En una Semana de la Moda de Milán atravesada por estrenos, cambios y nuevas etapas para algunas de las grandes casas italianas, Missoni eligió mirar hacia su propia historia para avanzar. Y lo hizo tomando uno de sus códigos más reconocibles, el famoso zigzag, para transformarlo sin hacerlo desaparecer.

La colección primavera-verano 2027, diseñada por Alberto Caliri, se presentó en los claustros de San Simpliciano, en Milán, y tuvo al movimiento como punto de partida. La idea no fue imaginar un destino específico sino un guardarropa capaz de acompañar a una mujer que viaja, cambia de escenario y se viste de manera intuitiva.

El nuevo zigzag de Missoni

Esta vez, el clásico motivo de la firma pierde rigidez. Los chevrones, las rayas y las geometrías características de Missoni aparecen más sueltos, deshilachados y hasta parcialmente disueltos sobre el tejido, según explica la propia maison.

No se trata de abandonar un símbolo sino de bajarle el volumen.
Una paleta inspirada en el sol, la tierra y el verano

La elección cromática acompaña esa búsqueda de serenidad. Arena, crudo, tabaco y rosa empolvado construyen gran parte de la colección, mientras que rojo, amarillo y azul irrumpen en pequeños golpes de color. También aparecen el dorado y el plateado a través de hilos metálicos y brillos.

Es otra manera de entender el ADN colorista de Missoni: menos explosivo, pero igual de reconocible.
La marca también propone una transición muy natural entre el día y la noche. Lentejuelas e hilos brillantes aparecen mezclados con materiales de aspecto más cotidiano, borrando la antigua frontera entre prendas prácticas y piezas pensadas para ocasiones especiales.
Siluetas relajadas y una nueva idea de lujo

Pantalones amplios y de tiro bajo, formas largas y fluidas, cárdigans, prendas de chenille, vestidos voluminosos y piezas ajustadas con cordones construyen una silueta que evita todo aquello que parezca demasiado armado.

Hasta los accesorios siguen la misma lógica: sombreros blandos, grandes bolsos y sandalias combinadas con medias acompañan looks que parecen haberse construido espontáneamente, agregando y quitando capas según el momento.

Hay una idea especialmente interesante detrás de esta propuesta: vestirse bien sin que parezca que se hizo demasiado esfuerzo para conseguirlo.

Y allí aparece una de las tendencias que empieza a atravesar las colecciones primavera-verano 2027: un lujo menos rígido y más conectado con prendas capaces de acompañar la vida real.
Una colección que también abre una nueva etapa para Missoni

El desfile llega además en un momento significativo para la histórica casa italiana. En mayo de 2026 se terminó de definir su nueva estructura accionaria: FSI pasó a controlar aproximadamente el 73% de Missoni y el grupo alemán Katjes International ingresó con cerca del 27%. La compañía aseguró entonces que la nueva etapa estaría marcada por la continuidad de su identidad y de su actual management.

Y la pasarela parece confirmar esa intención.
No hay una ruptura con el pasado. Hay, en cambio, una evolución de los códigos que hicieron famosa a Missoni desde su fundación en 1953: el punto, el color y las geometrías siguen allí, pero ahora hablan un lenguaje más liviano y cotidiano.

Para Caliri, que trabajó junto a Rosita Missoni, la manera que tenía la fundadora de viajar —ligera, cómoda y con una particular sofisticación— también funcionó como referencia para pensar esta colección.
Así, para la primavera-verano 2027, Missoni demuestra que un ícono no necesita desaparecer para sentirse nuevo. A veces alcanza con suavizarlo, desarmarlo y dejarlo moverse.

Missoni 
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