Llega la primavera y toca revisar los cuidados de la piel: claves para adaptar el retinol sin perder terreno y protegerte del sol todo el año.
El primer sol de la primavera se siente en la cara apenas salís a la calle. Los días se estiran, los planes al aire libre se multiplican y la piel empieza a recibir una radiación UV más intensa. Este cambio de estación es la excusa perfecta para hacer una pausa, revisar el neceser y reajustar los hábitos cotidianos. Lejos de abandonar los activos que nos acompañaron en invierno, la clave está en saber adaptar su uso y reforzar la fotoprotección para cuidar la salud cutánea.
La radiación UV se intensifica: por qué protegerse más allá del calor
Con la llegada de los meses cálidos, la radiación ultravioleta aumenta de forma paulatina y su efecto acumulativo impacta de manera directa en la salud de la piel. La fotoprotección no es un hábito exclusivo del verano ni depende de la temperatura del día; debe mantenerse durante todo el año.
Según explica la Dra. Leisa Molinari, médica dermatóloga especialista en cáncer de piel (M.N. 116.628), aproximadamente el 80% de los cánceres de piel no melanoma se localizan en cabeza y cuello, zonas que suelen quedar expuestas durante todo el año. Además de prevenir el fotoenvejecimiento acelerado, las manchas y las quemaduras, proteger rostro, cuello, escote, orejas y manos resulta clave para reducir el daño solar acumulado desde la infancia.
Retinol en primavera: cómo ajustar la rutina sin perder lo logrado
El retinol es uno de los activos estrella para renovar la textura de la piel, pero genera dudas cuando la radiación solar se vuelve más fuerte. La recomendación profesional es no suspenderlo de manera drástica, ya que una interrupción prolongada puede generar una pérdida de los resultados alcanzados.
La Dra. Molinari señala que en quienes ya lo incorporaron, es posible sostener el tratamiento adaptando la frecuencia según la zona geográfica y la tolerancia individual. Mientras que en el norte del país conviene reducir las aplicaciones desde esta época, en Buenos Aires o en la Patagonia se suele mantener entre dos y tres veces por semana. En caso de ardor, enrojecimiento o tirantez, la indicación es espaciar el uso y enfocarse en reparar la barrera cutánea.
Hábitos cotidianos y herramientas complementarias de protección
Proteger la piel del sol implica combinar el uso adecuado del protector solar con recaudos cotidianos. Evitar la exposición directa entre las 11 y las 16, buscar la sombra, recurrir a sombreros, anteojos con filtro UV y prendas adecuadas son medidas fundamentales para disminuir el daño diario.
La especialista destaca que, junto con el protector solar y los recaudos físicos, existen opciones de fotoinmunoprotección oral. Estas formulaciones combinan antioxidantes, vitaminas y extractos naturales orientados a fortalecer la respuesta de la piel frente al impacto del sol y otros factores ambientales, ofreciendo un refuerzo integral.
La memoria de la piel y la importancia del chequeo periódico
Cada piel reacciona de manera diferente según el fototipo, los antecedentes y el nivel de exposición acumulado. Más allá de la rutina diaria de belleza, la autoobservación constante y la consulta profesional anual resultan indispensables para detectar a tiempo cualquier anomalía.
Como remarca la Dra. Molinari, la piel guarda memoria de nuestras decisiones frente al sol. La aparición de un lunar nuevo o cualquier cambio en la forma, tamaño o color de una lesión existente constituye un motivo de consulta dermatológica obligatoria. Sostener estos cuidados a lo largo del año es la mejor estrategia preventivo-estética a largo plazo.
Cuidar la piel en primavera no implica complicarse, sino aprender a escuchar lo que necesita en cada momento del año. Pequeños ajustes en la rutina garantizan una piel luminosa, saludable y protegida para disfrutar del sol con responsabilidad.
Esta información tiene fines divulgativos y no reemplaza la consulta médica con un profesional matriculado.


