La piel es mucho más que una cuestión estética. Es un órgano que cumple funciones esenciales, como actuar de barrera frente al ambiente y participar en la regulación de la temperatura.
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La proteína es mucho más que músculo: por qué es clave para la piel, el pelo y la reparación del cuerpo
Su aspecto depende de múltiples factores: la genética, la edad, las hormonas, el descanso, la exposición solar, el estrés y los cuidados diarios. La alimentación también puede contribuir a mantenerla saludable, siempre como parte de un conjunto de hábitos.
No existen alimentos milagrosos ni una “dieta antiarrugas”. La clave está en sostener una alimentación variada, suficiente y equilibrada. Ningún producto garantiza por sí solo una piel perfecta, pero algunos nutrientes intervienen en la renovación celular, la formación de colágeno y la protección frente al daño oxidativo.
Vitamina C: cítricos, kiwi, frutillas y vegetales
La vitamina C interviene en la formación de colágeno y contribuye a la protección antioxidante. Podés encontrarla en los cítricos, el kiwi, las frutillas, el tomate, el morrón y el brócoli.
Incorporar distintas frutas y verduras permite sumar este nutriente dentro de una alimentación variada, sin necesidad de depender de un único alimento.
Vitamina A, carotenoides y vitamina E
La vitamina A y los carotenoides participan en el mantenimiento normal de la piel. Están presentes en alimentos como la zanahoria, la calabaza, la batata y los vegetales de hoja verde.
La vitamina E, por su parte, tiene una función antioxidante. Se obtiene a través de aceites vegetales, semillas y frutos secos, siempre de acuerdo con la tolerancia y las necesidades individuales.
Zinc y proteínas para formar y renovar tejidos
El zinc interviene en la síntesis de proteínas y en los procesos de reparación de los tejidos. Se encuentra en carnes, huevos, lácteos, legumbres y semillas.
Las proteínas aportan los aminoácidos necesarios para formar y renovar diferentes tejidos, entre ellos la piel. Pueden provenir de huevos, pescado, carnes, lácteos, legumbres y sus distintas combinaciones.
Grasas saludables y alimentos cotidianos
Los ácidos grasos esenciales forman parte de las membranas celulares. Están presentes en los pescados grasos, las nueces, las semillas de chía y lino, y los aceites vegetales.
Una estrategia sencilla consiste en sumar variedad y color: frutas y verduras de distintos tonos, una fuente de proteínas en las comidas principales, legumbres con regularidad, cereales integrales y grasas de buena calidad.
No hace falta comprar superalimentos ni productos costosos. Ingredientes cotidianos como huevos, lentejas, naranja, tomate, zanahoria y aceite de oliva pueden formar parte de este patrón de alimentación.
Hidratación, descanso y protección solar
Una hidratación adecuada ayuda a mantener el funcionamiento normal del organismo. Sin embargo, tomar agua en exceso no elimina arrugas ni reemplaza una rutina de cuidado.
Dormir lo suficiente, evitar el tabaco y protegerse del sol también son medidas importantes. La protección solar diaria y evitar las camas solares resultan especialmente relevantes para reducir el daño provocado por la radiación ultravioleta.
¿Qué pasa con los suplementos de colágeno?
Esta es una pregunta que escucho con frecuencia. Los suplementos de colágeno se promocionan como una alternativa para mejorar la piel, pero la evidencia disponible no permite considerarlos indispensables ni asegurar los mismos resultados para todas las personas.
Antes de incorporarlos, conviene evaluar la alimentación, los objetivos, los antecedentes y la calidad del producto con un profesional de la salud. Los suplementos no compensan una alimentación insuficiente ni reemplazan los cuidados externos.
Cuidar la piel no consiste en perseguir la perfección, sino en acompañar al cuerpo con hábitos sostenibles. Una alimentación variada, el descanso, la hidratación y la protección solar son aliados mucho más valiosos que cualquier promesa rápida.
*Mariela Vargas es licenciada en Nutrición (MP 10.959) / @lic.marielav

