Sus padres fueron voluntarios en la visita de Juan Pablo II y hoy ella prepara la llegada de León XIV - Revista Para Ti
 

Sus padres fueron voluntarios en la visita de Juan Pablo II y hoy ella prepara la llegada de León XIV

Melania Martinez tenía un sueño que compartía con sus amigos de Toledo: colaborar alguna vez en una visita papal. Hoy trabaja junto a varios de ellos y, mientras prepara la llegada de León XIV a Córdoba, vuelve a escuchar de boca de su mamá la historia que sus padres vivieron con Juan Pablo II.
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¿Hacía calor aquel día? Es una de las preguntas que Melania Martinez le hace a su mamá cuando hablan de la visita de Juan Pablo II a la Argentina. También quiere saber cómo se organizaban, qué hicieron ella y su papá como voluntarios y qué recuerda de la gente. Ahora que le toca colaborar en la llegada de León XIV a Córdoba, le da curiosidad hasta el detalle más chico de una historia familiar que siempre estuvo ahí.

Su mamá le cuenta que recuerda la alegría, la celebración y, sobre todo, a la gente que se encontró esos días. Su papá murió en 2021. A él no pudo hacerle esas preguntas que se le ocurrieron mientras preparaba la visita. “Pero no tengo dudas de que está presente en cada momento, en cada pasito y en todo lo que voy viviendo”, dice Melania.

"Y esas conversaciones son muy hermosas, porque me permiten conocer un poquito más de su historia y de la historia de mi familia. Hay cosas que quizás nunca me había preguntado, y hoy, a partir de lo que estoy viviendo, aparecen de una manera nueva", comparte.

"Mi mamá me cuenta que fue una experiencia que la marcó muchísimo, que recuerda la alegría, la celebración, la gratitud y, sobre todo, la cantidad de personas que se encontraron y pudieron descubrir a Dios en el que tenían al lado".

El sueño que compartía con sus amigos de Toledo

Melania tiene 33 años, es comunicadora social y dirige el área de Comunicación del Arzobispado de Córdoba. Es de Toledo y hace años vive en Córdoba capital. En su pueblo formó parte de Callejeros de la Fe, un grupo de jóvenes con el que compartió, durante años, las ganas de que el papa Francisco visitara la Argentina. Entre amigos, se preguntaban cómo podrían ayudar si alguna vez se daba esa oportunidad.

Años después, cuando le propusieron colaborar en la visita de León XIV, le costó dimensionar lo que significaba. Con el tiempo llegó una sorpresa más: varios de aquellos amigos hoy trabajan a su lado.

“Eso es algo que me emociona muchísimo. Porque no solamente estoy viviendo un sueño, sino que estoy pudiendo compartirlo con personas que fueron parte de ese deseo desde el comienzo”, cuenta. En los meses de preparación, dice, también descubrió lo que significaba sentirse acompañada. “Porque cuando uno entrega tanto, también es muy hermoso sentirse tan amado”.

"La fe ocupa un lugar central en mi historia. Es mi raíz, mi sostén y mi horizonte. No significa que tenga todas las respuestas, sino que, aun en medio de las preguntas, de las dificultades y de las situaciones que duelen, sé que no camino sola", dice.

Y agrega: "La fe me enseñó a descubrir a Dios en lo cotidiano, en las personas que me rodean, en los pequeños gestos y en las cosas que muchas veces pasan desapercibidas. También me enseñó que creer no es solamente rezar, sino intentar vivir como Jesús nos invita a vivir: con amor, con esperanza, con una mirada atenta al otro y con el corazón dispuesto a servir".

Cuenta que "en los momentos más difíciles de mi historia, mi fe fue refugio, pero también impulso para seguir caminando. Y en los momentos de alegría, me ayuda a reconocer que todo lo bueno que recibo es un regalo. Hoy siento que mi historia está atravesada por esa certeza: Dios va adelante y, aun cuando no entiendo el camino, puedo confiar en que Él está conmigo".

-¿Qué sentiste cuando supiste que ibas a colaborar en la visita del Papa? ¿Con quién necesitaste compartir esa emoción primero?

-Sentí una mezcla de alegría, sorpresa, gratitud y también mucho asombro. Cuando me lo comunicaron, me costaba dimensionar lo que significaba. Sabía que era una oportunidad enorme, pero con el tiempo fui descubriendo que era mucho más que una tarea de comunicación: era una invitación a poner al servicio de Dios los dones que me regaló y a ser parte de algo que me trasciende.

Y hoy me encuentro trabajando y sirviendo en esto, ni más ni menos que con varios de esos amigos con los que alguna vez lo soñamos. Eso es algo que me emociona muchísimo. Porque no solamente estoy viviendo un sueño, sino que estoy pudiendo compartirlo con personas que fueron parte de ese deseo desde el comienzo.

Lo recibo con muchísima gratitud, con responsabilidad y como un gran tesoro, como un mimo de Dios para conmigo. Y también con esa certeza de que Él siempre me sorprende y me regala mucho más de lo que podría haber imaginado.

-¿Hay alguien que te haya transmitido la fe y que tengas especialmente presente al prepararte para esta experiencia? ¿Qué te gustaría decirle hoy?

Pienso especialmente en mis abuelas. Sus vidas, su manera de quererme y todo lo que compartimos siguen siendo parte de mi historia de fe. Aunque ya no estés físicamente, hay algo de ellas que me acompaña siempre. Pienso en mi mamá y en mi papá que con su amor me enseñaron mucho de esa fe que se vive en lo cotidiano, incluso cuando la vida se vuelve difícil.

Si pudiera decirles algo hoy, les diría gracias. Gracias por haber sembrado en mí una fe que me sostiene, por enseñarme a confiar y por ayudarme a descubrir que el amor sigue presente aun cuando las personas ya no están como antes.

Y me gustaría decirles que, de alguna manera, también están siendo parte de esta experiencia. Que todo lo que recibí de ellos hoy se transforma en algo que puedo ofrecer.

-Detrás de tu decisión de colaborar, ¿hay alguna historia personal, un agradecimiento o una intención que quieras compartir?

Creo que, más que una decisión, es una convicción. Es poder hacer concreto mi sí.

La comunicación es mi vocación, es el lugar donde puedo poner en juego mis talentos, mi creatividad y mi manera de vincularme con los demás. Y poder poner todo eso al servicio de la Iglesia, en una visita tan significativa, es para mí un regalo enorme.

Pero también hay algo más profundo. En este tiempo, atravesé situaciones personales que me hicieron preguntarme muchas veces cómo seguir, cómo sostener la esperanza y cómo encontrarle sentido a algunas cosas que duelen.

Y en medio de todo eso, esta misión apareció como una invitación a seguir creyendo, a no quedarme solamente en lo que me duele y a descubrir que Dios también puede hacer cosas hermosas a través de nuestras fragilidades.

Por eso, mi deseo es que esta experiencia sea una manera de agradecer, de devolver un poquito de todo lo que recibí y de poner mis dones al servicio de algo que puede hacer mucho bien.

Tengo dos agradecimientos muy grandes y especiales. A mi equipo, los que vienen caminando hace meses a mi lado. Un equipo de profesionales y, sobre todo, de seres humanos maravillosos, con una mirada puesta en el otro y un deseo enorme de servir.

Estoy muy orgullosa de ellos. Muchas veces les dije que Dios los pensó para este momento y que, de alguna manera, también fue poniendo sus nombres en mi corazón a través de las personas que me los fueron proponiendo.

Y también le agradezco a mi gente, a mi familia, mis amigos y todas las personas que me cuidan y me acompañan en el proceso. Porque cuando uno entrega tanto, también es muy hermoso sentirse tan amado.

Creo que esta visita me recuerda que los grandes sueños, las grandes misiones y la vida misma se caminan siempre con otros.

Lo primero que haría si tuviera un minuto con el Papa

Si pudiera estar un minuto a solas con León XIV, Melania cree que lo primero que haría sería abrazarlo, aunque sabe que tal vez el protocolo no dé lugar a ese gesto. Después le pediría que rece por su familia, por quienes atraviesan momentos difíciles y por las personas con las que lleva meses preparando la visita. También le hablaría de la Iglesia que desea: “Una Iglesia que nos escuche, que nos abrace y que nos ayude a encontrarnos con Jesús”.

-Cuando imaginás el día de la visita, ¿qué momento te emociona más y qué te gustaría que esta experiencia dejara en tu vida?

-Me imagino ese día como una gran fiesta. Una fiesta de encuentro, de alegría, de emoción y de esperanza.

Me emociona pensar en el paso del Papa por nuestra tierra, en tantas personas que van a acercarse con sus historias, sus alegrías, sus dolores y sus preguntas. En la posibilidad de ver cuánto bien hace Dios en la vida de las personas, cómo se manifiesta en los encuentros, en los abrazos, en las miradas y en la fe compartida.

Y me emociona pensar que voy a estar ahí, siendo parte de algo que nos trasciende y que, de alguna manera, también nos transforma.

Me imagino ese día como un adelanto del cielo, como una pequeña muestra de esa fiesta a la que todos estamos invitados.

Me gustaría que esta experiencia dejara en mí una fe más profunda, una mirada más atenta y un corazón más dispuesto a servir. Que me deje mucha paz en el corazón. Y que cuando todo termine pueda mirar hacia atrás y reconocer que Dios estuvo presente en cada paso, incluso en aquellos que fueron difíciles.

Una visita esperada

Mientras se acerca el encuentro, sigue volviendo a las conversaciones con su mamá. Hay recuerdos que nunca se le había ocurrido pedirle y preguntas que encontró recién ahora, al imaginar a sus padres haciendo, tantos años atrás, algo parecido a lo que ella hace hoy.

“Y a mí me emociona pensar que hoy me toca vivir algo que fue tan significativo para ellos. Es como si, de alguna manera, esa historia también continuara en mí... Y me gustaría que esta visita no sea solamente un acontecimiento que recordemos, sino una experiencia que nos ayude a ser una Iglesia más cercana, más fraterna y más parecida a Jesús", concluye.

 
   

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