¿Tenés más hambre cuando hace frío? Sebastián Soneira explica
 

¿Tenés más hambre cuando hace frío? Sebastián Soneira, médico, explica cuándo es normal y cuándo puede ser una señal de alarma

Con la llegada del frío, muchas personas sienten más hambre y tienen antojos de comidas calóricas. El Dr. Sebastián Soneira, jefe de la Sección de Trastornos Alimentarios y Psiquiatría Nutricional de Fleni, explica cuándo se trata de una respuesta normal del organismo y cuándo puede ser una señal de alerta vinculada al trastorno por atracón.
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Con la llegada de las bajas temperaturas, muchas personas sienten más hambre, buscan comidas más calóricas o tienen antojos de harinas, chocolate y otros carbohidratos. Aunque se trata de una respuesta frecuente del organismo, los especialistas advierten que no siempre es algo para minimizar.

Para entender cuándo el aumento del apetito forma parte de una adaptación natural al invierno y cuándo puede estar indicando un problema de salud, hablamos con el Dr. Sebastián Soneira (MN 104430), jefe de la Sección de Trastornos Alimentarios y Psiquiatría Nutricional del Servicio de Psiquiatría de Fleni. El especialista explica qué es el trastorno por atracón, por qué suele pasar desapercibido y cuáles son las señales de alerta a las que pacientes y familiares deberían prestar atención.

El aumento de apetito en los meses de frío: ¿conducta normal o señal de alarma?

—¿Comer más cuando hace frío es normal o puede ser una señal de alerta?

—Comer más cuando baja la temperatura es, en principio, perfectamente normal, y tiene una explicación biológica muy concreta. Cuando llega el frío y los días se acortan, el cuerpo ajusta varios sistemas internos para mantener su temperatura. La termogénesis, es decir, el proceso de generar calor, eleva ligeramente el metabolismo en reposo, y eso se traduce en mayor sensación de hambre.

A esto se suman cambios hormonales: el frío y las horas de luz reducida alteran el equilibrio de las hormonas que regulan el apetito. Aumenta la grelina, conocida como la hormona del hambre, y disminuye la leptina, la hormona de la saciedad. Como consecuencia, podemos sentir más hambre incluso sin haber modificado nuestra actividad física.

Los antojos de carbohidratos tampoco son un capricho. La menor exposición a la luz solar reduce los niveles de serotonina y dopamina, y el cerebro busca compensar ese descenso a través de alimentos que favorecen la producción de estas sustancias vinculadas al bienestar. Por eso el pan, las pastas o el chocolate suelen resultar tan tentadores durante el invierno.

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Comer chocolate, una tentación típica del invierno.

Todo esto forma parte de una respuesta esperable del organismo y tiene raíces evolutivas. El problema comienza cuando el aumento del apetito deja de responder a señales físicas reales y empieza a estar dominado por el estado emocional.

Como especialista, me hago algunas preguntas clave: ¿el hambre aparece aunque la persona haya comido hace poco? ¿Se come en respuesta a la tristeza, el aburrimiento o la ansiedad? ¿Existe una sensación de pérdida de control durante la comida? ¿Aparecen culpa o vergüenza intensas después de comer? Si estas situaciones se repiten, ya no estamos frente a una respuesta estacional normal sino ante una conducta que merece atención profesional.

Qué es el trastorno por atracón y cómo diferenciarlo de un exceso ocasional

—¿Cómo distinguir un atracón de un simple exceso de comida?

—Todos hemos tenido alguna vez una comida familiar en la que comimos más de la cuenta o una noche en la que vaciamos la heladera por ansiedad. Eso es humano, frecuente y no define ningún trastorno. La diferencia está en la frecuencia, la intensidad y, sobre todo, en lo que ocurre dentro de la persona durante y después del episodio.

El trastorno por atracón es una condición psicológica caracterizada por episodios de consumo descontrolado de grandes cantidades de comida en un período corto de tiempo, generalmente menor a dos horas, sin conductas compensatorias posteriores como vómitos o ejercicio excesivo.

Para hablar de un trastorno y no de un episodio aislado, los atracones deben ocurrir al menos una vez por semana durante tres meses y estar acompañados por características como comer mucho más rápido de lo habitual, hacerlo hasta sentirse incómodamente lleno, ingerir grandes cantidades sin hambre física, comer a escondidas por vergüenza y experimentar sentimientos intensos de culpa, tristeza o disgusto después.

Lo que realmente diferencia al trastorno por atracón de una sobreingesta ocasional no es la cantidad de comida sino la experiencia emocional.

Una persona puede comer mucho en Navidad y reírse de eso al día siguiente. En cambio, quien padece trastorno por atracón siente que no puede detenerse aunque quiera, vive el episodio con una sensación de pérdida de control y luego atraviesa una profunda carga emocional.

Por qué es el trastorno alimentario más frecuente y, al mismo tiempo, uno de los más invisibles

—¿Por qué sigue siendo tan poco diagnosticado?

—Existe una paradoja muy importante. El trastorno por atracón es el trastorno alimentario más frecuente, con una prevalencia a lo largo de la vida que oscila entre el 1,5% y el 3,4%, superando incluso a la anorexia y la bulimia combinadas.

Sin embargo, apenas una pequeña proporción de las personas que lo padecen recibe un diagnóstico formal. La primera razón es la vergüenza. Muchas personas sienten que deberían poder controlar la situación por sí solas y creen erróneamente que se trata simplemente de una falta de voluntad.

El trastorno por atracón es el trastorno alimentario más frecuente.

La segunda razón es que este trastorno no tiene la imagen que culturalmente solemos asociar a los trastornos alimentarios. Cuando pensamos en ellos, solemos imaginar a alguien extremadamente delgado. Sin embargo, el trastorno por atracón aparece con frecuencia en personas con sobrepeso u obesidad.

Esto genera un círculo complejo: el profesional se enfoca en el peso, el paciente siente culpa por su alimentación y el trastorno subyacente queda invisibilizado.

Además, recién en 2013 fue incorporado como diagnóstico independiente dentro del DSM-5, el principal manual de referencia en salud mental. Durante décadas ni siquiera tuvo entidad diagnóstica propia.

Señales de alerta para pacientes y familiares

—¿Qué señales deberían encender una alarma?

—En quienes padecen el trastorno suelen aparecer algunas conductas características: sentir que se pierde el control sobre la comida, ingerir grandes cantidades en poco tiempo sin hambre real, comer a escondidas, experimentar culpa o vergüenza después de comer y hacer promesas constantes de "nunca más" que luego no logran sostener.

También es frecuente que la comida ocupe un espacio mental excesivo, que se utilice para regular emociones como ansiedad, tristeza, soledad o aburrimiento, y que la persona empiece a evitar situaciones sociales por vergüenza relacionada con la alimentación o con su cuerpo.

Para los familiares, algunas señales pueden ser la desaparición de grandes cantidades de comida, notar que la persona come muy poco delante de otros pero luego lo hace a solas, cambios de humor marcados vinculados a la comida o conductas de ocultamiento como guardar envoltorios o comer durante la noche cuando todos duermen.

Lo más importante es entender que no se trata de falta de voluntad. Si alguien se reconoce en estas señales, o identifica estos comportamientos en un ser querido, lo que necesita no es más disciplina ni más culpa, sino acompañamiento profesional.

El trastorno por atracón tiene tratamientos efectivos, que incluyen psicoterapia cognitivo-conductual, abordaje nutricional especializado y, en algunos casos, medicación. Con el tratamiento adecuado, los resultados suelen ser muy buenos. La vergüenza de pedir ayuda dura un momento; el sufrimiento de no pedirla puede durar años.

El Dr. Sebastián Soneira, MN 104430, es Jefe de la Sección de Trastornos Alimentarios y Psiquiatría Nutricional del Servicio de Psiquiatría de Fleni.

 
   

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