Luca Zidane -Marsella, 13 de mayo de 1998- tomó la nacionalidad argelina recientemente y ocupó -en la selección de Argelia en este Mundial 2026- el sitio del jugador solitario por excelencia: el arquero, o golero, o guardameta.
No sé nada de fútbol, pero sí conozco el alcance de la lectura semiótica y el fundamento en la psicogenealogía. Desde ahí, entonces, unas reflexiones sobre el significado de la máscara y la lealtad a las raíces.
Dos arqueros con prótesis
Enfrentadas las selecciones de Argentina y Argelia, los arqueros tenían algo en común: ambos debieron ser asistidos previamente con prótesis. El Dibu, llevó el dispositivo en 3D sin dejarlo a la vista, bien acomodado en el guante, mientras que Luca Zidane expuso la protección sobre su rostro.
Para el marplatense, Francisco Francesch y Leandro Ramírez, idearon un elemento de plástico elástico desarrollado con la intención de cuidar la articulación de su dedo. Fue la solución para la fractura en el anular que sufrió el Dibu Martínez en la final de la Europa, previa al Mundial.
El joven Zidane, en el otro arco, lleva una máscara diseñada para proteger la zona afectada tras la rotura de los huesos en la cara. Un artefacto de cintas negras, rígidas y ajustadas al rostro que le cubren frente, mentón y buena parte de las mejillas.
¿Qué llevan -además- ambos arqueros, los “solitarios” del equipo, los salvadores de cada plantel?
Hablemos de prótesis
Una prótesis es un dispositivo artificial diseñado para reemplazar una parte faltante del cuerpo, restaurar una función perdida o mejorar la estética. La palabra prótesis proviene del griego antiguo prósthesis, que significa adición, y próthesis, colocación previa.
Su significado etimológico es “colocar por delante” o “añadir”, y hace referencia a la acción de agregar o implantar una pieza en lugar de otra. En los pliegues del guante, sobre la piel del rostro… ¿Qué otras prótesis cargamos? ¿Es la adopción de una nacionalidad extranjera, colonizada y herida en la historia familiar, una “prótesis”? ¿Un dispositivo puesto en lugar de otra cosa, que pretende mejorar la función?
Cabeza, cabezazo, encabezar, cabecilla
La palabra "cabeza" proviene del latín caput (o su diminutivo capitia). Señala una parte morfológica del cuerpo y metafóricamente se usa para referirse al líder, la fuente, el origen o la cima.
La historia recuerda el signo “cabeza” y su expresión de golpe, “cabezazo” asociado al apellido Zidane: el episodio contra el italiano Materazzi en el Mundial del 2006.
Han pasado 20 años. Aquella circunstancia que marcó un final amargo, se transforma. Hoy, el segundo de los cuatro hijos de Zinedine Zidane (todos futbolistas) no viste la misma camiseta blue ya que, aunque jugó desde las juveniles en Francia, nunca fue elegido titular para el plantel de la selección y decidió construir su propio camino.
En la espalda las letras permiten ver la marca familiar, el apellido famoso de quien naciera en Marsella el 23 junio de1972. De frente, la cabeza luce un protector como escudo. Sí, un amortiguador a los posibles golpes en el juego tras la operación de mandíbula y mentón, pero además, un protector a las miradas que buscarían las similitudes, los rasgos del padre, un aire de familia.
A muchos les habrá sorprendido que el muchacho nacido en Aix-en-Provence represente a Argelia. Otros conocerán la historia: una decisión tomada tanto por oportunidad deportiva, como por motivaciones más profundas e inconscientes, por un fuerte llamado sobre la tarea de construcción de la identidad.
Hacer su propio camino muestra una dirección clara: regresar al origen. Y en esa marcha hacia atrás en el tiempo, honra al abuelo inmigrante que llegó a París y luego se instaló en un humilde barrio de Marsella, justo antes de que estallara en Argel la revolución. Hoy, con la ciudadanía de su abuelo, Luca es el arquero de la selección argelina.
La mirada de su padre desde el palco vip lo incomoda, sin dudas, pero él no está allí para Francia, está para reparar la identidad africana. Cuando la federación argelina le dio su lugar -declaró el joven de 28 años- sintió que estaba homenajeando a su abuelo.
La identidad se construye
Carl Jung definió la individuación como “la realización de sí mismo”, ejercicio difícil de sobrellevar porque implica lidiar con las expectativas y lealtades inconscientes al clan. Algunas personas optan por acomodarse a los roles preestablecidos y otras atraviesan el gran desierto que los llevará a construir su verdadero ser.
Desde la perspectiva psicogenealógica, que Luca regrese a las raíces y defienda los colores de la tierra natal de su abuelo funciona como una reparación simbólica: el nieto vuelve con éxito y reconocimiento al lugar que su antepasado tuvo que abandonar por necesidad.
El transgeneracional nos permite observar que la simpatía, cercanía, elecciones y hasta cambio de nacionalidad en relación a los ancestros es un gesto que exhibe un modo de reparación arcaica, una búsqueda de integración de las raíces y la recuperación de un linaje forzado al exilio.
Para el inconsciente colectivo, la figura del enmascarado que se escuda y esconde su identidad plantea un enigma: ¿quién soy?
Al escudarse de la mirada comparativa con su padre, la brecha facial entre lo visto y lo cubierto, Luca valida su lugar, su independencia, le resta rostro al apellido, desplaza las expectativas tan altas puestas en una nación asociada a un nombre.
¿Podemos ver el el arquetipo del héroe que debe librar su propia batalla en aislamiento, asumiendo una armadura física para tolerar la tremenda presión psicológica de sostener el nombre del padre? Pero, ¿no hay una trampa? ¿Por qué el mismo nombre del abuelo le pesa diferente?
El arquero del Granada creció inmerso en la cultura argelina, y su gesto de adopción de nacionalidad por fuera de Francia tiene un espesor político y simbólico: al elegir una selección diferente —con la que su padre se consagró campeón del mundo—, Luca buscó salir de las comparaciones, hacer su propio camino y fortalecer el vínculo familiar y cultural con el país de sus mayores inmigrantes.
El nieto eligió el recorrido inverso al viaje original: volver al origen. En el estadio, su figura se lee como la del titular en el arco de los "Zorros del Desierto", en la máscara se consolida su vocación por construir un personaje más allá del nombre del padre.
El origen argelino
Hoy con 91 años, el patriarca sigue en Marsella. Smaïl Zidane, nacido en 1935 en la región de Cabilia, de una tribu bereber (no árabe), era un muchachito cuando dejó Argelia con apenas 17 años.
Empujado por la extrema pobreza colonial y la inminente Guerra de Independencia (1954-1962), más una fuerte opresión francesa, una creciente tensión social, la severa discriminación legal, exclusión política y falta de derechos básicos frente a los colonos europeos, se reinventa. En ese contexto hostil con la economía local devastada, Smaïl Zidane, decidió cruzar el Mediterráneo en barco para subsistir. Llegó a Paris. Pronto bajo a Marsella. Y se instaló. Tuvo cinco hijos. El “cabeceador” famoso y campeón, el más chico de la fratría. El que ocupa el 5° puesto, que hace eco en el 2° puesto de Luca. Dobles.
Padre y abuelo también son dobles, nacieron con un par de días de diferencia, sin embargo, el joven Luca sabe que cuando el goleador de Francia estaba triunfando en la Copa 1998, quien lo mecía en sus brazos era el abuelo.
Así lo narró el propio Smaïl Zidane en 2017 con la publicación de su autobiografía, Sur les chemins de pierres (Sobre los caminos de piedra). “La noche del 12 de julio de 1998 no estaba frente al televisor para ver la final contra Brasil. Esta noche, debo ser el único en el vecindario que no está viendo el partido (...). No puedo apartar la vista de los ojos cerrados de Luca, de su respiración suave. Había mucha gente en el salón, el ambiente estaba animado. Todos querían animar a Francia, que nos había hecho vibrar durante semanas y, cuando se ganara el partido -porque todos estaban seguros de que nadie podía parar a los "bleus"- hacer una fiesta con pan kabil que yo había preparado para la ocasión. Salí al jardín con Luca en los brazos. Hacía buen tiempo en ese inicio de verano y me senté en una silla para arrullar a mi nieto que dormía como un ángel. Creo que esa noche fui el único del barrio que no vio el partido…Me sentía tan bien en ese momento, tan lleno de gratitud por toda la felicidad que dios nos daba, que le daba gracias y le pedía que protegiera a ese pequeño que despertaba a la vida”.
Más allá de los resultados (aún queda mucho Mundial por delante), me importan las historias de vida: un nieto que devuelve con creces el gesto amoroso al gran padre y renueva el árbol.
Fuente: Diana Paris es especialista en Psicogenealogía y BiodecoIntegrativa. Autora de Secretos familiares; Mandatos familiares; Lecturas que curan; Mujeres sin hijos; y su último libro: Tu voz que florece, en co-autoría con Ondi Paris.


