“Mi mamá mató a mis tres hermanas”: el estremecedor relato del hijo de Lucía Sosa - Revista Para Ti
 

“Mi mamá mató a mis tres hermanas”: el estremecedor relato del hijo de Lucía Sosa

Lucas Ruiz tiene 17 años y asegura que durante su infancia pidió una y otra vez que no lo obligaran a regresar con su madre biológica. Tras la muerte de Isabella, su hermana de casi 3 años, decidió romper el silencio: “No quiero que dentro de diez años vuelva a pasar”.
News
Google Logo

Seguí a Para Ti en
Google

News

Lucas Ruiz tiene apenas 17 años, pero habla con el peso de alguien que lleva casi toda una vida intentando ser escuchado.

La muerte de Isabella, su hermana menor, reabrió una herida que creía cerrada. La nena de casi 3 años murió después de ingresar prácticamente sin signos vitales al Hospital Municipal de Villa Gesell. Su madre, Lucía Sosa, aseguró que la pequeña se había desvanecido mientras tomaba la mamadera. Desde ese momento, la Justicia comenzó a investigar las circunstancias del fallecimiento.

Para Lucas, sin embargo, la noticia no fue solamente una nueva tragedia familiar. Fue la confirmación de un miedo que, según sostiene, lo acompañó durante años.

“Lucía mató a tres de mis hermanas y quiero que esté presa o en un psiquiátrico”, afirmó el adolescente al decidir contar públicamente su historia. Se refiere a Isabella y también a Candela Milagros y Yazmín Milagros, otras dos hijas de Sosa que murieron cuando eran bebés, en 2013 y 2016.

Sus palabras son una acusación personal que deberá ser evaluada por la Justicia. Hasta el momento, no existe una condena contra Lucía Sosa por esas muertes. Por el fallecimiento de Yazmín, la mujer y su entonces pareja estuvieron detenidos y luego fueron absueltos por falta de pruebas. Ahora, la muerte de Isabella volvió a colocar su historia familiar bajo investigación.

El chico que decidió no callarse más

Lucas no habla como un espectador. Habla como hijo, como hermano y como un chico que asegura haber atravesado situaciones de violencia desde sus primeros días de vida.

Cuando tenía apenas 21 días, fue internado en el Hospital Materno Infantil de Mar del Plata después de sufrir una grave crisis respiratoria. A partir de aquel episodio intervino la Justicia y el bebé quedó al cuidado de una familia perteneciente a Hogares de Belén. Con el paso de los años, Elizabeth y Jorge se convertirían en sus padres del corazón.

Sin embargo, su alejamiento del hogar biológico no significó el final de la historia.

Durante años, Lucas fue sometido a procesos de revinculación con Lucía Sosa y con el hombre que entonces era señalado como su padre. El adolescente sostiene que regresaba de aquellos encuentros llorando, con hambre y profundamente angustiado.

Sus recuerdos de esa etapa son fragmentos cargados de miedo: una casa oscura, los tirones de orejas, los golpes y la desesperación por no querer quedarse allí.

“Yo pedía por favor salir de esa casa”, recordó al hablar sobre las decisiones judiciales que lo obligaban a mantener el contacto con su familia biológica. Según su testimonio, sentía que los adultos le formulaban las mismas preguntas, pero no escuchaban sus respuestas.

Lucas asegura que una de las agresiones más graves ocurrió el día de su tercer cumpleaños. También relató que no le permitían llamar “mamá” a Elizabeth, la mujer que lo había recibido, cuidado y protegido desde que era un bebé.

“Si volvía a esa casa, hoy no estaría acá”

Mientras habla, Lucas no intenta esconder su dolor. Pero tampoco quiere que su historia sea leída únicamente desde el lugar de la víctima.

El adolescente decidió exponerse porque siente que ahora tiene una responsabilidad: hablar por las hermanas que murieron y por los chicos que todavía no encuentran las palabras para explicar que tienen miedo.

Lucas cuestiona especialmente el modo en que actuó la Justicia de Familia. Asegura que durante años manifestó que no quería regresar con su madre biológica y que, pese a ello, las revinculaciones continuaron.

“Si volvía a esa casa, hoy no estaría acá”, expresó en una entrevista televisiva.

En su relato hay dolor, pero también bronca. Lucas se pregunta cuántas señales necesita el sistema para detenerse, investigar y proteger a un niño.

Recuerda su propia internación por una crisis respiratoria. Recuerda los ingresos hospitalarios de otros hermanos. Recuerda las denuncias de violencia y, finalmente, las muertes de Candela y Yazmín.

Después de ser apartado de aquel entorno familiar, asegura, nunca volvió a sufrir un episodio respiratorio semejante.

Para él, cada uno de esos hechos debió haber funcionado como una advertencia.

La muerte de Isabella reabrió todas las heridas

Isabella fue llevada por su madre al hospital de Villa Gesell después de desvanecerse. La autopsia preliminar determinó que la niña murió como consecuencia de una asfixia obstructiva que provocó hipoxemia y un paro cardíaco. La Fiscalía continúa investigando las circunstancias en las que se produjo el episodio.

El hermano de 4 años de la nena fue apartado del hogar y puesto a resguardo mientras avanza el expediente. La causa todavía no determinó una responsabilidad penal y las afirmaciones de Lucas deberán ser incorporadas y evaluadas junto con las pruebas médicas, periciales y testimoniales.

Pero para el adolescente, la muerte de Isabella no puede ser analizada como un episodio completamente aislado.

Lucas sostiene que se trata de una historia que volvió a repetirse después de años de advertencias, intervenciones judiciales y pedidos de ayuda.

“Nosotros creíamos que esto ya había terminado”, explicó. Enterarse de que otra de sus hermanas había muerto significó volver al miedo, a la angustia y a las preguntas que lo acompañaron desde la infancia.

Una familia elegida por amor

La historia de Lucas también tiene otro lado: el de las personas que decidieron protegerlo.

Elizabeth y Jorge lo recibieron cuando era un bebé, aunque las familias pertenecientes al hogar de tránsito asumían el compromiso de no adoptar a los niños que cuidaban. La demora de la Justicia y el vínculo que se consolidó durante años hicieron que su caso fuera diferente.

Finalmente, Lucas pudo ser adoptado. El reconocimiento legal de Jorge llegó después de su muerte. Más tarde, el adolescente también consiguió llevar el apellido Ruiz, el de la familia que eligió como propia.

Hoy menciona a Elizabeth, a su madrina y a su abogada, Erika Hooft, como las mujeres fundamentales de su vida.

Son quienes lo acompañan mientras transforma años de miedo y silencio en una denuncia pública.

“Quiero que esto termine acá”

Lucas todavía no cumplió 18 años. Podría haber esperado para hablar, pero decidió no hacerlo.

No quiere que el paso del tiempo vuelva a cubrir la historia con silencio. Tampoco quiere que dentro de diez años aparezca otro niño contando que pidió ayuda y nadie supo —o quiso— escucharlo.

Su reclamo no está dirigido únicamente contra su madre biológica. También interpela a un sistema judicial que, según denuncia, insistió en revincularlo con personas a las que él temía.

Lucas pide justicia por Candela, Yazmín e Isabella. Pero también pide justicia por sí mismo, por sus hermanos y por todos los chicos que regresan llorando de una visita y no encuentran un adulto dispuesto a creerles.

La Justicia deberá establecer qué ocurrió con Isabella y si existe alguna responsabilidad penal. Mientras tanto, Lucas eligió ocupar un lugar tan doloroso como necesario: el del hermano que sobrevivió, creció y decidió prestarles su voz a quienes ya no pueden hablar.

 
   

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig