En la previa del fashion show de Adolfo Domínguez en Buenos Aires, la ejecutiva habló con Para Ti sobre la expansión internacional de la firma, su compromiso con la sostenibilidad y el desafío de evolucionar sin perder identidad.
Adolfo Domínguez tenía varios motivos para celebrar en Buenos Aires. La presentación del documental sobre sus cinco décadas de historia coincidió con el primer aniversario de la apertura de su local en Patio Bullrich, una fecha que reunió en la ciudad a buena parte del equipo internacional de la compañía.
En ese marco, Para Ti conversó con Anabel Rúa López, directora de Retail Internacional y Expansión Global de la firma. Nacida en París en 1978, llegó a la compañía en 2020 y, desde entonces, ocupó distintos cargos vinculados con su crecimiento fuera de España.
Hoy coordina la gestión y el desarrollo de una red comercial integrada por 380 puntos de venta en 54 países, además de la tienda online. Con más de 20 años de experiencia en comercio internacional y pasos previos por empresas como Inditex y Parfois, Rúa López representa el punto de encuentro entre estrategia, moda y una identidad de marca que, asegura, debe preservarse más allá de cualquier transformación.
Buenos Aires y un aniversario muy especial
—¿Cómo estás viviendo estos días en Buenos Aires?
—Estoy muy ilusionada. Es un momento de celebración: festejamos los 50 años de la marca con la presentación de la película y del documental de Adriana Domínguez, y también el aniversario en Argentina. Precisamente hoy se cumple un año desde que abrimos en Patio Bullrich.
Qué mejor manera de celebrarlo que estando aquí todo el equipo y trayendo a Adriana Domínguez. Me hace muchísima ilusión que ella misma pueda conocer el mercado, ver Argentina y descubrir cómo estamos trabajando aquí.
—¿Desde qué lugar piensa la marca su expansión por el mundo? ¿Cuál es ese denominador común que permite reconocer una prenda de Adolfo Domínguez?
—Creemos mucho en el legado y en los valores de la marca. Con la presentación de la película tenemos la gran suerte de contar con un documento que permite conocer nuestros orígenes y acercar ese legado a nuevos públicos, especialmente a la gente más joven.
Allí se transmite claramente que tenemos una identidad y muchos valores detrás. No somos simplemente una colección de moda: existe una creatividad y una sensibilidad de Adolfo Domínguez vinculadas con la cultura y con lo social.
Ese valor es el que nos permite llegar a distintos mercados. Que hoy podamos estar en Argentina responde a una oportunidad perfecta, pero también a que la marca puede vestir a un cliente como el argentino.

El ADN que permanece más allá de los cambios
—La firma se transformó durante los últimos años y la moda hoy se comunica de muchas más maneras. ¿Qué rasgos permanecieron y siguen siendo innegociables?
—Creemos muchísimo en la sostenibilidad. Fuimos pioneros y ahora, además, contamos con trazabilidad y certificaciones. Desde el año pasado somos B Corp, algo que representa un orgullo muy grande porque nuestro estándar de sostenibilidad se encuentra entre los más altos del mundo.
También somos una marca con muchísimos valores. Dentro de las colecciones hay materiales de todo tipo, pero la manera de vestir al cliente tiene una identidad muy marcada. Queremos realzar la belleza, no solamente la externa, como pretenden muchas marcas, sino también el interior de las personas y la belleza que existe dentro de cada mujer.
—Adolfo Domínguez propone comprar menos y mejor, pero también es una empresa que necesita vender. ¿Cómo logran que esas dos ideas no entren en conflicto?
—Creemos que una prenda es una inversión. No se trata tanto de consumo o de gasto, sino de generar una pieza que dure durante años. Queremos que, así como hoy te la ponés y te gusta su calce, pueda acompañarte en el guardarropa y que dentro de 40 años vuelvas a usarla y a sentirte bien.
Esa es la clave: comprar de una manera sostenible y ser conscientes del planeta. Forma parte de nuestra identidad y nos diferencia dentro de esta saturación de marcas. Tenemos nuestro espacio en el mercado y somos, por supuesto, una marca de autor.

“La arruga sigue siendo bella”
—La firma también resultó revolucionaria al mirar la arruga con amabilidad y cuestionar la idea de que la moda tenía que ser siempre impecable o que repetir una prenda era un pecado.
—Totalmente. La arruga sigue siendo bella. Creemos en esa arruga en el tiempo, en aquello que va con nosotros y permite mostrar la esencia del ser humano. Sin duda, es algo que nos hace diferentes.
—Fue una mirada visionaria, especialmente en una época atravesada por lo sintético y por la inteligencia artificial. ¿Cómo incorporan estas herramientas sin perder humanidad?
—La inteligencia artificial está ahí y tenemos que convivir con ella. Nosotros la estamos introduciendo de manera transversal en la empresa, pero no podemos perder nuestra identidad.
La inteligencia artificial no puede trabajar sola: tiene que existir una supervisión. Hay que saber utilizarla, manejarla y aprovechar su rendimiento, pero desde luego no sustituye a un ser humano.
Lo que realmente nos identifica es ser reales y llegar de una manera mucho más natural. Incluso cuando utilizamos fibras que no son naturales, buscamos que sean sostenibles. Si una fibra sintética ya existe en el planeta, intentamos darle un segundo o un tercer uso, siempre apostando por la sostenibilidad.
Una conciencia que atraviesa generaciones
—Recuperar, reutilizar y transformar materiales implica un trabajo adicional. ¿Esa decisión nace solamente de la marca o también responde a una demanda del público?
—Creo que las nuevas generaciones son más conscientes de la sostenibilidad, no me cabe ninguna duda. Hay muchas marcas que ahora se están sumando a una sostenibilidad obligada porque también existe una exigencia legal, pero creo que hay una conciencia social mucho mayor.
En nuestro caso, la sostenibilidad forma parte del ADN de la marca. Es un sentimiento que nació con la figura de Adolfo Domínguez. Nos sentimos responsables desde nuestra identidad y no porque alguien nos imponga algo.
Tenemos un compromiso verdadero con el planeta, con los animales y con el rechazo al maltrato animal. Es algo sentido y forma parte de quiénes somos.

La experiencia digital y el valor de la tienda física
—Antes, para conocer una marca había que asistir a un desfile o visitar una tienda. Hoy se puede acceder a ella desde cualquier parte del mundo. ¿Cómo cambió esa transformación la experiencia?
—Creo muchísimo en la omnicanalidad. Las redes sociales y el canal online son importantes, pero también lo es la tienda física. Ambos espacios son necesarios.
Hoy podemos mirar primero la página online y después ir a la tienda, o conocer la tienda y continuar la experiencia de manera digital. Toda esta transformación nos permite llegar al mundo mucho más rápido.
—¿El hecho de estar expuestos ante una audiencia global también cambió internamente a la compañía?
—La marca evolucionó con el tiempo. La película muestra cómo, durante 50 años, se adaptó a muchísimos cambios. Hoy tenemos nuevas necesidades y debemos responder a ellas sin perder nuestro legado ni nuestros valores.
En el futuro seguramente tendremos que adaptarnos a una realidad que todavía no conocemos. Somos una empresa muy resiliente y valiente. Estoy muy orgullosa de trabajar con un gran equipo.
Ninguno de nosotros tiene un sentimiento aislado respecto del trabajo. Trabajamos de la mano, de manera transversal y con un mismo objetivo: que la marca perdure y pueda llegar a todo el mundo. Si pudiéramos estar presentes en todos los países, allí estaríamos.

El documental y la historia detrás de cada prenda
—¿Qué significa para ustedes ver la identidad y los valores de la compañía reflejados en un documental?
—Forma parte de la creatividad de nuestras colecciones. Es tan importante llegar a una prenda como saber comunicarla.
Tenemos un equipo de comunicación y marketing que pone en valor todo el trabajo que existe detrás: desde el diseño hasta la elección de los proveedores, entre los que buscamos a los mejores del mercado, y todo el compromiso con la sostenibilidad.
Creo que logramos comunicar muy bien ese universo. Me atrevo a decir que somos de los mejores del mundo. Estoy muy orgullosa porque somos verdaderamente un gran equipo.
Cómo es la mujer Adolfo Domínguez
—Las mujeres son muy diversas alrededor del mundo. Si tuvieras que definir a la mujer Adolfo Domínguez, ¿cómo sería?
—La marca pretende vestir a todo el mundo, pero, si tuviera que definirla, diría que es una mujer sofisticada, elegante, creativa, exclusiva, vanguardista y atrevida. También es una mujer vinculada con la vida urbana.
Dentro de las colecciones tenemos una pirámide en la que están muy bien definidas las distintas tipologías de clientas. En la cúspide se encuentra la propuesta más vanguardista, con un perfil quizá más artístico y arriesgado.
Después tenemos una clienta icónica, que es la que posiblemente más se identifica con la marca; una clienta esencial, que busca esa esencialidad, y también una clienta fashionista. Intentamos vestir a toda esa pirámide de mujeres.

Una vocación que comenzó antes de llegar a la moda
—Te formaste en Economía Internacional. Cuando estudiabas, ¿imaginabas que ibas a terminar trabajando en moda, ventas y diseño?
—Sí, lo tenía clarísimo. Siempre supe que quería estar en el mundo de la moda y que también quería trabajar en todo el mundo. De hecho, mi especialidad es Economía Internacional.
Soy muy afortunada porque hago lo que realmente me gusta y, además, trabajo en una marca con la que me identifico muchísimo. Considero que sus valores también son los míos y creo que no sería capaz de vender otra cosa.
Cuando hacés un trabajo es importante creer en el proyecto y tomarlo como si fuera propio. No pertenezco a la familia de Adolfo Domínguez porque no soy Domínguez, pero me considero parte de ella. Creo que a todos nos sucede lo mismo dentro de esta casa: tenemos un orgullo de pertenencia muy grande.

Trabajo, familia y calidad de tiempo
—Ocupás un rol decisivo dentro de una compañía internacional. ¿Cómo encontrás un equilibrio entre tu vida personal y un trabajo que te exige estar siempre pensando y creando?
—Primero, se consigue trabajando en algo que te gusta y te apasiona. También tengo la suerte de contar con una familia que me respeta y que me conoció con esta necesidad de hacer este trabajo.
Me quiere aunque quizás no tenga todo el tiempo que desearía. Cuando estoy con mi familia intento darle todo lo que puedo, con la máxima calidad.
Ellos también me ven feliz con lo que hago. Si no trabajara en algo que me apasiona, viviría una infelicidad que también transmitiría a mi familia. El equilibrio está entre la pasión por mi trabajo y la suerte de tener una familia que me quiere como soy.
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