Mientras continúa la conmoción por la tragedia submarina ocurrida en Maldivas, en la que murieron cinco buzos italianos experimentados durante una inmersión en una cueva del atolón Vaavu, comenzó a conocerse el testimonio de una de las personas que debía participar de la expedición y que, a último momento, decidió quedarse en el barco.
La mujer, cuya identidad fue preservada por algunos medios italianos, formaba parte del mismo grupo que viajaba a bordo del yate Duke of York y compartía con las víctimas la pasión por el buceo y la investigación marina.
Según trascendió en medios locales, estaba previsto que descendiera junto a Monica Montefalcone, su hija Giorgia Sommacal, Muriel Oddenino, Federico Gualtieri y el instructor Gianluca Benedetti, pero algo la hizo cambiar de idea poco antes de la inmersión.

“Algo me dijo que no bajara”, habría confesado devastada después de enterarse de que el grupo nunca regresó a la superficie.
La tragedia ocurrió el jueves, cuando los cinco expertos ingresaron a una compleja cueva submarina ubicada a unos 50 metros de profundidad en el atolón Vaavu, uno de los destinos más elegidos por buzos de todo el mundo. Horas después, al ver que no regresaban al punto acordado, comenzó un operativo de búsqueda que todavía continúa.
Hasta el momento, el único cuerpo recuperado fue el del instructor y capitán Gianluca Benedetti, encontrado cerca de la entrada de la caverna con el tanque de oxígeno vacío. Las autoridades maldivas investigan distintas hipótesis sobre lo sucedido: desde una posible desorientación dentro del laberinto submarino hasta fallas en la mezcla de gases de los tanques o un problema técnico durante la inmersión.

La mujer que decidió no bajar quedó completamente en shock tras conocer la noticia. Según reconstruyeron medios italianos, el grupo estaba tranquilo antes de la expedición y las condiciones climáticas eran buenas. Incluso Stefano Vanin, colega y amigo de Monica Montefalcone, aseguró al Corriere della Sera que “el mar estaba en calma” y que no existía ninguna alerta meteorológica en la zona.
La tragedia impactó especialmente en Italia porque las víctimas no eran turistas improvisados, sino buzos altamente capacitados y vinculados al ámbito científico. Monica Montefalcone, de 51 años, era una prestigiosa bióloga marina y profesora de Ecología Marina Tropical y Ciencias Subacuáticas en la Universidad de Génova. Su hija Giorgia Sommacal, de 22, estaba a punto de graduarse como ingeniera biomédica y compartía con su madre la pasión por el océano: juntas habían realizado más de 500 inmersiones.

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También murieron Muriel Oddenino y Federico Gualtieri, jóvenes investigadores especializados en biología marina y ecología, además de Benedetti, instructor de buceo y capitán del barco.
En las últimas horas se conocieron además detalles estremecedores sobre las horas previas al accidente. Monica había enviado mensajes a colegas y familiares hablando de su entusiasmo por seguir estudiando el ecosistema submarino de Maldivas. “Es fundamental observar el entorno submarino”, escribió la noche anterior a la inmersión fatal.
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El caso sigue rodeado de misterio y dolor. Mientras avanzan las tareas de rescate y las pericias sobre el equipo utilizado por los buzos, el relato de la mujer que decidió no bajar suma una dimensión todavía más conmovedora a una tragedia que mantiene en vilo a Italia y a Maldivas.
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