Hay cumpleaños que quedan guardados por una torta, una canción o el abrazo de una familia. Lucas Ruiz, en cambio, recuerda el día en que cumplió tres años por el miedo.
“Para mi cumpleaños de tres años sufrí una paliza muy grande por estas personas”, relató el adolescente de 17 años al hablar públicamente sobre las situaciones de violencia que, según denunció, padeció durante su infancia.
Su testimonio volvió a tomar fuerza después de la muerte de Isabella, su hermana biológica de dos años, ocurrida en Villa Gesell. El caso se encuentra bajo investigación judicial y reabrió interrogantes sobre la historia familiar, las denuncias previas y la intervención de los organismos que debían proteger a los niños.
Lucas decidió hablar para contar aquello que, asegura, intentó denunciar durante casi una década.
“Nunca fui escuchado y que ahora tengamos que lamentar otra pérdida me dio el impulso para salir a hablar y desmentir todo”, expresó.
Un cumpleaños atravesado por el miedo
Lucas tenía apenas tres años. A esa edad, un chico espera que le canten, soplar las velitas y recibir un regalo. Sin embargo, el recuerdo que quedó grabado en su memoria es completamente distinto.
No habló de una celebración. Habló de golpes.
El adolescente contó que aquel episodio ocurrió durante uno de los encuentros de revinculación con su madre biológica, Lucía Sosa, y la pareja que ella tenía en ese momento, Javier Héctor Picart.
Según explicó, aunque había sido separado de su familia biológica cuando era un bebé, la Justicia había establecido un régimen de visitas y revinculaciones que implicaba trasladarlo temporalmente a ese domicilio.
“Eran muy violentos los encuentros en su casa”, aseguró. Lucas describió aquel lugar con una expresión estremecedora: “Yo le digo la casa del terror”.
“Recuerdo una casa muy oscura. Me han encerrado y golpeado sin comer, en cuartos oscuros, con miedo y sintiéndome solo. Si lloraba, me pegaban de vuelta”, relató.
“No respires, que el aire es tóxico”
Entre los recuerdos que el joven conserva hay una frase que todavía resulta difícil de escuchar. Lucas afirmó que, cuando los golpeaban, les tapaban la boca y la nariz mientras les decían: “No respires, que el aire es tóxico, te va a hacer mal”.
Según su testimonio, esas situaciones habrían provocado episodios de asfixia y lesiones visibles. “Me quedaron las marcas en los cachetes de las manos, los golpes en los brazos. Recuerdo que me han golpeado con cinturones también”, sostuvo.
El adolescente aseguró que sus hermanos habrían atravesado situaciones similares e incluso mencionó internaciones por traumatismos, fracturas y cuadros de asfixia.
“Ellos también sufrieron lo mismo que yo, incluso hasta peor”, lamentó.
La abogada que representa al joven señaló que existirían informes médicos sobre internaciones de otros menores en el Hospital Interzonal Especializado Materno Infantil de Mar del Plata. La responsabilidad por esos hechos, sin embargo, deberá ser determinada por la Justicia.
Fue separado de su familia cuando tenía 21 días
Lucas ingresó a un hospital cuando tenía apenas 21 días de vida con un cuadro de asfixia.
“A mí me sacan muy chico. Entro al Hospital Materno con 21 días de recién nacido con un cuadro de asfixia”, explicó.
A partir de ese episodio fue separado del cuidado de su madre biológica y creció junto a otra familia, acompañado por la red Hogares de Belén.
Sin embargo, las revinculaciones continuaron. Lucas asegura que aquellos encuentros se convirtieron en una nueva fuente de sufrimiento.
“Esta gente fue muy agresiva conmigo. Me ha maltratado mucho tiempo, me lastimaron muchísimo y me han golpeado. Sufrimos mucho las revinculaciones”, afirmó.
Su relato no solamente apunta contra las personas a las que acusa de haberlo lastimado. También expone su dolor frente a un sistema que, según él, no atendió las advertencias realizadas durante años.
“Nosotros venimos con este tema y con mucha lucha hace casi diez años. Cuando falleció la primera de las nenas dimos alerta de que esto podía volver a repetirse”, aseguró.
La muerte de Isabella reabrió una historia dolorosa
Isabella tenía dos años cuando fue llevada al Hospital Municipal de Villa Gesell. De acuerdo con la primera versión brindada por su madre, la nena se habría ahogado mientras tomaba la mamadera.
La muerte dio origen a una investigación para establecer qué ocurrió y determinar si existen responsabilidades penales. Según la información difundida inicialmente, el expediente fue caratulado como averiguación de causales de muerte y quedó sujeto a los resultados de las pericias correspondientes.
El caso también volvió a poner bajo análisis los antecedentes de la familia y la muerte de otra niña ocurrida en 2016, causa por la que Lucía Sosa y Javier Picart estuvieron detenidos preventivamente y luego fueron absueltos.
Lucas cuestionó con dureza la respuesta judicial recibida durante todos estos años.
“No estoy de acuerdo con lo que está haciendo la Justicia. Nosotros creemos que Lucía tendría que estar presa hace muchos años. Me parece que está muy errada la Justicia hasta el momento, porque nos quejamos infinidad de veces”, expresó.
Se trata de la acusación de Lucas, mientras la investigación por la muerte de Isabella continúa y será la Justicia la que deberá establecer cómo ocurrieron los hechos.
El chico que sintió que nadie lo escuchaba
Lucas habla ahora con 17 años, pero gran parte de su testimonio pertenece al niño que fue: el bebé que llegó al hospital sin poder respirar, el chico trasladado a una casa que le provocaba terror y el nene de tres años que recuerda su cumpleaños por una presunta golpiza.
Durante mucho tiempo, asegura, sus palabras no fueron escuchadas. Hoy decidió transformar esos recuerdos en un pedido público de justicia.
“No son personas aptas para tener hijos, ninguno de los dos”, sostuvo al referirse a su madre biológica y a la expareja de ella.
Familiares, allegados y abogados convocaron a movilizaciones para reclamar el esclarecimiento de la muerte de Isabella y la revisión de la actuación de los funcionarios que intervinieron en los distintos expedientes familiares.
“Queremos justicia y no vamos a parar”, prometió Lucas.
Detrás de esa frase está el adolescente que decidió exponer la parte más dolorosa de su infancia. Pero también está aquel nene de tres años que, el día de su cumpleaños, necesitaba que alguien lo protegiera, lo abrazara y creyera en su palabra.


