La felicidad por los resultados de los partidos mundialistas de las últimas semanas, más la tensión nerviosa, el estrés, y las aglomeraciones de gente celebrando, a veces impide ver cómo reacciona el cuerpo y las emociones ante los eventos que se salen de la cotidianidad.
La reacción ante ciertas demandas y la acumulación de información se procesa diferente en cada persona. Algunos comen más, se irritan fácilmente, están más vulnerables y demasiado expectantes sobre los sucesos externos, descuidando la propiocepción y la interocepción.
Tenemos más que cinco sentidos
La propiocepción y la interocepción se consideran sentidos como el gusto, olfato, tacto, vista y oído.
La propiocepción es el sentido que informa al cerebro sobre la posición, el movimiento y el equilibrio del cuerpo de manera automática e inconsciente mediante receptores nerviosos ubicados en músculos, tendones, articulaciones y ligamentos.
Y la interocepción es el sentido que nos permite percibir el estado interno de nuestro cuerpo. Radica en cómo interpretamos las señales que regulan funciones vitales (hambre, la sed, la temperatura corporal), y también la toma de decisiones, la capacidad de interacción social y el bienestar emocional. Cuando se alteramos lo que para cada uno es natural, aparecen trastornos como la depresión, la ansiedad, la fatiga y los desajustes del sueño.
El autoconocimiento nos ayuda a salir de estados que abruman, que exigen seguir lo considerado “normal” algo que no se percibe coherente con nuestro estilo de vida, y –sobre todo- autoconocerse ofrece alivio para tomar las decisiones más saludables.
Los estímulos se viven muy diversamente en unas personas y en otras, porque la manera de reaccionar depende de los modos de “leer” la realidad, de cómo se interpreta un triunfo o una derrota deportiva, una agenda repleta, unas exigencias familiares desproporcionadas, y la falta de libertad para ir a un ritmo que los demás no aprueban.
Es bueno indagar con qué se atan esos episodios en nuestra biografía que nos desencajan y que percibimos como hostiles. En definitiva, se trata de reconocer los rasgos de nuestra personalidad más auténtica que, si no se aprenden a gestionar bien, terminan en colapso.
Hay que celebrar por todo lo alto si así se siente (en lo deportivo, en lo familiar: las navidades, por ejemplo, o las vacaciones en dulce montón), y permitir a los que prefieren una alegría más “a la medida personal” que se sientan libres de elegir reuniones más pequeñas y menos ruidosas. Cuando esta regla básica de respeto en la convivencia se rompe, unos arrastran a otros a la incomodidad y el displacer.
Todos no reaccionamos de igual manera
El acrónimo PAS proviene de la traducción literal al español de Highly Sensitive Person, término por el que se popularizó este grupo de población. Así, encontramos HSP en inglés al igual que utilizamos en español PAS para Personas Altamente Sensibles. Cuando hablamos de la infancia siempre nos referimos a NAS, como Niños Altamente Sensibles.
Descrito por la psicóloga Elaine Aron este rasgo de personalidad denominado PAS implica vivir con una mayor empatía y, a la vez, mostrar una reactividad emocional fuerte cuando se sienten sometidos a exigencias en las que pierden el confort natural que encuentran en el silencio, la soledad, la meditación y el trabajo personal, así como el alto grado de captación de esas sutilezas que para muchos pasan desapercibidas.
Las personas altamente sensibles (PAS) se desenfocan con la sobreestimulación y en su trato requirieren respeto especial por esa diferencia. De esa manera, logran manejar el estrés y agradecen la posibilidad de no subirse a la ola de multiestimulación (auditiva, lumínica, gente hablando fuerte o gritando, movimientos bruscos) que otros proponen.
También sufren los horarios discontinuos, los ruidos extremos y los grandes grupos alrededor, saltando y cantando, aunque la alegría lo merezca. No es que sean aburridos o no sepan festejar, es que tienen una sensibilidad diferente a la estándar.
Los PAS tienen un sistema neurosensorial que procesa la información y los estímulos del entorno de forma más profunda e intensa. Precisan del silencio para analizar la información y calcular sus consecuencias. La batería social muy demandante, se les agota con facilidad. Prefieren reuniones de dos o tres personas máximo, son más ordenados y previsibles, se incomodan en las aglomeraciones.
¿Es una patología?
Conocer los aspectos de estas personalidades ofrece una herramienta fundamental para la autogestión de estrategias más efectivas en el manejo del estrés, las relaciones personales y profesionales, y –en general- una mejor calidad de vida.
Sentirse “diferente” en una cultura que exige visibilidad permanente, exceso de responsabilidades y adaptaciones extremas a las demandas externas puede ser confuso para quien no se siente identificado con ese estilo de vida automática o en respuesta a “lo que se debe hacer”.
Autoconocerse permite validarse, respetarse y adoptar enfoques saludables para manejar las demandas e interacciones del entorno.
Además, es importante para los PAS reconocer sus límites y aprender a establecer y mantener fronteras protectoras. La meditación, el mindfulness, y toda forma de autocuidado contribuye al desarrollo favorable en diversas áreas de la vida diaria. Y, nunca está demás repetirlo: saber decirle a los otros: “No”. A veces decir “NO” es una medicina protectora a las propias necesidades.
Ser PAS no es un trastorno ni una enfermedad, es un rasgo de personalidad y el autoconocimiento es clave para sostener la coherencia y no permitir el avasallamiento de quienes imponen un modo de diversión que puede ser insostenible para otros. Tal vez no lo sepan, y estos tips pueden ayudar a reconocer este rasgo tan interesante de procesamiento sensorial.
¿Cómo puedo saber si soy una persona altamente sensible?
Algunos tips para autorreconocerte PAS:
Principio del formulario
- Me abruman fácilmente los estímulos sensoriales fuertes.
- Estoy atenta a las sutilezas que me rodean.
- Me afectan los estados de ánimo de otras personas
- Me siento atraído por el arte, la creación, la formulación de proyectos.
- Tiendo a ser más sensible al dolor.
- Necesito desconectar cuando hay mucha estimulación.
- Me siento fácilmente colapsada por luces, ruidos, olores.
- Soy sensible a las texturas, al roce de las etiquetas en las prendas de vestir, y a los tejidos ásperos.
- Tengo una vida interior rica y compleja.
- Me conmueven profundamente las artes escénicas o la música.
- Mi sistema nervioso a veces me hace sentir tan agotado que solo quiero alejarme de todo.
- Me afecta el exceso de tareas a realizar en poco tiempo.
- Soy complaciente para que los demás se sientan más cómodos.
- Los cambios en la vida cotidiana me afectan.
- Advierto fácilmente aromas delicados o tenues, sabores, sonidos, y los disfruto si no me sobrecargan.
- Le doy alta prioridad a organizar mi vida para evitar situaciones perturbadoras.
- Me molestan los estímulos intensos o las escenas caóticas.
- No me agradan los juegos competitivos.
- Durante mi infancia, en la escuela parecía insociable, sensible o tímida.
Si al menos un 70 % de las características te representan, no hay duda de tu personalidad altamente sensible. Por eso, la próxima vez que te sientas “rara” frente a la mayoría, simplemente puedes decir: “No, gracias, prefiero no acompañarte a ese sitio.” O expresar libremente tu sentir: “Me abruman las aglomeraciones, elijo estar en espacios más calmos”.
Cuando rompemos la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, se resienten mente, cuerpo y alma.
Es importante aclarar que esta formulación de ideas no es un diagnóstico, sino una guía orientativa para fines de autoconocimiento en donde se puede hallar algunas de las características comunes principales, aunque cada persona es única y singular.
La biografía, los modos de crianza, y los afrontamientos experimentados dan un abanico de comportamientos, conductas y elecciones muy personales en cada uno. Aprender a reconocerlos permite ser auténticamente libre en las decisiones para que el bienestar de la mayoría no vaya en detrimento de las opciones más saludables para quienes son PAS. Acompañar en esos descubrimientos y procesos es una de las propuestas terapéuticas que más valoro: la psico-bio-educación.
Fuente: Diana Paris es psicoanalista, psicogenealogista, biblioterapeuta. Autora de Secretos familiares, Mandatos familiares, Lecturas que curan, Mujeres sin hijos, Tu voz que florece (en co-autoría con Ondi Paris), todos de la editorial Del Nuevo Extremo.

