Si hay un postre que sabe conquistar paladares gracias a su contraste de texturas, es la créme brûlée. Esa combinación entre una crema suave y una capa de azúcar crocante quemada al instante es un viaje de ida. Sin embargo, sumarle un toque cítrico y presentarlo dentro de la propia fruta convierte a esta versión en una propuesta fresca, vistosa y absolutamente tentadora.
Ingredientes
- 3 limones medianos
- 200 g de crema de leche
- 5 cucharadas de azúcar común
- 1 cucharada de almidón de maíz
- 1 cucharada de esencia de vainilla
- Azúcar extra para espolvorear y dorar al final

Preparación
Paso 1: Cortar los limones a la mitad a lo largo. Con la ayuda de una cuchara, ahuecar la pulpa con cuidado de no romper las cáscaras y exprimirlas para extraer todo su jugo. Reservar las cáscaras enteras, ya que se utilizarán como recipientes para el postre.
Paso 2: En un recipiente pequeño, disolver la cucharada de almidón de maíz en el jugo de limón recién exprimido, mezclando bien para evitar que queden grumos.
Paso 3: Colocar en una sartén o cacerola chica la crema de leche, las 5 cucharadas de azúcar y la mezcla del jugo de limón con el almidón de maíz.
Paso 4: Llevar a fuego medio y revolver de manera continua con un batidor de mano hasta que la preparación comience a espesar, logrando una consistencia cremosa y homogénea.
Paso 5: Retirar del fuego, sumar la cucharada de esencia de vainilla e integrar bien todo el conjunto.
Paso 6: Verter la crema caliente con cuidado dentro de las cáscaras de limón que habías reservado, llenándolas hasta el borde.
Paso 7: Llevar las mitades de limón al congelador durante al menos dos horas, o hasta que la crema esté bien firme y fría.
Paso 8: Al momento de servir, espolvorear una capa generosa de azúcar sobre la superficie de cada mitad y, con la ayuda de un soplete de cocina, dorar el azúcar hasta formar esa costra dorada y crocante tan característica.


