Hay edificios que cambian con el paso del tiempo sin dejar atrás aquello que los hace únicos... El Museo Palacio Raggio, ubicado en Vicente López, es uno de ellos. Lo que alguna vez fue la residencia de una de las familias más influyentes de la Argentina es hoy un espacio dedicado al arte y la cultura, donde la arquitectura continúa siendo una de sus grandes protagonistas.
En un nuevo capítulo de Historias de Cemento, junto a Cementos Avellaneda, recorremos este emblemático edificio para descubrir cómo logró transformarse en museo sin perder el carácter con el que fue concebido hace más de un siglo.
Del hogar de una familia al patrimonio cultural:
El Palacio Raggio fue proyectado por el arquitecto italiano Francisco Gianotti en 1913. Años más tarde, Andrés Raggio impulsó una ampliación que terminó de darle su refinado estilo neoclásico afrancesado, una identidad que todavía define al edificio.
Mirá También

Historias de Cemento: la Basílica de San José de Flores, un punto clave en la historia del Papa Francisco

Desde el comienzo, la residencia buscó combinar elegancia, funcionalidad y una estrecha relación con los jardines, una característica que aún puede apreciarse durante el recorrido. Tras la muerte de Rómulo Raggio, la propiedad pasó a manos de la Fundación que lleva su nombre. Desde 1983 funciona como Museo de Bellas Artes.


Curiosidades Cementeras por Cementos Avellaneda:
Basta recorrer algunos ambientes para encontrar detalles que sobrevivieron al paso del tiempo. El Museo Palacio Raggio conserva antiguas llaves de luz, vitrales, puertas, pisos y otros elementos originales que permiten imaginar cómo era la vida cotidiana dentro de la residencia hace más de un siglo.
Uno de sus espacios más sorprendentes es el actual salón de música. Antes de las reformas de los años 30, ese lugar era un patio interno a cielo abierto. Con la ampliación del palacio se transformó en uno de sus ambientes más representativos y quedó coronado por un imponente marouflage realizado por el artista francés Marcel Jambon, el mismo que intervino la emblemática cúpula del Teatro Colón.

Un edificio que sigue contando nuevas historias:

Hoy, recorrer el Museo Palacio Raggio también es descubrir cómo una residencia privada logró adaptarse a nuevos usos sin perder su esencia. Las antiguas habitaciones familiares albergan exposiciones de arte, mientras que muchos de sus salones todavía conservan buena parte de la decoración y el mobiliario originales.
El antiguo comedor, por ejemplo, todavía conserva su mobiliario original y puede apreciarse a través de las puertas vidriadas. Cada ambiente mantiene detalles que ayudan a reconstruir la historia cotidiana de la familia Raggio y permiten entender cómo convivían la arquitectura y la vida doméstica.

Mirá También

Historias de Cemento: Auditorio del Colegio San José, el “Coloncito” escondido en Buenos Aires
El recorrido también se extiende hacia el exterior. En los jardines se exhiben esculturas de artistas argentinos e italianos y todavía crecen tipas, jacarandás y cedros con más de cien años, verdaderos testigos del paso del tiempo.

Estos espacios verdes, que alguna vez formaron parte de la intimidad de la residencia, hoy invitan a vivir el patrimonio desde otra perspectiva y completan la experiencia del museo.

Más de un siglo después de su construcción, el Palacio Raggio demuestra que algunos edificios encuentran nuevas maneras de mantenerse vigentes. Sus espacios originales y su apertura a la comunidad convierten esta residencia histórica en mucho más que un museo: una joya arquitectonica donde pasado y presente siguen dialogando todos los días...

