Cada vez que Rodrigo De Paul entra a una cancha, hay un gesto que se repite casi como una ceremonia. Antes del partido, abre un caramelo y lo come. Para muchos es una simple cábala. Sin embargo, detrás de esa costumbre se esconde una historia profundamente emotiva vinculada a una de las personas más importantes de su vida: su abuelo Osvaldo.
Fue Mónica, la mamá del futbolista, quien reveló el verdadero significado de ese ritual durante una entrevista con Maite Peñoñori.
Por qué Rodrigo De Paul come caramelos antes de cada partido
Según contó su mamá, la historia se remonta a los años en que Rodrigo era apenas un chico que soñaba con llegar a Primera División.
Mientras ella trabajaba para sacar adelante a la familia, era Osvaldo, el abuelo de Rodrigo, quien se encargaba de acompañarlo a los entrenamientos de Racing. "Mi papá estaba siempre en todas para él", recordó Mónica.
El vínculo entre ambos era inseparable. De hecho, Osvaldo se convirtió en su mayor fanático.
"Tuvo dos hijas mujeres y todo lo que vivió en el deporte lo vivió con Rodrigo. Era su fan número uno", contó emocionada.
El sacrificio silencioso de su abuelo
La historia de los caramelos tiene detrás un gesto que durante años permaneció oculto.
Cada vez que acompañaba a su nieto a entrenar, Osvaldo le daba unas monedas para que pudiera comprarse caramelos masticables en el buffet del club.
Lo que Rodrigo no sabía era que ese dinero tenía un destino muy diferente. "Durante muchos años Rodrigo nunca supo que esas monedas eran las del viaje de mi papá", reveló Mónica.

Y explicó que, para que su nieto pudiera darse ese pequeño gusto, el abuelo elegía volver caminando a su casa. "Mi papá se volvía caminando y le daba esas monedas para que él se comprara los caramelos".
Un recuerdo que se transformó en ritual
Con el paso del tiempo, esos caramelos dejaron de ser una simple golosina para convertirse en un símbolo. Hoy, cada vez que De Paul abre un caramelo antes de un partido, revive de alguna manera aquellos momentos compartidos con su abuelo.
"Le quedó como un gesto especial, como un sacrificio especial que hacía su abuelo por él", explicó su mamá.
Por eso, incluso después de convertirse en campeón del mundo y figura de la Selección Argentina, sigue manteniendo intacta esa costumbre.
El abuelo que no llegó a verlo debutar
Hay un detalle que vuelve todavía más conmovedora esta historia. Osvaldo falleció en 2009, antes de que Rodrigo pudiera debutar en Primera División. Tampoco llegó a verlo vestir la camiseta de la Selección Argentina ni convertirse en uno de los referentes de la Scaloneta.
Sin embargo, su presencia sigue acompañándolo. "Rodrigo siempre dice: 'El abuelo me ayuda, el abuelo me ayuda'", contó Mónica.
El futbolista incluso lleva un tatuaje en homenaje a él con la frase "Por siempre en mi corazón".
Y cada vez que besa su muñeca al entrar a la cancha o después de convertir un gol, también está recordándolo.
Porque detrás de cada caramelo hay mucho más que una cábala: hay una historia de amor familiar, de esfuerzo silencioso y de un abuelo que hizo todo lo posible para ayudar a cumplir el sueño de su nieto.


