"El trauma es una herida, una desconexión": Sanjog, la terapeuta que transformó su trastorno alimenticio en un camino de sanación - Revista Para Ti
 

"El trauma es una herida, una desconexión": Sanjog, la terapeuta que transformó su trastorno alimenticio en un camino de sanación

Vivió más de una década con un desorden alimenticio, atravesó procesos profundos de dolor emocional y hoy acompaña a otras personas a reconectarse con su cuerpo, sus emociones y su historia. Desde Ecuador, Sanjog —directora en español de Compassionate Inquiry®— propone una mirada sensible sobre trauma, ansiedad, vínculos y salud mental: “Muchos síntomas comenzaron como mecanismos para sobrevivir”.
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“Viví con un desorden alimenticio desde los 13 años durante más de una década”. La frase no aparece desde la teoría ni desde la distancia clínica. Sanjog habla desde la experiencia propia. Y quizás ahí está una de las razones por las que su trabajo terapéutico conecta tan profundamente con quienes llegan buscando ayuda: porque conoce de cerca lo que significa habitar el dolor emocional, el control, la ansiedad y la desconexión con el propio cuerpo.

Hoy es instructora de Kundalini Yoga, antropóloga, terapeuta y Directora del programa en español de Compassionate Inquiry®, el método creado por Gabor Maté que investiga el vínculo entre trauma, cuerpo y enfermedad. Pero antes de acompañar procesos ajenos, tuvo que atravesar el suyo.

-Venís de atravesar en primera persona un desorden alimenticio. ¿Cómo transformaste ese dolor en una herramienta de acompañamiento y qué aprendiste sobre el vínculo entre el cuerpo, las emociones y el trauma?

-Gracias por la pregunta. Efectivamente, viví con un desorden alimenticio desde los 13 años durante más de una década. A lo largo de mi proceso de recuperación, entendí que los comportamientos vinculados al desorden alimenticio habían tenido una función importante y que mi relación con la comida era un reflejo de la relación que tenía con mi cuerpo y con mis emociones.

En mi caso, la restricción y el control excesivo del consumo de alimentos representado durante muchos años, mi forma de, por un lado, restringir o controlar emociones que no tenían lugar en mi familia de origen, y por otro, un esfuerzo por parecerme a aquello que yo imaginaba que me convertiría en una persona más digna de valorar e incluir.

El problema con restringir los alimentos por mucho tiempo, es que para la mayoría de cuerpos se vuelve insostenible. Nadie puede sobrevivir sin comer durante mucho tiempo. Cuando sometes a tu cuerpo a periodos largos de restricción alimentaria, tu cerebro se pone en alerta, y actúa de forma instintiva para sobrevivir.

En muchas personas, eso lleva a desarrollar un desorden de atracón, que por un lado satisface o busca satisfacer una necesidad biológica de alimentar el cuerpo, y por otro lado, pasa también a cumplir una función de gestionar, adormecer, o regular las emociones. En mi caso, los momentos de atracón también me daban un acceso momentáneo al placer y estimulación que quedaban tan limitados durante mis períodos de restricción.

En ese sentido, para mí ha sido importante reconocer que en un principio, mi diagnóstico surgió como un mecanismo de afrontamiento y de defensa de mi propia vulnerabilidad. La pregunta entonces sería: ¿por qué necesité esos mecanismos que luego trajeron un costo tan alto a mi vida? Y es ahí cuando entra el trauma. Porque en principio, el trauma es una herida; una desconexión. Entonces, ¿cuál fue el origen de esa desconexión? Diría que pasó demasiado.

Específicamente, tuve experiencias de separación física y emocional que me llevaron a una vulnerabilidad demasiado grande para soportar a esa edad. Eso es lo que generalmente hay detrás de un desorden alimenticio, adicción, y quizás cualquier diagnóstico.

-Compassionate Inquiry® propone escuchar lo que el cuerpo todavía recuerda aunque la mente lo haya olvidado. ¿Cómo se manifiestan esas heridas infantiles en la vida adulta y por qué muchas veces terminan expresándose como síntomas físicos, ansiedad o adicciones?

-Como mencioné en la pregunta anterior, en Compassionate Inquiry® consideramos que todos los diagnósticos describen un proceso, pero no necesariamente explican su origen. Generalmente, los diagnósticos describen síntomas que la persona está experimentando a nivel físico o mental. Desde esta mirada consideramos que estos síntomas, en la mayor parte de casos surgieron, en primer lugar, como mecanismos de afrontamiento o defensa ante situaciones que sobrepasan nuestra capacidad de afrontamiento a esa edad.

El problema con estos mecanismos de afrontamiento o de defensa es que si bien a una edad son necesarios, e incluso vitales, pues nos ayudan a sobrevivir, cuando somos adultos ya no cumplen la misma función y tienden a traer más costos que beneficios. Por lo tanto, en nuestra vida adulta, el trauma se evidencia en esos síntomas que son justamente los que suelen llevarnos a buscar apoyo o terapia y que pueden incluir patrones mentales como creencias limitantes sobre nosotros mismos o sobre el mundo.

Lo anterior puede incluir también la forma en que nos relacionamos con nuestro cuerpo y con nuestras emociones. Puede incluir estados de nuestro sistema nervioso que se rigidizan o generalizan de manera que respondemos de una forma automática y a veces innecesaria ante diversas situaciones de nuestras vidas y puede incluir también patrones relacionales.

El trauma también se manifiesta en las dificultades que enfrentamos como adultos para vincularnos sin perder nuestro sentido de agencia, nuestra voz y nuestro sentido de responsabilidad ante esas relaciones.

-En una época en la que se habla mucho de “sanar”, ¿qué creés que todavía se malinterpreta sobre el trauma? ¿Por qué no alcanza solamente con entender racionalmente lo que nos pasó?

-Hoy en día hablamos cada vez más del trauma y de la sanación del trauma. Por un lado considero que es algo muy positivo, porque quiere decir que en cierto nivel tenemos cada vez más conciencia de lo que nos hiere como seres humanos, lo que nos traumatiza, y también de lo que necesitamos como individuos y colectividades para cultivar más resiliencia.

Por otro lado, es importante considerar que pueden existir diversas formas de experimentar y lidiar con el trauma o de acercarse a un proceso de sanación e integración del trauma. En Compassionate Inquiry® consideramos que, debido a que el trauma se manifiesta en distintos niveles de nuestra vida individual y colectiva, entonces la sanación también necesita ocurrir en distintos niveles.

Uno de esos niveles es la mente. El trauma también se aloja en la mente. Como decía antes, se evidencia en una mirada restringida de quién somos y de las posibilidades que tenemos en el mundo. Otro nivel importante es el nivel del cuerpo, porque el trauma también se aloja en nuestro sistema nervioso y en la forma en que hemos aprendido a reconocer las señales de seguridad y peligro dentro y fuera de nosotros, pero también de acceder a un sentido de agencia sobre nuestra propia experiencia de seguridad, tanto en el cuerpo como en el mundo.

En ese sentido es necesario llevar o promover la sanación del trauma a nivel del sistema nervioso y muy conectado a esto podemos decir también que el trauma se aloja en el cuerpo en la forma en que experimentamos la vida dentro de nuestro cuerpo y en la forma en que nos relacionamos con nuestro propio cuerpo y con otros cuerpos. Podemos decir que el trauma genera constricciones a nivel del cuerpo, cuando no es seguro expresar lo que el cuerpo necesita expresar, generamos tensiones o cerraduras que reprimen esa expresión.

Eso puede incluir la expresión de nuestras emociones, de nuestra necesidad de acercarnos a algo o de alejarnos de algo, y también puede incluir la restricción de nuestra creatividad. Cuando la expresión de nuestro ser creativo no es recibida o bienvenida, aprendemos a reprimirla también y la escondemos, a veces hasta de nosotros mismos. Entonces la sanación también puede incluir el tomar conciencia de esas constricciones en el cuerpo y sus tensiones para acompañarlas a suavizarse y ampliar nuestra capacidad de conexión con nuestra verdad interna y un sentido de mayor elección sobre lo que queremos expresar sobre esa verdad interna o no.

Finalmente, cuando tenemos que utilizar estos patrones de afrontamiento y defensa por mucho tiempo, se convierten en síntomas que a menudo se expresan en enfermedades crónicas, adicciones y comportamientos compulsivos. Un nivel es mirar esos patrones y comprender su origen para ser más compasivos con nosotros mismos, y a traves de esa compasión explorar la posibilidad de que quello ue quedó reprimido pueda expresarse y que al hacerlo, podamos acceder a nuevas formas de habitar nuestro cuerpo y estar en relación con otros cuerpos.

-Tu formación cruza antropología, estudios de género, yoga y terapias como IFS y Brainspotting. ¿Cómo influye esa mirada integral en tu trabajo terapéutico y qué descubriste sobre las historias familiares y culturales que cargamos sin darnos cuenta?

-Lo que aprendí en mi carrera como antropóloga es que esta disciplina en gran medida es un ejercicio de desnaturalizar lo que ha sido naturalizado. En Compassionate Inquiry® hacemos algo parecido. El creador de este modelo, el Dr. Gabor Maté, escribió recientemente un libro llamado El Mito de la Normalidad, en el que habla sobre cómo todo aquello que hemos normalizado o naturalizado en nuestra cultura occidental globalizada que en realidad nos dirige al trauma y a la enfermedad.

Algo que valoro mucho del enfoque de Compassionate Inquiry® es que considera que, tanto el trauma como la sanación del trauma no son una cuestión individual sino colectiva y sistemática. Eso quiere decir que no podemos responsabilizar a una persona de su salud. En cierto nivel, como individuos podemos tomar responsabilidad de nuestra salud, pero en un nivel más profundo, cuando a nivel colectivo sostenemos prácticas que nos enferman y que tienen impactos diferenciados entre poblaciones, cabe preguntarse si realmente es viable la sanación.

La forma en que integro todo esto en mi trabajo es, por un lado, que cuando una persona llega a una consulta, la veo no como una persona individual, sino como una persona que está en relación continua con su entorno y que se ve impactada por las decisiones que otras personas toman, por el ecosistema en el que vive y que tiene el poder y la capacidad de impactar en su entorno también.

En ese sentido busco mirar en qué áreas la persona está asumiendo responsabilidades que no son suyas y en qué áreas puede tomar responsabilidad o adquirir un mayor sentido de agencia sobre su vida y la vida que la rodea. En términos de género, por ejemplo, es importante considerar que muchas de las creencias y patrones relacionales que tenemos vienen de la forma en que hemos sido socializados y en que nuestras vidas continúan siendo condicionadas de acuerdo a nuestra identidad de género. También nos lleva a considerar que una parte del trabajo es aquel que podemos hacer en la consulta individual o incluso grupal, pero otra parte importante del trabajo es la organización y los cambios que podemos generar a nivel colectivo.

Por otro lado, con respecto a las otras modalidades que utilizo en mi trabajo, Compassionate inquiry® es una modalidad que se nutre de otras y es muy compatible con las técnicas que se utilizan tanto en IFS como Brainspotting. En ese sentido, las veo muy complementarias, tanto en un contexto de terapia individual como de terapia grupal. Lo mismo ocurre con el yoga. Si bien no es algo que incluyo en el espacio terapéutico individual, sostengo algunos programas grupales en los que incluyo el yoga como herramienta porque considero que ofrece recursos muy potentes para mejorar la conexión con el cuerpo, con la mente y las emociones y para crear más conexión interna y capacidad de autorregulación, lo cual facilita o habilita la restauración y la sanación en todos los niveles.

-Muchas personas viven en automático, desconectadas de lo que sienten, hasta que el cuerpo “grita”. ¿Qué señales emocionales o físicas podrían ser una invitación a frenar y mirar más profundamente qué nos está pasando?

-Existen muchas señales emocionales o físicas que podrían ser una invitación a frenar y mirar más profundamente lo que está pasando. Algunas son: la tensión o el dolor en el cuerpo, la reactividad, ya sea como hiperreactividad, donde nos notamos en un continuo estado de lucha o huida o una hiporreactividad, donde nos notamos en un estado continuo de colapso, falta de motivación o depresión. También pueden ser señales aquellas que surgen en el contexto relacional.

A mí me gusta pensar que todas nuestras relaciones son como espejos que reflejan partes de nosotros que a menudo no podemos ver. Muchas relaciones, sobre todo las más cercanas, tienden a gatillar nuestras heridas antiguas. En Compassionate Inquiry® decimos que con las herramientas adecuadas, todos nuestros detonantes o gatillos pueden convertirse en regalos que nos da la vida para acceder a la sanación y a una sabiduría más profunda, pero implica estar dispuestos a mirarnos y a mirar quién somos en esas relaciones o cuando algo de la otra persona nos gatilla, y a tomar responsabilidad por lo que viene de nosotros.

Finalmente, una señal que considero que nos puede llevar a mirarnos más profundamente es preguntarnos cuán conectados estamos con el mundo a nuestro alrededor, esto incluye a los humanos pero también a otras especies. Algo que el trauma genera y que es muy evidente a nivel colectivo, es una desconexión del ecosistema del que somos parte.

En mi experiencia, cuando vamos sanando el trauma, accedemos a una mayor conciencia de las múltiples relaciones interespecie de las que somos parte. La cultura occidental normaliza el aislamiento y el individualismo, la hiperproductividad, la socialización excesiva a través del consumo y el entretenimiento. Pero en nuestra naturaleza, los seres humanos somos seres de conexión, y la conexión que verdaderamente nos nutre es física, emocional y psicológica.

Eso puede incluir el descanso, el ocio, el admirar la belleza y el tomar decisiones conscientes de nuestro impacto en otros seres vivos. En ese sentido, diría que esa también puede ser una pregunta que nos podemos hacer, ¿qué tan conectado/a estoy con lo que me rodea y cómo experimento esa conexión? ¿Qué tanto puedo estar conmigo y disfrutar de mi propia compañía y disfrutar del consumo y el entretenimiento cuando es necesario, pero también del silencio, de la pausa y del no hacer?

Más info sobre indagación compasiva en el enlace. Y si te interesa bucear, indagar en este tema, referentes en transgeneracional y psicogenealogía disertarán en la IV CUMBRE EL PODER DE TU ÁRBOL GENEALÓGICO, los dos últimos fines de semana del mes de mayo. Más info en redes: @elpoderdetuarbol

 
   

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