Cada vez más jóvenes dicen sentirse menos interesados en el sexo casual y priorizan la conexión emocional antes que la cantidad de encuentros sexuales. El fenómeno, que algunos comenzaron a llamar "los célibes Z", abre preguntas sobre las nuevas formas de vivir la sexualidad: ¿se trata de una generación con otros valores o de una respuesta a una época marcada por la hiperexposición, la inmediatez y el miedo al rechazo?
Para la psicóloga, psicoanalista y sexóloga especializada en vínculos y terapia de pareja Jacqueline Orellana Rosenberg, con quien Para Ti habló en esta nota, la respuesta no está en una supuesta falta de deseo, sino en un cambio profundo en la manera de relacionarse.
"No hay menos deseo, sino un deseo atravesado por nuevas condiciones culturales"
-Cada vez más jóvenes dicen sentirse menos interesados en el sexo casual. ¿Qué está viendo en el consultorio? ¿Es un cambio de valores o una respuesta al contexto actual?
-Creo que hay algo de ambas cosas. Muchos jóvenes ya no cuestionan el sexo casual por razones morales, sino porque sienten que muchas veces deja una sensación de vacío. Sin embargo, también observo que el contexto tiene un enorme peso.
Vivimos en una época marcada por la hiperexposición, la evaluación permanente y el temor a la frustración. Las aplicaciones de citas transformaron profundamente el encuentro: antes de conocer a alguien, ya lo evaluamos, lo filtramos, lo descartamos. El vínculo comienza bajo la lógica del consumo.

Hoy intentamos reducir toda incertidumbre antes del encuentro y, paradójicamente, el deseo nace justamente de aquello que no controlamos. Cuanto más buscamos asegurarnos de que el otro "encastre" perfectamente en nuestra vida, menos espacio dejamos para que aparezca el deseo.
La sociedad actual rechaza la negatividad, la diferencia y el conflicto. Sin embargo, amar supone justamente encontrarse con alguien que nunca será exactamente como esperamos.
"Desear intimidad no significa estar preparado para atravesarla"
-Se habla de una generación que prioriza el vínculo emocional antes que la frecuencia sexual. ¿Esto refleja una forma más saludable de relacionarse o también puede esconder miedo a la intimidad y al rechazo?
-No hay una única respuesta. Priorizar el vínculo emocional puede ser un signo de mayor madurez afectiva cuando implica reconocer que la sexualidad adquiere otra profundidad cuando existe confianza.
Pero también puede funcionar como una defensa. En el consultorio aparecen muchos jóvenes que dicen buscar una conexión profunda, aunque al mismo tiempo abandonan el vínculo apenas aparece una diferencia, una frustración o una decepción. Es decir, desean intimidad, pero temen el costo psíquico que implica.
Todo encuentro verdadero supone una cuota de vulnerabilidad. No existe intimidad sin la posibilidad de ser rechazado, herido o desilusionado. Pretender un vínculo sin ese riesgo es, en definitiva, intentar amar sin exponerse. El otro nunca puede reducirse a nuestras expectativas. El amor comienza cuando aceptamos esa alteridad en lugar de intentar domesticarla.
"Consumimos más erotismo, pero toleramos menos el encuentro real"
-Algunos especialistas sostienen que no disminuyó el deseo, sino que cambió la manera de vivir la sexualidad. ¿Coincidís con esa mirada?
- Sí, coincido. No creo que exista menos deseo, sino un deseo atravesado por nuevas condiciones culturales. Hoy la sexualidad convive con una enorme sobreoferta de estímulos: redes sociales, pornografía, aplicaciones, inteligencia artificial. Hay muchísimo acceso a imágenes, pero menos experiencias de encuentro.

Consumimos más erotismo, pero muchas veces toleramos menos la incertidumbre que implica conocer realmente a alguien. Además, existe una expectativa muy elevada sobre las relaciones. Esperamos que la pareja sea compañera, mejor amiga, amante, sostén emocional, proyecto de vida y, además, que todo fluya naturalmente.
Cuando aparece la primera diferencia, muchos sienten que eligieron mal y vuelven al catálogo infinito de posibilidades. El deseo necesita tiempo, falta y construcción. La cultura de la inmediatez muchas veces dificulta justamente esas condiciones.
"La inteligencia artificial ofrece una presencia disponible, predecible y sin conflicto"
-En paralelo, crecen los vínculos con la inteligencia artificial y las interacciones mediadas por la tecnología. ¿Cómo impacta esto en la forma en que los jóvenes construyen relaciones afectivas y sexuales?
-La inteligencia artificial ofrece algo muy seductor: una presencia disponible, predecible y sin conflicto. Escucha, responde, valida y nunca exige demasiado. Eso puede resultar muy reparador en determinados momentos. El problema aparece cuando esa lógica comienza a convertirse en el modelo de todas las relaciones.
Porque ningún ser humano puede responder como una inteligencia artificial. Los vínculos reales implican tiempos distintos, silencios, malos entendidos, diferencias y frustraciones. Justamente allí se construye la intimidad. El desafío actual es que la tecnología no termine desplazando la experiencia de encontrarnos con un otro verdaderamente diferente.
"Una pausa sexual puede ser saludable cuando nace de una elección"
-¿Qué señales permiten diferenciar una pausa saludable en la vida sexual de un aislamiento emocional que podría requerir atención?
-La diferencia no está en la cantidad de relaciones sexuales, sino en la posición subjetiva frente al deseo. Una pausa puede ser completamente saludable cuando nace de una elección, cuando la persona sigue interesándose por los vínculos, mantiene proyectos, amistades, curiosidad y capacidad de encontrarse con otros.
En cambio, comienza a preocupar cuando deja de ser una elección y pasa a estar organizada por el miedo: miedo al rechazo, al conflicto, a la decepción o a no estar a la altura. Allí la persona ya no renuncia solamente al sexo; empieza a retirarse de la experiencia del encuentro.
El deseo siempre implica una falta y un riesgo. No podemos eliminar esa incertidumbre sin empobrecer también la posibilidad del amor. Tal vez el gran desafío para esta generación no sea volver al sexo casual ni rechazar la tecnología, sino recuperar la disposición a encontrarse con alguien que nunca llegará a encajar perfectamente, y descubrir que justamente en esa diferencia puede nacer un vínculo auténtico.
Jacqueline Orellana Rosenberg es psicóloga y psicoanalista, especialista en vínculos y terapia de pareja, y sexóloga. @psi.sexóloga




