La condena a Federico Martín Molinari por el delito de grooming volvió a poner su nombre en el centro de la escena pública. Durante años, el rosarino fue uno de los máximos referentes de la gimnasia artística argentina, representó al país en los Juegos Olímpicos y construyó una imagen muy ligada al deporte y a su familia. También dirigía, junto a su esposa, una escuela de gimnasia en la que entrenaban niños y jóvenes.
De Rosario a convertirse en uno de los grandes gimnastas argentinos
Federico Molinari nació el 11 de enero de 1984 en Rosario, aunque se crio en San Jorge, provincia de Santa Fe, donde comenzó a practicar gimnasia desde muy chico. El deporte formaba parte de su vida familiar: sus padres eran entrenadores en el Club Atlético San Jorge y fueron quienes lo acercaron a la disciplina.
Con apenas 13 años integró la Selección Argentina y, con el paso del tiempo, se especializó en la prueba de anillas, modalidad en la que alcanzó sus mayores logros deportivos.
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Su carrera tuvo momentos históricos, como la clasificación a la final de anillas en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde obtuvo un diploma olímpico tras finalizar entre los ocho mejores. Años más tarde, en los Juegos Panamericanos de Lima 2019, conquistó la medalla de bronce, uno de los grandes hitos de su trayectoria.
Además de competir al máximo nivel, participó de programas de televisión y se convirtió en una de las caras más reconocidas de la gimnasia artística argentina.
Su familia: una vida compartida con Paula Cancio y sus tres hijos
Fuera del alto rendimiento, Molinari también mostraba con frecuencia aspectos de su vida familiar.
Está casado con Paula Cancio, gimnasta y entrenadora. La pareja se comprometió en 2019, luego de que el deportista le propusiera casamiento en plena transmisión televisiva tras obtener la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Lima.
Juntos formaron una familia con tres hijos: Valentino, Ciro y Vito, este último nacido el 7 de enero de 2024. El propio Molinari compartió la llegada del bebé en sus redes sociales y definió ese momento como una enorme felicidad para la familia.

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En su cuenta de Instagram era habitual encontrar imágenes de la pareja junto a sus hijos, vacaciones familiares y publicaciones en las que los niños practicaban gimnasia, siguiendo los pasos de sus padres.

La escuela de gimnasia que dirige junto a su esposa
Otro de los proyectos que marcó la vida de Molinari fue la creación de una escuela de gimnasia artística, donde trabajaba junto a Paula Cancio formando a niños, adolescentes y deportistas de alto rendimiento.
Desde sus redes sociales promocionaban las actividades de la institución y compartían videos de clases, competencias y entrenamientos. El exgimnasta solía destacar que por la escuela habían pasado miles de alumnos y que la enseñanza era una de sus grandes pasiones.

La causa que cambió su vida pública
En marzo de 2023, la madre de una adolescente de 16 años denunció a Molinari por el envío de mensajes a través de Instagram. Durante la investigación se incorporaron capturas de pantalla de esas conversaciones, que luego fueron difundidas por TN, y la causa avanzó hasta llegar a juicio.
Este viernes, la Justicia lo condenó a un año y ocho meses de prisión de ejecución condicional por el delito de grooming. Además, deberá fijar residencia durante dos años, someterse al control del Patronato de Liberados y realizar un tratamiento psicológico con perspectiva de violencia de género.
La sentencia marcó un giro definitivo en la historia del exdeportista, cuya imagen pública durante más de dos décadas estuvo asociada a sus logros deportivos, su rol como entrenador y la vida familiar que compartía habitualmente en redes sociales.
Fotos: Instagram



