peluquería. Gran parte del resultado depende de los hábitos que se incorporan en casa.
En ese contexto, el protector térmico se convierte en una herramienta clave. Más que un producto adicional dentro de la rutina, funciona como una barrera que ayuda a preservar la suavidad, el brillo y la apariencia saludable del pelo frente a las herramientas de calor.
La temperatura importa más de lo que parece
Uno de los primeros consejos de Márquez tiene que ver con el uso de planchas y tenazas.
"La regla de los 180°C" consiste en evitar las temperaturas máximas cuando el pelo está teñido. La especialista recomienda mantener las herramientas por debajo de los 180°C. En caso de que no cuenten con regulador, sugiere optar por equipos con tecnología de calor infrarrojo o placas de cerámica de alta calidad.
Reducir la temperatura puede marcar una diferencia importante en la conservación del color a largo plazo.
Menos calor, mejor resultado
Otro hábito que puede ayudar es evitar usar el secador sobre el pelo excesivamente mojado.
Márquez recomienda aplicar la técnica del "80% seco": dejar que el pelo se seque al aire hasta alcanzar aproximadamente ese nivel antes de recurrir al secador.
La lógica es simple. Cuanto menos tiempo permanezca expuesto al calor, menor será el desgaste sobre los pigmentos y la fibra capilar.
Cómo aplicar correctamente el protector térmico
La especialista también remarca que la forma de aplicación influye en el resultado.
En lugar de pulverizar el producto de manera general, aconseja dividir el pelo en secciones y aplicarlo desde medios hasta puntas. Luego, peinar con un peine de dientes anchos ayuda a distribuirlo de forma uniforme antes de utilizar cualquier herramienta térmica.
De esta manera, cada sector queda cubierto antes de entrar en contacto con el calor.
El detalle del lavado que puede hacer la diferencia
El agua también forma parte de la ecuación. Según explica Márquez, lavar el pelo con agua muy caliente puede abrir la cutícula y favorecer que el color se desvanezca más rápidamente.
Por eso recomienda finalizar el lavado con un chorro de agua fría. Este gesto ayuda a sellar la cutícula, potenciar el reflejo de la luz y realzar el brillo del color.
Al final, el cuidado del pelo suele construirse a partir de pequeños hábitos cotidianos. Y cuando se trata de preservar la intensidad del color, esos gestos diarios pueden marcar una diferencia visible frente al espejo.


