Carolina Winograd: cómo dejó la abogacía y encontró una nueva forma de vivir
 

Carolina Winograd, la abogada que se animó a empezar de nuevo: "Me gustaría que dejáramos de creer que cumplir años significa apagarnos"

Carolina Winograd, la abogada que se animó a empezar de nuevo: "Me gustaría que dejáramos de creer que cumplir años significa apagarnos"
Abogada de formación, cantora de tango, escritora y creadora de un método de bienestar, Carolina Winograd convirtió una profunda crisis personal en una nueva manera de vivir. En esta entrevista con Para Ti habla sobre el paso del tiempo, la belleza, el éxito y por qué nunca es tarde para volver a elegirse.
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Hay historias que no se explican con un cambio de profesión. Se explican con una transformación mucho más profunda. La de Carolina Winograd empezó mientras ejercía como abogada y sentía que, pese a cumplir con todas las metas que alguna vez se había propuesto, cada día se alejaba un poco más de sí misma. El desgaste físico y emocional terminó convirtiéndose en una pregunta que cambiaría el rumbo de su vida.

Con el tiempo entendió que no necesitaba reinventarse, sino integrar todas sus versiones. La abogada, la cantora de tango, la mujer curiosa que buscó respuestas para recuperar su salud, la escritora de Vivir sin fecha de vencimiento y la emprendedora dejaron de competir entre sí para construir una misma historia.

Hoy, además de compartir ese mensaje a través de conferencias y de su trabajo en el universo del bienestar, Winograd propone una conversación incómoda, pero necesaria: dejar de asociar la edad con el límite y empezar a verla como una etapa de mayor libertad. En esta charla con Para Ti habla de evolución, de belleza, de éxito y de cómo aprender a escucharse puede cambiar una vida.

El momento en que decidió escuchar(se)

—Después de años ejerciendo como abogada, ¿hubo un momento puntual en el que dijiste "hasta acá" y supiste que querías cambiar de rumbo? ¿Qué pasó ese día?

—No sé si hubo un único día cinematográfico en el que dije "hasta acá", pero sí hubo un proceso muy claro en el que empecé a sentirme derrotada, dando cada vez más y rindiendo cada vez menos, desconectada de quién era. No sabía cómo salir, pero sí sabía perfectamente que con ese burnout a cuestas y con todas las patologías que me venía ganando no podía seguir, porque yo no merecía terminar así.

Durante meses, manejando de vuelta a casa, entre lágrimas, me preguntaba qué le había hecho a la Carolina que era feliz en su propio mundo. Me repetía que esto no podía ser todo, que después de haber puesto tanto corazón y trabajo en cada etapa de mi vida, mi vida no podía ser esa.

Como digo en Vivir sin fecha de vencimiento, a veces saber hacia dónde no querés ir, o cómo no querés terminar, es el primer paso para empezar a cambiar la historia. Y la mía empezó a cambiar, sin premeditación, en un concurso de tango.

—Reinventarse cerca de los 50 suele dar miedo. ¿Qué fue más difícil: tomar la decisión o sostenerla cuando aparecieron las dudas?

—Yo no sé si hablaría de reinventarme. Me gusta más pensarlo como una evolución.

Durante mucho tiempo creímos que la vida era una línea bastante previsible: tomás el camino A y eso, casi automáticamente, te lleva a B. Estudiás, trabajás, crecés profesionalmente, construís una identidad, una seguridad, una forma de estar en el mundo. Pero hoy sé que la vida no funciona siempre así. A veces tomás el camino A y, en el medio, la vida te empieza a mostrar otras señales. Y hay que aprender a escucharlas a tiempo.

Para mí, dejar mi vida corporativa fue difícil, claro. No porque pensara en mi edad como una limitación, sino porque estaba dejando atrás una estructura conocida, una identidad construida durante años y una forma de reconocimiento externo.

Pero una vez que empecé a caminar este nuevo camino, no sentí que tuviera que sostener algo a la fuerza. Al contrario: sentí que por primera vez estaba dejando de empujar contra mí misma y habitando todas mis facetas.

Las dudas aparecen, por supuesto. Pero cuando una decisión está conectada con algo profundo, con lo que el corazón va marcando y la vida va proponiendo, no se vive como una carga. Se vive como un proceso liberador.

Hoy no pienso en la edad a la hora de hacer, crear, aprender o empezar algo nuevo. No me pregunto si "a esta altura" corresponde. Me pregunto si tiene sentido, si me enciende, si me expande, si está alineado con mis principios y, sobre todo, si puede ayudar a otras personas.

Con el tiempo entendí que no todo cambio implica romper con lo anterior. A veces evolucionar es justamente integrar: ordenar tu historia, reconocer lo vivido y poner todo lo aprendido al servicio de una nueva etapa. Por eso no siento que empecé de cero. Siento que mi historia es un motor.

Cuando el cuerpo deja de callarse

—Contás que atravesaste distintos problemas de salud que cambiaron tu forma de vivir. ¿Qué aprendizaje te dejaron y de qué manera influyeron en este nuevo camino?

—Mis problemas de salud me obligaron a escuchar algo que yo venía postergando: mi cuerpo.

Durante mucho tiempo viví como vivimos muchas mujeres: resolviendo, sosteniendo, exigiéndome, empujando. Hasta que el cuerpo empieza a hablar. A veces primero susurra, después insiste y finalmente grita.

Lo que aprendí es que el bienestar no es un lujo ni una moda. Es la base desde donde podemos vivir, crear, amar, trabajar y envejecer mejor.

También entendí que no alcanza con verse bien si por dentro estamos inflamadas, agotadas, desconectadas, durmiendo mal, respirando mal o viviendo en estado de alerta permanente.

Ese camino personal fue el origen de todo lo que hoy hago. Kaliope Glow, mi método, mi libro Vivir sin fecha de vencimiento y también mi emprendimiento beauty: ¿cómo podemos atravesar el paso del tiempo con más vitalidad, más conciencia y más amor por nosotras mismas?

Mi salud me cambió el rumbo porque me obligó a dejar de tratar al cuerpo como una herramienta de rendimiento y empezar a tratarlo como una bendición.

Carolina Winograd, la abogada que se animó a empezar de nuevo: "Me gustaría que dejáramos de creer que cumplir años significa apagarnos"
“Seguimos cargando con el estigma de creer que el tiempo nos quita valor”, Carolina Winograd

—Muchas mujeres sienten que a partir de cierta edad ya es tarde para empezar de nuevo. ¿Qué les responderías desde tu propia experiencia?

—Les diría que no es tarde. Es distinto.

A los 45, 50 o más, una no empieza vacía. Empieza con historia, con intuición, con criterio, con cicatrices y con recursos internos que quizás a los 25 no tenía.

El problema es que seguimos cargando con el estigma de creer que el tiempo nos quita valor. Que después de cierta edad hay que achicarse, adaptarse, volverse más discretas, pedir menos, desear menos.

Yo creo exactamente lo contrario: hay una edad en la que una empieza a saber mejor quién es, qué quiere, qué no negocia y dónde quiere poner su energía.

Empezar de nuevo no siempre significa romper con todo. A veces significa volver a elegirse. Animarse a escribir nuevas historias con todo lo vivido.

Para mí, la madurez no es el final de la posibilidad. Es el momento en el que muchas mujeres por fin pueden crear, jugar y vivir desde un lugar más propio.

La belleza también cambia con el tiempo

—En un mundo que muchas veces asocia la belleza con verse más joven, vos hablás de bienestar y longevidad. ¿Cómo definirías hoy la belleza a los 48 años?

—Hoy no definiría la belleza como verse más joven.

Para mí, la belleza tiene mucho más que ver con la libertad, con la autenticidad y con la energía que irradiamos cuando no nos camuflamos para ser o hacer. Tiene que ver con habitar el cuerpo con amor y coherencia. Con el desparpajo de permitirnos ser quienes somos sin guardarnos nada.

Durante mucho tiempo nos vendieron una idea muy limitada de belleza: borrar arrugas, tapar marcas, disimular el paso del tiempo, corregirnos todo el tiempo. Como si envejecer fuera una falla.

Yo hoy no quiero parecer de 30. Quiero sentirme bien a los 48. Quiero estar sana, con energía renovable, con deseo y con ilusiones que me permitan despertarme todos los días con uno o más propósitos.

Para mí, la belleza a esta edad no está separada del bienestar. Por eso hablo tanto de vivir sin fecha de vencimiento. No creo en una belleza congelada. Creo en una belleza que se transforma, que se vuelve más profunda, más honesta y más propia.

Hoy, para mí, una mujer bella no es la que logra que no se note el paso del tiempo. Es la que no deja que el paso del tiempo la apague.

—Pasaste de tener una profesión tradicional a construir una comunidad, escribir un libro y desarrollar una marca. ¿Qué descubriste sobre vos misma que antes no habías visto?

—Descubrí que todo lo que había vivido tenía sentido, aunque mientras lo vivía no siempre lo entendiera.

Durante mucho tiempo sentí que mis distintas "Caros" eran compartimentos separados. Con el tiempo entendí que mi mayor fortaleza no era elegir una sola identidad, sino integrar muchas.

No tenía que encajar en una categoría: podía crear una propia, cada vez más expansiva.

Mi historia no era un obstáculo ni una contradicción. Era mi materia prima. Todo lo que fui me trajo hasta acá. Y cuando dejé de pelearme con mis partes, pude empezar a construir algo mucho más honesto, más libre y más mío.

"No tenemos fecha de vencimiento"

—¿Sentís que esta etapa de tu vida es la más auténtica? ¿Hay algo que hoy te permitís hacer y que la Carolina de hace veinte años jamás se hubiera animado?

—Sí, siento que es una etapa mucho más auténtica. No porque hoy tenga todo resuelto, sino porque ya no me peleo con quien soy.

La Carolina de hace veinte años probablemente quería demostrar más. Ser impecable. Cumplir expectativas. Hacer las cosas "bien".

Hoy me permito ser más libre, más imperfecta, más intuitiva y también más ambiciosa en el sentido más vital de la palabra. Quiero crear, comunicar, dejar algo y ayudar a otras mujeres a sentirse más vivas.

Hace unas décadas quizás hubiera pedido permiso. Hubiera buscado validación. Hoy ya no lo hago. No tengo que demostrar nada.

—Si pudieras volver a hablar con la Carolina de 30 años, justo cuando estaba construyendo su carrera como abogada, ¿qué consejo le darías sobre el paso del tiempo, el éxito y el bienestar?

—Que nunca deje de tenerse fe. Que nunca deje de emocionarse.

Le diría que ser exitosa no debería implicar vivir desconectada de sí misma. Que cumplir, rendir y ser reconocida puede ser valioso, pero no si en el camino una empieza a perder alegría, salud y esencia.

También le diría que el tiempo no es el enemigo. El verdadero problema es vivir muchos años en una vida que no se siente propia.

Que escuche más a su cuerpo. Que no confunda exigencia con fortaleza ni agotamiento con compromiso.

Y, sobre todo, le diría: no esperes a desdibujarte para cambiar. No esperes a estar agotada para preguntarte qué querés. No esperes a que la vida te sacuda para volver a vos.

—Si tuvieras que elegir una sola idea que te gustaría que las mujeres dejaran de creer sobre cumplir 50 años, ¿cuál sería y por qué?

—Me gustaría que dejáramos de creer que cumplir años significa empezar a apagarnos, a achicarnos o a volvernos menos visibles.

Como si la vida interesante estuviera siempre atrás y no adelante.

Yo creo exactamente lo contrario. Cumplir 50, 60 o 70 puede ser una etapa profundamente expansiva. Una etapa en la que una ya no quiere perder tiempo sosteniendo personajes, agradando a todo el mundo o viviendo según expectativas ajenas.

Claro que el cuerpo cambia. Cambia la piel, el metabolismo, las hormonas, el deseo y la energía. Pero eso no significa que se termine la vitalidad, la belleza, la pasión, la creatividad o la posibilidad de empezar nuevas historias.

Lo que tenemos que dejar de creer es que tenemos fecha de vencimiento.

Porque no somos menos por cumplir años. Somos más historia, más criterio, más intuición, más profundidad y más vida acumulada.

Y cuando una mujer deja de pelearse con el tiempo, puede usarlo a su favor: para cuidarse mejor, elegirse más, crear con más libertad y vivir con menos miedo.

Para mí, cumplir años no debería ser una sentencia. Debería ser una invitación a dejar de apagarnos, dejar de pedir permiso, ocupar nuestro lugar y recordar que todavía hay muchísimo por vivir, crear, amar y disfrutar.

Como digo en la primera página de Vivir sin fecha de vencimiento: que nada ni nadie nos condicione, ni siquiera nosotras mismas.

 
   

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