“Querido Juan Pablo, que tu visita nos traiga justicia”. En el living, todos comentaban la transmisión. La abuela materna de Vanessa Pedreira, en cambio, le hablaba al Papa a través del televisor. Vanessa todavía recuerda el bullicio de su familia, el asombro con que seguían el recorrido de Juan Pablo II por la Argentina y, en medio de todo eso, la voz de su abuela pidiéndole algo que ella iba a entender mejor con los años.
De aquella segunda visita, Constanza Levaggi guarda otro recuerdo. Tenía unos nueve años y fue con su familia a una de las misas. Su papá tenía credencial de prensa y, para conseguir una foto del Papa, se subió a un poste. Constanza dice que hizo la “gran Zaqueo”, en alusión al personaje bíblico que se trepó a un árbol para ver pasar a Jesús. La familia todavía conserva la foto. Ella, que hoy ayuda a preparar la llegada de León XIV, cuenta la anécdota con una advertencia en broma: “Lectores: por favor no se suban a nada, miren a León en las pantallas”.
Las palabras que Vanessa volvería a decir
Vanessa tiene 51 años y trabaja desde hace 32 en la Catedral de Buenos Aires, donde es coordinadora ejecutiva. También es directora de gestión operativa en la Arquidiócesis. Desde esos dos lugares participa en la organización de las actividades de la visita en Buenos Aires. Dice que en estos días le toca ordenar una mezcla de emociones: por momentos se concentra en lo que hay que resolver y, de vez en cuando, se permite sentir la “alegría desbordante” de estar viviendo algo que esperó con tanta ilusión.

Con los años, Vanessa entendió aquel pedido de su abuela como una manera de hablar del amor en acciones concretas. Por eso, si pudiera conversar con León XIV, volvería a decir esas palabras. Sería una forma de homenajear a su abuela y de expresar algo que aprendió desde aquella tarde frente al televisor: para ella, la justicia empieza en cómo nos tratamos.
De la visita espera, sobre todo, que la gente pueda compartir una alegría. Para explicarlo, recurre a una imagen que en la Argentina se entiende enseguida: la del deporte. “Cuando alguien gana, ganamos todos. Cuando alguien pierde, nos consolamos entre todos”, dice.
"Con respecto a la visita del Papa, yo tomo esta figura tan argenta, que es la del deporte, y siento exactamente eso, que la visita del Papa llega para para hacernos sentir que viene por y para todos. Nos iguala, nos invita, nos participa de la misma alegría. Si vamos como feligreses, si somos peregrinos, si nos toca colaborar, en el momento en que el Papa nos da la bendición, nos bendice a todos por igual. En el momento en que nos habla, ese mensaje es para todos. No hay nadie que quede por fuera de ese abrazo simbólico que viene a darnos desde cerca, visitando nuestro país. Así que yo creo que lo que más deseo es sentir que la gente siente, justamente, que percibe, que en estas ocasiones todos somos iguales, porque el Papa nos abraza, nos bendice y nos ama a todos por igual", comparte.
"Si tuviera que decir qué es la fe, en pocas palabras, diría que es una fuerza vital que atraviesa todos los caminos", nos dice.
La foto de su papá y la canción de sus hijas
Constanza tiene 48 años, se dedica al estudio y enseñanza de la Biblia en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina y de otros centros de estudio. Sirve en el ámbito de la catequesis, especialmente como directora del Seminario Catequístico Arquidiocesano María Auxiliadora y como Secretaria Ejecutiva de la Comisión Episcopal de Biblia y Catequesis de la Conferencia Episcopal Argentina.
Hoy es miembro del Equipo Coordinador Nacional de la Visita. Cuando el padre Matías Taricco la invitó a asumir esa tarea, pensó en la oportunidad de “abrir el juego”, como dice ella, para que más personas pudieran participar. Hoy su equipo acompaña a quienes preparan las distintas actividades con propuestas de oración, reflexión y misión.

"Es verdad que es “emocionante” hacer un servicio en este acontecimiento, pero más grande es la certeza de saber que es una oportunidad para hacer un bien", dice.
En su casa, la visita ya tiene una escena que la emociona: escuchar a sus dos hijas cantar la canción de la visita. Su papá se subió a un poste para llevarse una imagen de Juan Pablo II. Ella, tantos años después, ya tiene un recuerdo de estos días antes de que llegue León XIV.
Si pudiera saludar al Papa, Constanza le agradecería por venir y, en el apretón de manos, querría que él sintiera la fuerza de los cientos de personas que trabajaron con su equipo. Confiesa que, si fuera por ella, también le daría un abrazo. Cuando piensa en lo que significa estar un minuto a solas con él, sin embargo, piensa en algo que ya ocurre todos los días: “Es el ‘a solas’ de pensar y rezar por Él, del trabajo cotidiano que hacemos para que Él pueda sentirse en su casa, cómodo y querido por nuestro pueblo”.

-Detrás de tu decisión de colaborar, ¿hay alguna historia personal, un agradecimiento o una intención que quieras compartir?
-Comparto dos cosas. Una: “El que anda con los sabios, sabio será” (Proverbios 13,20)… es así… puedo hacer lo que hago, porque tengo un “círculo de confianza” que se amplía en una “red comunitaria”, en cada espacio en el que estoy: familia, amigos, compañeros de trabajo, colegas.
Dos: Juan Bautista dijo sobre Jesús: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Juan 3,30)… a buen entendedor, pocas palabras.
-Cuando imaginás ese día, ¿qué momento te emociona más y qué te gustaría que esta experiencia dejara en tu vida?
-Me emociona ver a la gente contenta, sintiendo la presencia de Dios en este acontecimiento. Doy gracias a Dios por la oportunidad de servir, allanar y facilitar el camino a mis compañeros del Equipo Nacional. Sea lo que sea que esta experiencia deje en mi vida, lo recibiré como un don de Dios y una oportunidad para crecer.
-Si tuvieras la oportunidad de estar un minuto a solas con el Papa, ¿qué te gustaría decirle o compartir con él desde el corazón?
-Siento que todos los que estamos organizando la Visita ya estamos de alguna manera “a solas” con el Papa. No es el “a solas” de la foto, de darle la mano o que nos mire a los ojos y nos salude; es el “a solas” de pensar y rezar por Él, del trabajo cotidiano que hacemos para que Él pueda sentirse en su casa, cómodo y querido por nuestro pueblo. Si se diera la oportunidad de saludarlo, le agradecería por venir y le daría la bendición de Dios, para que, en el apretón de manos, sienta la fuerza de los cientos de personas que colaboraron con el equipo de contenidos. Y, si fuera por mí, le daría un abrazo… pero no lo haría para no hacer “quedar mal” a mis compañeros, rompiendo los protocolos.
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